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La tarea de gobernar

***Para el autor, restablecer la democracia en Venezuela será una tarea política para la cual se requiere una mente y un corazón abierto.

Por César Pérez Vivas

Gobernar no es mandar. Gobernar es un proceso complejo destinado a lograr el bien común.  Es una tarea mucho más exigente y global que la de gerenciar recursos financieros y materiales de manera transparente y eficaz. Sin obviar que esta variable es fundamental en esa trascendental actividad.

Lograr el bien común para nada se puede confundir con el colectivismo marxista, ni con el populismo contemporáneo, aunque estos hagan uso de la expresión, generalmente para simular sus verdaderos objetivos. El bien común es igualmente una meta que se va logrando progresivamente. Una etapa de crecimiento humano y social alcanzado, es un nivel que se avanza en su búsqueda.

La naturaleza imperfecta del hombre convierte a la sociedad en una entidad igualmente imperfecta.  Por eso en la cosmovisión del humanismo cristiano proclamamos la perfectibilidad del hombre y de la sociedad. Es decir, cada día podemos elevarnos como personas humanas y crecer como sociedad, como nación, como país.

El logro del bien común, de la perfectibilidad del hombre y de la sociedad es una tarea permanente, inacabada. Descuidar esta verdad puede representar un estancamiento o una involución.  Lograr la perfectibilidad del hombre y de la sociedad es en esencia el fin de la tarea de gobernar.

En nuestra Venezuela se dejó de gobernar. Quienes tienen asignada esta responsabilidad no gobiernan, solo ocupan el poder para satisfacer sus apetitos subalternos y regodearse en la concupiscencia.

En eso ha terminado la revolución bolivariana. En una camarilla instalada en el poder para atender sus mezquinos intereses, para enriquecerse y para satisfacer sus egos y complejos. De ahí su apego al poder. Su decisión de hacer todo, aún lo más grotesco e inmoral, para permanecer en él.

En mi recorrido por el país lo corroboro cada día. El nivel de postración, de devastación que constato en cada rincón de la Venezuela interiorana nos muestra, a cada momento, como aquí se dejó de gobernar hace muchos años. 

Una nación apesadumbrada, dolida e indignada me encuentro a mi paso. Unos ciudadanos golpeados por la partida a otros confines de sus hijos, arruinados por el saqueo perpetrado, después de 23 años del socialismo del siglo XXI.   Una legión de ancianos y niños enfermos y mal alimentados. Una infraestructura colapsada y envejecida es la muestra más evidente de la ausencia de gobierno. 

Las frías cifras de algunos estadísticos no muestran esos contingentes humanos, marginados y excluidos, que el chavo-madurismo ha producido en toda Venezuela. Si bien la censura, invisibiliza la tragedia, y la brutal propaganda del régimen anunciando “que Venezuela se arregló o se está arreglando” pretende confundir a los ciudadanos, la cruda verdad de nuestra nación salta a la vista en cada región de nuestra amada Venezuela.

De modo que la camarilla de Maduro y Diosdado manda, pero no gobierna. Lo que está planteado en Venezuela es una tarea colosal. Es retomar el camino en la búsqueda del bien común, que pasa por lograr el bien de cada ciudadano, de cada familia, pero que es mucho más complejo que una simple suma de los bienes particulares.

Lograr la convivencia civilizada es un elemento sustancial en esa dirección, sólo posible de alcanzar en una democracia verdadera. Restablecer la democracia será una tarea política para la cual se requiere una mente y un corazón abierto, dispuesto al entendimiento, al respeto de la dignidad humana, capaz de entender la diversidad de nuestra sociedad contemporánea. 

Eso no significa para nada encubrir los crímenes y delitos cometidos. Vamos a requerir una justicia honesta que examine y sancione los mismos. De modo que no es conveniente promover la venganza, la generalización y la cacería de brujas. Lanzar a Venezuela por ese camino solo nos traerá mayores dificultades, pérdida de tiempo y oportunidades. 

Con esto pongo de relieve que la tarea va mucho más allá de la gerencia eficiente, sin la cual tampoco es posible la deseada perfectibilidad del hombre y de la sociedad.  Para alcanzar esta categoría antropológica es menester tener a la educación como una prioridad en la tarea de gobernar.

Si bien soy de las personas para quienes la educación es una tarea de la sociedad toda, es decir de la familia, las iglesias, los medios de comunicación, los partidos políticos, ONG, y otras entidades, el estado está en el deber de impulsar vigorosamente el proceso educativo sin pretender hegemonizarlo y totalizarlo. La tarea de gobernar debe asumir la educación, en la perspectiva humanista cristiana de la sociedad educadora.

Para lograr los anteriores objetivos es fundamental la salida del poder de Nicolás Maduro y su camarilla. Esa necesidad se ha complicado también, porque la sociedad democrática se ha arruinado institucional, moral, material y políticamente. Apelar a la reserva humana de la nación es, entonces, una necesidad.

Desde estas líneas invito a los ciudadanos, hoy apartados de la vida pública, pero conscientes de nuestra tragedia, a dar un paso al frente para ofrecer su concurso en el rescate de la democracia, primero, y mañana a empujar con las fuerzas disponibles, la transformación que debemos emprender, asumiendo plenamente la tarea de gobernar. Es decir, dedicando nuestra inteligencia, nuestra voluntad y nuestro tiempo a la noble tarea de atender a la persona humana, que no es otra cosa que resolver problemas, trabajar por el bien común y transitar la ruta de la perfectibilidad del hombre y de la sociedad.

Las opiniones publicadas en Zeta son responsabilidad absoluta de su autor.