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Colombia, entre el chavismo y lo menos malo

*** Colombia está en una encrucijada en la que deberá elegir el salto al vacío que significa Rodolfo Hernández si quiere salvarse de la dosis de chavismo que le tiene preparada Gustavo Petro, sostiene Francisco Poleo en este artículo publicado en El Español, diario digital español líder en su sector.

Por Francisco Poleo

El virus populista es la otra pandemia que azota al mundo. El bicho que carcome el organismo democrático lleva más de un siglo causando estragos en ese rincón surrealista llamado Latinoamérica. Como es conocido, el populismo arriba al poder vestido de cordero, mediante los votos que consigue prometiendo devolver al pueblo lo que este cree que le quitaron, y luego se convierte en lobo feroz.

En la mayoría de los casos, el populista se enfrenta a un candidato de las élites políticas. En la Latinoamérica actual van un paso más allá. La moda es que ambos candidatos sean populistas, cada uno en su respectivo extremo. Recordemos que esto del populismo no va de izquierdas o de derechas.

En Chile tuvimos a Gabriel Boric y José Antonio Kast. En Perú, a Pedro Castillo y Keiko Fujimori. En Brasil, hace cuatro años, a Fernando Haddad (candidato de Lula da Silva) y Jair Bolsonaro. Ahora, otra vez a Bolsonaro y el propio Lula. En Colombia, donde haremos énfasis, tenemos en este momento a Gustavo Petro y Rodolfo Hernández.

Petro es un poco más conocido que Hernández. Políticamente, pertenece al combo del Socialismo del Siglo XXI. Es decir, al círculo de Hugo ChávezLula da Silva o Fidel Castro. El mismo movimiento que financió las supuestas asesorías que desembocaron en la fundación de Podemos.

Exguerrillero (razón por la cual estuvo detenido durante año y medio), Gustavo Petro fue alcalde de Bogotá y ha sido candidato presidencial tres veces, incluyendo la actual. Petro tiene una causa judicial abierta en España, donde fue demandado por el secuestro de un ciudadano español cuando formaba parte de la guerrilla. Ganó la primera vuelta con un 40% de los votos.

De Petro, al menos, sabemos que cojea por la pata izquierda.

Detrás de Petro (que es amigo de Nicolás Maduro y que llegó a burlarse de la crisis humanitaria venezolana) llegó un outsider: Rodolfo Hernández. Empresario de 77 años, Hernández se hizo multimillonario en los años 90 gracias a la construcción de viviendas para las clases bajas. Él mismo ejercía no sólo de constructor, sino también de banco: Hernández ofrecía financiamiento a largo plazo de los pisos que él mismo construía.

Con esa base, y con un discurso anticorrupción, conquistó la alcaldía de Bucaramanga, importante ciudad colombiana. A los tres años renunció al cargo. Tenía 34 investigaciones abiertas por acciones punitivas, que le acarrearon suspensiones temporales, multas y, cómo no, una demanda por corrupción.

Conocido por liarse a golpes con sus opositores, hablar constantemente con groserías y dar entrevistas en pijama, a este sujeto sui géneris hay quien lo llama el Donald Trump colombiano.

Pero ni siquiera el rubio americano es tan díscolo. Trump explota el mercado de la extrema derecha. Pero a Hernández es imposible ubicarlo en el mapa ideológico. Dice que admira al socialista Andrés Manuel López Obrador y que retomará las relaciones diplomáticas con la dictadura de Maduro. Por otra parte, es asesorado por quien fue jefe de campaña del derechista Nayib Bukele, el presidente salvadoreño que va mutando, a pasos agigantados, en autócrata.

Rodolfo Hernández apoya la legalización de la marihuana, del matrimonio igualitario y del aborto. Sobre el petróleo, no se sabe realmente si apoya a la industria y hasta qué punto, puesto que llegó a decir que apoyaba el fracking, pero luego lo desmintió en Twitter hace pocos días en un hilo en el que se afanó en parecer más socialista que Karl Marx.

Hernández, de hecho, se dice y se desdice con una facilidad pasmosa. Algo muy de los políticos de nuestro tiempo, a los que ya no se les puede tomar la palabra. Un día llegó a asegurar que admiraba «al pensador alemán Adolf Hitler«. Después dijo que se refería a Albert Einstein.

Colombia, por tanto, está en una encrucijada en la que deberá elegir el salto al vacío que significa Hernández si quiere salvarse de la dosis de Socialismo del Siglo XXI que le tiene preparada Petro.

A pesar de la diferencia entre ambos candidatos en la primera vuelta, el estrafalario Hernández podría conseguir los votos suficientes para gobernar, puesto que la élite política colombiana no ha dudado en cerrar filas con él. El uribista Federico Gutiérrez y el centrista Sergio Fajardo ya han anunciado que le apoyan en la segunda vuelta. El fantasma chavista bien puede obrar el milagro.

Esperemos que la sacudida de estas elecciones haga que el establishment colombiano se reforme. Uribistas, liberales y conservadores deben pasar por profundos procesos de reflexión, puesto que el fracaso de las élites es siempre responsable del auge del populismo.

Una presidencia de Hernández es una gran incógnita. Sin embargo, con él en el poder, lo más probable es que, dentro de cuatro años, los colombianos puedan volver a elegir libremente a su presidente. Con Petro, esa posibilidad disminuye abismalmente.

Publicado originalmente en El Español el 03 de junio del 2022.

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