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Corto y Profundo: El reptil y su bomba

Corto y Profundo

El reptil y su bomba

*** Putin, «un pequeño megalómano cuya presencia recuerda la de un reptil se regodea en un escenario de muerte y destrucción», considera el autor.

Por RAFAEL POLEO

Rusia es un infortunado país de tercera categoría cuyo pueblo sólo ha conocido gobiernos despóticos y corruptos que le han explotado y humillado sin clemencia, aislándolo del resto de la humanidad para mejor embrutecerlo con un permanente lavado de cerebro, caudalosos volúmenes de alcohol etílico y, cuando hace falta, una espantosa represión.

Sus gobernantes han sido un muestrario de todas las patologías posibles, con la característica común de una absoluta falta de piedad y escrúpulos. Se han sostenido mediante formas de terror que han venido evolucionando hasta llegar a la actual sofisticación cibernética aplicada por un ex espía de mediano rango en quien la perspicaz Madeleine Albright detectó la frialdad de un reptil. Con esa capacidad -que también se observaba en Hitler y Fidel Castro-, para detectar la debilidad en el carácter de sus interlocutores, el escalofriante personaje ha manipulado la mediocridad y codicia prevalecientes en los altos niveles de poder occidentales, para actuar como si la Rusia improductiva y hambrienta fuera una potencia de primera magnitud, inflando ese viejo odre ante el cual todos huyen por temor a las miasmas que envenenarían el planeta si su enajenado manejador decidiera vaciar el contenido.

Esa amenaza de perpetrar un desatino atómico es determinante en el episodio que el desatado megalómano ha creado desde el Mar Báltico al Mar Negro, con resonancias en el Mar Caribe. Estados Unidos ha reaccionado con la eficacia de quien se lo esperaba. La guerra convencional hubiera resuelto todo en pocos días, pero la locura del otro ha recomendado un procedimiento novedoso que la globalidad de la economía hace posible. La sola restricción de movilizar fondos tiene sobre los pulmones de la economía rusa el mismo efecto de la bomba termobárica que Putin cometió la atrocidad de arrojar sobe pueblo y combatientes ucranianos: deja sin aire los pulmones. Se agrega el éxodo de las corporaciones internacionales que han movido la producción en Rusia y un reordenamiento del mercado energético donde colocaba su único rubro de exportación. Eso tendrá efectos duraderos que garantizan la ruina del país agresor. Dolorosamente, antes de que eso ocurra, un pequeño megalómano cuya presencia recuerda la de un reptil se habrá regodeado en un escenario de muerte y destrucción.

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