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Informe Político: Venezuela, territorio ruso

Las gestiones para frenar al régimen madurista en la Organización de Estados Americanos puede haberse estancado casi definitivamente gracias a la posición de los países caribeños, circunstancia que veníamos previendo en estas páginas y, por lo cual, se señaló a Unasur como una vía alterna. Ya lo asomó en su momento también el periódico digital Infobae, el cual citó a fuentes del gobierno argentino para segurar que intentarían la vía del organismo suramericano para asegurarle un «salvoconducto» a la dictadura venezolana. Es que, en Unasur, los únicos respaldos de Nicolás Maduro son Ecuador y Bolivia, ambos países dependientes del gigante Brasil.

El internacionalista Alfredo Michelena asegura en su artículo publicado esta semana en El Nuevo País y enpaiszeta.com que Inglaterra sigue siendo el vocero de esos países caribeños, pero la escasa manutención que les queda en el pozo seco del Caricom es más que la nula aportación desde la isla europea. Entonces, en una organización donde los votos de Estados Unidos o de Brasil cuentan lo mismo que los de Belice o Bahamas, no se podrá resolver el tema venezolano.

Michelena, sin embargo, hace énfasis en la clave del asunto: la penetración rusa en América a través de Cubazuela. La presencia de Vladimir Putin en nuestro contintente es un asunto de seguridad regional. Con los rusos, vienen también personajes como los sirios o los iraníes. En ese proyecto geopolítico, para el cual es necesario quebrar la estabilidad de la sociedad occidental, es materia fundamental la ruta de la droga controlada por organizaciones como las FARC. Esas autopistas construídas por el narcotráfico también son aprovechadas por el fundamentalismo islámico para establecer células terroristas a lo largo y ancho del continente americano.

Como vemos, frenar a Venezuela no es simplemente un tema de consecuencia con la libertad y la democracia. Es un tema vital para el cual, por cierto, no ayuda la inestabilida política en Estados Unidos. Esa inestabilidad ha sido fomentada, en gran parte, por Putin. El aislamiento internacional de la superpotencia, certificado esta semana por el rechazo de Donald Trump al Acuerdo de París para frenar el calentamiento global, deja abierto un espacio que ya tratan de llenar Rusia y China, soportes de regímenes como el venezolano.

Venezuela, territorio ruso

Los rusos no esconden que, para ellos, Venezuela es un tema importante. Desde el comienzo de las protestas actuales, Putin y sus voceros se han afanado en defender a Maduro, a contracorriente de la reprobación a la brutal represión. Ahora, sus pronunciamientos se suceden. Viendo como su hombre en Caracas no puede controlar el desmoronamiento de su aparato de mando, el viernes el presidente ruso pidió la reapertura de un diálogo con la intervención de la Santa Sede. Sin embargo, el Papa, representante de los intereses europeos, fue tajante esta semana en su exigencia de que no lo sigan usando políticamente. Ese mensaje fue dirigido a quienes no quieren soltar, bajo ninguna circunstancia, a Miraflores. Entrevistado por el ABC de España, diario monárquico-eclesiástico, monseñor Diego Padrón, líder de los obispos venezolanos, aseguró que el diálogo no es factible cuando se incrementa a diario la represión contra las manifestaciones. El sábado, la vocera del ministerio de Asuntos Exteriores ruso pidió a los militares venezolanos que no se extralimiten en el uso de la fuerza.

Esto no quiere decir, necesariamente, que los hechos sean una consecuencia directa del anterior, pero evidencia un patrón en los acontecimientos. La reciente visita de Padrino López a Rusia, con la excusa de la asistencia a una cumbre por la cual nunca se había ineteresado, hasta ahora, ubica al ministro de la Defensa en la órbita de Moscú.

Washington, mientras tanto, se encierra cada vez más en sí mismo. Para los votantes de los pueblos del cinturón de hierro, ocuparse de temas como estos es sacrilegio. No entienden que su modo de vida está asegurado por la condición de imperio de Estados Unidos, para lo cual necesita ocuparse tanto de Wichita como de Caracas o Damasco. Los dos grandes intereses económicos que respaldan a Trump son los petroleros y los militares, ambos con grandes urgencias de que en Venezuela retornen las libertades necesarias para la seguridad y los negocios. Sin embargo, han chocado con los radicales aislacionistas liderados por Steve Bannon, con nuevo aire tras el rechazo al acuerdo climático.

Empantanado el tablero internacional, aunque todavía muy favorable cuantitativamente a los demócratas venezolanos, la salida de Maduro vuelve a pasar por sus dos factores fundamentales: la vitalidad que demuestre la resistencia, el rechazo del chavismo originario al madurismo y la decisión que tomen los militares. Las cuentas siguen dando a favor del cambio.

Foto Archivo ENPaísZeta