La vacuna china

Por JURATE ROSALES

No es necesario ser un científico para evaluar la valiente declaración del  director del Centro Chino para el Control y Prevención de Enfermedades, Gao Fu, quien declaró y rápidamente fue “corregido” por sus superiores políticos al decir que las vacunas chinas “no alcanzan tasas de protección muy altas”.

          La Deutsche Welle, una de las televisoras de mayor credibilidad en el mundo, define las tres vacunas chinas como sigue:  “Tres vacunas (dos de Sinopharm y una de Sinovac) son de proteínas de virus inactivadas. Por tanto, se basan en una tecnología de larga data que se utiliza, por ejemplo, en vacunas contra la hepatitis B o la gripe…”.  Sin embargo, indica la emisora alemana que “La cuarta vacuna china de CanSino es una vacuna de vector, basada en un adenovirus tipo 5. Esto significa que el principio activo de la vacuna alcanza una efectividad del 65 por ciento”. Estas citas son importantes, porque Venezuela parece estar por el momento únicamente expuesta a recibir la vacuna china, si acaso.

          El pasado 20 de marzo, en noticia española de la agencia ABC informaron que existen conversaciones entre los representantes venezolanos de Nicolás Maduro y los de Juan Guaidó para enviar a Venezuela vacunas certificadas por la Organización Mundial de Salud. Esto, obviamente, sería una garantía. Se trataría, según la agencia ABC, de obtener del Banco Central Venezolano un crédito de 30 millones de dólares para comprar vacunas. Pero eso fue en marzo y que yo sepa –ojalá me equivoque– no se habló más de eso. No me extrañaría que Maduro, quien ya avisó que está vacunado, haya agregado para ese convenio exigencias que posiblemente fueron inaceptables.

          Pasaron días y nada. De pronto, el 12 de abril, con mucho ruido, el gobierno de Maduro informó que llegaron a Venezuela  las vacunas rusas en avión y son… “otras 50 mil dosis de vacunas rusas Sputnik-V y un millón de tabletas del antiviral Favipiravir”. O sea, que para los 30 millones de venezolanos, como una gran cosa, enviaron 50 mil dosis y unas pastillas similares a la aspirina.

          ¿Y  qué pasó con el convenio que supuestamente debe estar en curso con la Organización Mundial de la Salud? Finalmente, ¿eso va o no va? Mientras tanto la gente muere; los hospitales están agobiados de pacientes y la mortalidad de médicos y trabajadores de salud supera en Venezuela todas las cifras mundiales en esta renglón. 

          Una de las más peligrosas circunstancias que hoy afectan a los venezolanos es la apremiante necesidad de conseguir la comida en medio de una inflación debido a la cual el sueldo mensual equivale a menos de un dólar. La moneda local, el bolívar,  ya es una entelequia y todo se ha empezado a contar en divisas para quienes las tienen o las reciben en las remesas familiares. Los demás, literalmente, son “los muertos de hambre”. En esta situación priva el “rebusque” en la calle y  nadie puede  pensar en resguardarse de la pandemia cuando lo que apremia es el “sobrevivir como sea” para no morir de hambre.

          Llegamos a un punto en que todos con sólo salir a la calle, si no están forrados de dólares y pueden resguardarse, pues todos los demás se juegan la vida en una pandemia que nos asecha sin que se vislumbre la vacuna, que debería ser gratis y para toda la población. Cualquier autoridad que juegue con eso merece la calificación de genocida. ¿Será posible que no exista en el mundo ninguna autoridad que pueda frenar o impedir lo que desde ahora ya se vislumbra como una inminente hecatombe?

¿Qué hace la Organización Mundial de la Salud para la población de Venezuela? ¿Se desentiende o ignora la situación? No puede ser que los únicos sobrevivientes en este país terminen siendo los que reciben remesas del exterior y tengan acceso a 50 mil dosis para 30 millones de habitantes. Ah, y por cierto, ni siquiera aquellas 50 mil están certificadas por la OMS. ¿Serán funcionales?  Quién sabe… 

Jurate Rosales

Directora de la Revista Zeta, columnista en El Nuevo País con la sección Ventana al Mundo. Miembro del Grupo Editorial Poleo.

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