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Tarek William Saab: Suerte, poeta

*** «Saab, el poeta de la revolución, el hombre culto, el más fiel representante y corresponsable de cambiar el pensamiento de un pueblo supuestamente ignorante y mal preparado por nuestras casas de estudio, es quien no entrega las cifras que están a la vista de todos», considera el autor.

Por CARLOS OJEDA

Mi limitada lectura y formación intelectual en los últimos años llegó a su fin gracias a los buenos oficios de Miguel Henrique Otero. Muy a pesar de todas las distancias que nos separan, me entrega  diaria y amablemente vía digital, infinidades de libros y publicaciones que jamás podría adquirir con los pocos recursos económicos que genero en esta Venezuela donde muchos sufrimos las consecuencias de la debacle económica. Es un incentivo para quien, desde la provincia venezolana, siente que es un estímulo participar, con sus pequeños aportes de opinión, en el rescate de los valores que forjan nuestras identidades. Es un compromiso intrínseco, de ética y moral, poder contribuir a formar una gran nación.

El leer y releer clásicos de la literatura me ha aleccionado para influir con mis escritos sobre la importancia de los libros en la formación integral de todos. Desde los poemas de Neruda hasta la Piedra que era de Cristo de MOS. Desde el Recetario Navideño de Doña Tita hasta “Medio siglo de Borges” de Vargas Llosa, han reeditado la influencia que Verne, Wilde, Poe y Mark Twain me causaron desde niño.  

Resuena en mi mente la frase de Emily Dickinson “para viajar lejos, no hay mejor nave que un libro”. De esa limitada formación e instrucción casera son culpables mis padres, ambos maestros de escuela. Ellos también cometieron el error de enseñarme, entre otras tantas cosas, a leer sobre política, derechos civiles y ciudadanos, e incluso intentar siempre defender lo que nuestro corazón considerara una injusticia y a vivir aprendiendo. No he aprendido a ser político, ni deshonesto, ni siquiera he aprendido a escribir bien. Simplemente aprendí a diferenciar cuando algo está bien y cuando está mal.

En una reciente declaración por la televisión venezolana me impactó enormemente las declaraciones del Fiscal General al referirse, luego de cumplirse los 22 años de la aprobación de la actual Constitución, los grandes avances que en materia de derechos humanos se han logrado. El comentario de Saab sobre la realidad estadística y matemática, fue sin duda lo que más me llamó la atención. Me explico.

Luego de cuatro lustros y medio donde el pueblo venezolano expresó mayoritariamente su voluntad de querer un país más justo, se reflejan esas cifras. Es decir la Carta Magna, que tenía el objetivo y la misión de cambiar nuestras estructuras socio-políticas para impulsar la economía y acentuar el pensamiento bolivariano en cuanto a las libertades civiles, sucumbió ante “la realidad estadística y matemática” (Tarek William dixit). Ese hombre nuevo pleno de ética y moral, que complementaría los valores democráticos y civiles de los héroes de la patria, claudicó ante las estadísticas que reflejan la violación de los derechos del pueblo.

La revolución que supuestamente le entregaría el mando al ciudadano, a las organizaciones civiles y a los más desasistidos en materia social, fue un fiasco. Los pobres son las peores y más frecuentes víctimas de la inmoralidad y del abuso de funcionarios del orden público, formados sin valores humanos, sin el deseo de servir, sin el deseo de ayudar, y sin el mínimo deseo de contribuir a construir una nación solidaria donde prive el bienestar colectivo por encima de las ambiciones privadas. 

Es decir, que hoy esa revolución luce como un fraude, una utopía, en la mente de ese romántico soñador que fue el Comandante. Parece la excusa perfecta para quienes nunca tuvieron la intención de formar ciudadanos. Quedó en el olvido el hombre nuevo, en un discurso con palabras vacías. En la nada.

Saab, el poeta de la revolución, el hombre culto, el más fiel representante y corresponsable de cambiar el pensamiento de un pueblo supuestamente ignorante y mal preparado por nuestras casas de estudio, es quien no entrega las cifras que están a la vista de todos. Es que quienes deberían ser los más dignos ejemplares de ese tan cacareado hombre nuevo son quienes lideran las estadísticas de las fechorías.

Doctor Tarek, no tengo el honor ni el placer de conocerle. Pero tengo necesariamente que halagar ese pequeño segmento de su trabajo realizado. Le felicito por tanto esfuerzo. Demuestra su buena intención por extirpar de la sociedad el virus que más daño le ha hecho: el del abuso de poder y el enriquecimiento ilícito. Suerte, poeta. 

Solo en la oscuridad puedes ver las estrellas.” Martin Luther King.

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