El hombre que sabe demasiado

Por FRANCISCO POLEO

Alex Saab, al aterrizar en Miami, camina esposado hacia la camioneta que lo llevó a su sitio de reclusión. Foto cortesía Venepress.

Alex Saab llega a Miami, extraditado por la justicia de Cabo Verde, tras un procedimiento que duró dieciséis meses. El empresario colombiano es acusado por la justicia americana de lavado de dinero y de ser uno de los principales testaferros en distintos entramados de corrupción del régimen de Nicolás Maduro.

Alejandro Andrade, Eladio Aponte Aponte, Clíver Alcalá Cordones, Claudia Díaz, Hugo Carvajal y los sobrinos de Cilia Flores son algunos de los miembros de la élite chavista que han caído en manos del Tío Sam. Ninguno de ellos ha sido defendido por el régimen de Maduro, ni siquiera los mencionados familiares. A todos se les ha ignorado olímpicamente, pero con Saab la defensa ha rayado en lo absurdo. ¿Por qué? Ninguno de los mencionados anteriormente tiene información que golpee directamente al período de Maduro en Miraflores sino al de Chávez.

El temor en Miraflores es tal que se han parado de la mesa de negociación en México, el único mecanismo que les ofrece la posibilidad del levantamiento de las sanciones, la gran preocupación de los jerarcas maduristas. La suspensión de las conversaciones fue anunciada este domingo por Jorge Rodríguez. El mensaje fue ambiguo. Conociendo al personaje, esa fue precisamente su intención. Al momento de escribir estas líneas, no se sabe si la pataleta es temporal o definitiva, pero el régimen sabe que la balanza se ha desequilibrado. La información que pueda darle Saab a las autoridades americanas, a cambio de una sentencia reducida, puede cambiar el futuro que el madurismo pensaba controlado. Es decir, una lenta transición hacia un sistema más estable que les garantizara continuar como un factor determinante en la vida política venezolana.

La negociación, realmente, nunca ha sido entre el gobierno de facto de Maduro y el gobierno interino de Guaidó. Los factores determinantes son los padrinos internacionales de ambos, Rusia y Estados Unidos, respectivamente. Es por eso que los rusos, cruciales en el entramado de negocios montado por Saab para burlar las sanciones americanas y europeas, se inmiscuyeron frontalmente en el caso Saab. Moscú hizo lo imposible para evitar que esa ficha cayera en las manos de Washington. La izquierda internacional se volcó sobre Cabo Verde para que liberaran al colombiano, quien contó con Baltazar Garzón como abogado y con el expresidente español Zapatero como operador político. Pero la pequeña isla aguantó semejante presión, quizás también por la perspectiva de un futuro más promisorio al cobijo del Tío Sam.

La oposición, que ya estaba en México, se ha limitado a leer, en voz de Gerardo Blyde, un comunicado. “Ninguna persona es más importante que el pueblo venezolano. Vinimos a cumplir con el pueblo venezolano. Lamentablemente, la delegación de Maduro no llegó, produciendo un nuevo retraso”. Claro y al grano. Nos quedamos con la primera frase que retumbará en quienes ven en esta negociación una salida a la crisis, sean chavistas o sean opositores: “ninguna persona es más importante que el pueblo venezolano”. Paradójicamente, esas palabras le ofrecen al propio madurismo una excusa para sentarse nuevamente a la mesa tras el ambiguo mensaje de Jorge Rodríguez y el acto de desagravio a Saab este domingo en Caracas, en donde la esposa del colombiano, Camilla, indignada, contó como a su marido no le permitían que le llevaran su propia comida a la celda. Millones de venezolanos cuentan, indignados, como les llevaban la comida podrida de Alex Saab a sus casas.

Lo cierto es que, tras este episodio, Washington refuerza su posición en el caso Venezuela. El madurismo sabe que, luego de salvar el orgullo con la correspondiente pataleta, deberá negociar con más urgencia que nunca. Esperan la orden rusa.

Francisco Poleo

Director Ejecutivo de El Nuevo País (www.elnuevopais.net) y Zeta (www.revistazeta.net). Vicepresidente Ejecutivo del Grupo Editorial Poleo. Twitter: @franciscopoleor.

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