El espíritu del 23 de enero

Por CARLOS OJEDA

Luego del golpe de Estado del 24 de noviembre de 1948, la relación entre los partidos políticos AD, PCV, URD Y COPEI se enturbian, quizás por las mismas circunstancias que propiciaron el rompimiento del hilo constitucional. La llegada al poder de Carlos Delgado Chalbaud, Marcos Pérez Jiménez y Luis Felipe Llovera Páez logró incluso hasta un rompimiento momentáneo de esa unidad. La fisura se hizo más amplia, asi como la persecución a la disidencia luego del asesinato de Carlos Delgado.

El control institucional por parte de Marcos Evangelista le consolidó en el poder. Tal vez por el auge en la construcción de ornamentos y edificaciones de obras. Obras ya planificadas durante el trienio de la democracia. El dictador obtuvo una momentánea estabilidad en materia económica, gracias a los recursos negociados por los representantes de la Revolución de Octubre.

Esa unificación que logró las elecciones donde Rómulo Gallegos fue electo Presidente de la República se diluyó. Primero por la traición que el coronel Delgado Chalbaud le hace al maestro Gallegos, conjuntamente con la gran persecución desatada en contra de los principales partidos de la resistencia como lo fueron AD y el PCV. Y abonada por la llamada que le hiciese en ese entonces el presidente Carlos Delgado a Rafael Caldera y a Jóvito Villalba para que acudiesen a Miraflores y redactasen la Constitución que se aprobaría en la constituyente próxima. Estos, sin dudar, participaron en esa nueva carta magna, quizás con una directriz diferente al talante democrático que tendría la Constitución de 1961.

La presencia de los líderes de COPEI y URD en Miraflores no fue bien vista por Rómulo Betancourt y los líderes del PCV. Ese comportamiento tildado como un entreguismo a la junta de gobierno logró minar la unidad. (El liderazgo del PCV era colectivo: Juan Bautista Fuenmayor, Gustavo Machado y Jesús Farías). Allí es cuando surge el liderazgo de Alberto Carnevali, sucesor de Leonardo Ruiz Pineda, quien entiende la importancia de crear un espíritu unificador, proponiendo a Pompeyo Márquez (PCV) para que redactase el Primer Manifiesto de la Unidad.

El desprendimiento y la visión que demostró para salir de la dictadura el líder de AD (*A) tuvo la peculiar importancia de consolidar un frente entre los partidos que proponen la instauración de la democracia. La formación de una junta patriótica clandestina.

Con la creación de una Junta Patriótica en la clandestinidad, con una sola visión y una sola misión, se logró sumar esfuerzos y multiplicar apoyos. La resistencia espontánea de la ciudadanía, en los caseríos y en cada casa sirvió de componente fundamental para amalgamar el apoyo popular. Este apoyo serviría para que Rómulo Betancourt (en el exilio) y el PCV consolidaran en torno a Jóvito Villaba la candidatura presidencial en las elecciones del 30 de noviembre de 1952. Allí resultaría ganador con los votos acumulados de los partidos: AD, URD y el PCV.

          COPEI asistió solo a dichas elecciones

El partido con tarjeta amarilla, aun cuando el pueblo y la juventud de AD y el PCV, le instó a tomar Miraflores para hacer efectivo el triunfo. Se les negó la petición para “proteger a la población”. Los resultados fraudulentos en esas elecciones fueron las siguientes:

· 788.086 votos para FEI

· 638.336 votos para URD

· 300.309 votos para COPEI.

Con esos resultados anunciados, la junta provisional de Gobierno les entregó el poder a los militares. La constituyente programada para diciembre de 1957 plasmada por Pérez Jiménez se convirtió en un plebiscito. La incomodidad manifiesta del sector militar ante el deterioro de sus mandos naturales y el “sentir” de todos los sectores en un fraude anunciado desde la dictadura. El despertar de los estudiantes universitarios, que conjuntamente con el deseo de un pueblo oprimido y perseguido añorando libertad (junto a las escaramuzas lideradas por Martin Parada y Hugo Trejo) sirvió de catalizadores para unificar esa épica libertaria que concluyó en la insurrección civil de un país. Ese es el logro de la democracia y quizás de nuestra mejor época de desarrollo y modernización que hemos tenido en Venezuela.

«Aquellos que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo». Es una frase de George Santayana, de Bonaparte o Confucio. Es un recordatorio vigente para un país que se muere en la indigencia. Sin historia, sin presente y sin futuro.

Drama trágico e inédito que ni el mismo Shakespeare imaginó. El último infierno de Dante. La música de una estación de Vivaldi, con letra de Roque Valero y cantada en MI menor por Cristóbal Jiménez. Tragicomedia perversa con firma criolla.

Me luce hasta filosófica la frase irónica inmortalizada por Facundo Cabral, ante la tendencia que tiene la gente sin ningún criterio –sin cuestionar– de sumarse a la mayoría.

“Come pasto, millones de vacas no pueden equivocarse”.

Quien sepa leer, que lea. Quien pueda interpretar la vigencia de la historia que les entregó -con la mayor objetividad y el mejor deseo de interpretación- tiene necesariamente que sentir que cuando todos y cada uno consolidemos el “Espíritu del 23 de enero” que nos hizo libres le pondremos fecha al fin de la dictadura.

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