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La nueva política de Biden para Latinoamérica

El secretario de Estado de EEUU, Anthony Blinken, y el presidente de Ecuador, Guillermo Lasso. Foto cortesía Getty.

Por ALFREDO MICHELENA

El Secretario de Estado norteamericano, Anthony Blinken, dio una conferencia en la Universidad de San Francisco de Quito, en la que abordó la política internacional de la administración Biden hacia la región, en especial en cuanto al fortalecimiento de la democracia.

Su planteamiento se centró en el problema que enfrentan las democracias en el hemisferio – incluyendo EE. UU.-. Y ese problema sería que los gobiernos democráticos no responden a los asuntos que más preocupan a sus ciudadanos. Argumenta que, es en la búsqueda de estas soluciones que las fuerzas antidemocráticas ganan adeptos prometiendo remedios rápidos; solo que al final esto no funciona y ellos se enquistan en el poder.

Los asuntos que más intranquilizan a los ciudadanos, argumentó Blinken, son: la corrupción, la seguridad personal y las dificultades económicas y sociales, muchas veces relacionadas con la injusticia y la desigualdad.

En este sentido planteó las siguientes líneas de acción. En cuanto a la corrupción,  apuntó que “estamos fortaleciendo las herramientas que tenemos para hacer que los individuos y grupos corruptos rindan cuentas, desde sanciones específicas contra la corrupción hasta acciones de ejecución penal y civil, y denegando visas a funcionarios corruptos y sus familias”. Esto lo estamos viendo cada vez más claro en el caso venezolano, nicaragüense y cubano. En otras palabras, la política de sanciones sigue.

En cuanto a la seguridad del ciudadano, se promete mejorar el equilibrio entre represión y prevención. El esfuerzo no será solo en entrenamiento a las fuerzas de seguridad en el combate a la delincuencia — lo que podría suponer una revisión del Plan Colombia—, sino que además será para resolver las causas de dicha delincuencia. Lo que presagia programas de prevención del delito. Esto nos recuerda un programa con ese nombre que se implementó en Venezuela durante el primer gobierno de CAP.

Por último está el reto de abordar los desafíos económicos y sociales que enfrentan los ciudadanos. Aquí hay un cambio fundamental en cuanto a la política de EE.UU. que ahora reconoce que, para hablar en términos de derechos humanos, los derechos económicos y sociales son tan importantes como los civiles y políticos. Y no promete, sino que informa que ya han invertido, desde 2020, más de US$ 10 mil millones en América Latina y el Caribe a través de la Corporación Financiera Internacional para el Desarrollo. Adicionalmente nos dice que espera que las empresas privadas se incorporen en este proceso. Pero estas inversiones deben ser:  transparentes, no corrosivas, protectoras del medio ambiente y que respeten los derechos laborales y los derechos humanos.

Es una aproximación integral al problema de la crisis de la democracia, la cual aunque representa un importante cambio de visión de los norteamericanos es solo una parte de la política que debe desplegarse en la región.

Promover la democracia no es suficiente si EE.UU. no toma en cuenta el marco internacional en donde estas democracias deben desenvolverse. En otras palabras, los norteamericanos deben asumir seria y proactivamente su hegemonía en la región, frente a una China y una Rusia que junto a otros están medrando en ella con políticas agresivas que favorecen a las fuerzas antidemocráticas en la región. Blinken, en su primer periplo por la región, perdió una importante oportunidad de hablar sobre ese tema y presentar la política de Biden en ese respecto.

Tampoco abordó el tema de la vuelta a la democracia en Venezuela directamente, aunque el asunto se habló en privado en las varias reuniones de altura que se tuvieron en este viaje. Las referencias públicas a Venezuela fueron más en cuanto a la estampida migratoria que ha llevado a unos seis millones de venezolanos por el mundo y su efecto en el hemisferio.

Preocupa que, en este cambio paradigmático, el enfoque estadounidense sea solo para evitar nuevas “Venezuelas” y no resolver el problema de Venezuela. Ya veremos.

Las opiniones publicadas en Zeta son responsabilidad absoluta de su autor.

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