En un papado marcado por un cambio radical de mensaje el papa Francisco cumple cinco años al frente de la Santa Sede

El papa Francisco cumple cinco años al frente de la Santa Sede en un papado marcado por un cambio radical de mensaje y un lento giro en temas como los abusos o la economía, señala el corresponsal español en Italia, Daniel Verdú.

Por DANIEL VERDÚ

El 13 de marzo de 2013, cinco minutos después de las siete de la tarde, casi nadie esperaba que el cardenal Jean-Louis Tauran pronunciase su nombre. Los sanedrines vaticanos hablaban de un italiano, pero la Divina Providencia, en uno de los momentos más convulsos de la Santa Sede, trajo del otro lado del planeta a Jorge Mario Bergoglio, un argentino acostumbrado a la calle.

Cinco años después la puerta está abierta, pero Francisco está inmerso en una remodelación integral cuya disparidad de resultados sugiere que necesitará más tiempo. Se terminó el aislamiento, se abrió el Palacio Apostólico y se abandonaron los privilegios. Incluidos los del propio Pontífice que vive en la residencia de Santa Marta, cambió su coche de lujo por un Ford Focus y fue al encuentro de la gente. Los desheredados y la periferia son el centro del nuevo relato. El cambio en el modo de transmitir el mensaje, desde el propio Francisco en su homilía matinal de Santa Marta, hasta la reformulación de la estructura comunicativa, han sido radicales.

El Papa modificó el acercamiento de la Iglesia a los homosexuales, a los divorciados y a las mujeres. Construyó un discurso a favor del medioambiente y viajó a lugares donde la Iglesia Católica es irrelevante en número como Bangladesh o Myanmar. Una de las transformaciones más importantes es la apertura periférica de la Iglesia, a través de la creación de nuevos cardenales, con cuatro consistorios desde 2013. Una renovación que afecta a 49 de los 117 purpurados electores, acercándose a la mayoría. De ellos un tercio son europeos (16 con 7 italianos).

Así como Juan Pablo II fue el Pontífice que ayudó a derribar el muro entre este y oeste, este Papa -el primero en 13 siglos que no viene de Europa- busca algo parecido con la barrera entre el sur y el norte. Empezando por los órganos de poder del Vaticano que consolidará las reformas y elegirán al siguiente Pontífice. El resultado será un cónclave más impredecible y la solidificación de los cambios a través de unos representantes de la Iglesia más cercanos a la idea de un pastor.

La mujer cuenta algo más. Ocupan algunos puestos de responsabilidad, como la dirección de los Museos Vaticanos o la portavocía de la Santa Sede. La historiadora y directora del suplemento femenino de L’Osservatore Romano, Lucetta Scaraffia, reconoce avances como la promoción de Magdalena junto al resto de Apóstoles. Pero cree que “Podría hacer mucho más escuchando más a las mujeres en la toma de decisiones, y no lo hace nunca. Y eso es grave. En el C9 [el consejo de cardenales que le asesora acerca de la reforma] no ha escuchado nunca a una mujer”.

Los grandes ejes administrativos, como la transformación de la Curia, la reforma económica o la lucha contra los abusos a menores, hallaron resistencias en estos cinco años.

El esfuerzo en reformular las finanzas, por ejemplo, arroja luces y sombras. Se redujo el déficit; hay nuevos órganos de control; cierre de cuentas sospechosas y mayor transparencia. No se admiten chanchullos. Y quién la hace la paga. Lo prueba el juicio por blanqueo de capitales y malversación de fondos al expresidente del Banco Vaticano Angelo Caloia y al abogado Gabriele Liuzzo.

Un dato que podría aportar pistas sobre el momento en que el Papa -si sigue, como dijo, el camino marcado por su predecesor, Benedicto XVI- dará por concluido su trabajo.

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