Hoja de ruta para recuperar el Esequibo

Por GERSON REVANALES

El fallo de la Corte Internacional de Justicia el 18 de diciembre de 2020, declarando su jurisdicción en el caso de la demanda incoada por la excolonia de la Guyana inglesa, no resulta la vía más práctica y satisfactoria para la resolución de esta centenaria controversia; sin embargo, el uso de la fuerza como se ha asomado en algún momento no es el más apropiado en estos momentos por diversas razones. La principal es que la comunidad internacional no lo aceptaría ni lo reconocería. La condena sería inminente. De los 193 países miembros de la ONU, 72 de conformidad con el Art 36/2/4 del Estatuto, reconocen de ipso facto, la jurisdicción de la Corte, lo cual conduce a preguntar ¿qué otra solución se propone fuera de la carta de las Naciones Unidas?

Algunos voceros oficiales del gobierno, con un discurso incendiario, han pretendido argumentar la defensa de la soberanía o la legislación interna en oposición al Ius Cogens para no cumplir con la decisión del alto tribunal, como si la capacidad financiera, técnica, operativa o logística para una confrontación armada con Guyana y menos con Colombia fuera una solución.

No son viables las guerras territoriales entre La India y Pakistán sobre la región de Cachemira; entre la India y la República Popular China por la región de Ladakh del mismo estado indio en el siglo pasado. Aquella época en que contábamos con las fragatas misilísticas que hicieron retroceder a Colombia y de los F16 quedó atrás; lo cual es una razón más para ir a la Corte.

En este contexto, el poder político (debido a su irresponsabilidad en el tratamiento de este problema) se encuentra ante un dilema shakesperiano “ser o no ser”, ir o no ir, reconocer o no reconocer la jurisdicción de la Corte.

El Instituto de Altos Estudios de la Defensa Nacional (IAEDEN) tiene una metodología, la cual se apoya en cuatro campos del poder: el económico, el político, el social y el militar. Si se recurre a esta metodología (aunque en lo económico el BCV oculta las estadísticas oficiales) el FMI estima que en 2019 la economía cayó 35 %, dato que implica que en seis años, entre 2014-2019, Venezuela experimentó una debacle similar a la de un país en guerra y el PIB se contrajo 65 %.

En lo social, la crisis humanitaria es desbastadora, si se utilizan los mismos indicadores económicos. Según el profesor Urby Garay del IESA, la destrucción ha sido tremenda: si hubiese un cambio donde todo se hiciera bien y el PIB per cápita comenzara a crecer a una tasa de 8 % anual, (estimación bastante optimista), se necesitarían 14 años para regresar al nivel de 2013. Si el crecimiento solo fuese de 5 % anual, se necesitarían 22 años.

En lo político, la sola existencia de dos poderes políticos, legislativos y judiciales, muestra el quiebre institucional y en lo militar, el uso del recurso de la fuerza no es una decisión de las cachuchas, Clausewitz decía. La guerra es un recurso político. Es la continuación de la política por otros medios. Somos el único país que tiene conflictos y diferencias con todas las fronteras terrestres y marítimas. En el caso de darle un valor agregado a estos cuatro campos y se incorporara el internacional un conflicto entre Venezuela y Guyana o Venezuela y Colombia, sería una excusa perfecta para la convocatoria del TIAR, con el seguro apoyo de los países del caribe o sino para el empleo de una Fuerza Interamericana de Paz al estilo de la invasión a la República Dominicana, un organismo político y militar creado por la OEA, en la Décima Reunión Consultiva el 23 de mayo en 1965, bajo el mando de Brasil, con tropas de Estados Unidos, Brasil, Honduras, Paraguay y Costa Rica con la cual EE.UU. legitimó la intervención de Republica Dominicana.

No creemos que aquí sean tan tontos. Si se recurren a otros modelos de análisis, los resultados son similares. Dentro de la Teoría del Conflicto claro que siempre existe la posibilidad de un evento que desate un incidente; pero las probabilidades son muy pocas conociendo las fortalezas y debilidades dentro de una matriz DOFA, en la cual en ninguno de los cuarteles existen fortalezas u oportunidades para salir victorioso en un escenario donde el empleo de la fuerza sea la punta de lanza en la recuperación del Esequibo. No vaya a ser que por un patriotismo trasnochado, mal entendido, las bocas del Orinoco se conviertan en las alturas del Golán en la guerra árabe israelí en 1967.

En conclusión, el Acuerdo de Ginebra representa la hoja de ruta para un arreglo práctico y satisfactorio en la reclamación del Esequibo, mientras que una salida por la vía de fuerza, sin tener conqué, representa un suicidio en primavera.

J. Gerson Revanales M

Balcón del Ciudadano. Internacionalista. Post Doctorado RR.II Embajador de Carrera por concurso

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