Venezuela pasa a ser problema continental

Había que escuchar el viernes a Luis Almagro, Secretario General de la OEA, y la discusión del panel que siguió su exposición, para tener más claro lo que se prepara para Venezuela.

De todos los males que padece Venezuela – que fuese el hambre, las enfermedades, el hampa o la corrupción – el peor termina siendo la entrega de la solución del problema a manos ajenas. Una cosa es conformar en el exterior una coalición de apoyo a una nación en plena hambruna, otra es depender de lo que decidan otros, porque queda la duda, en estos casos, de si el beneficio es para la nación, o para quienes deciden. Una sentida, extraordinariamente humana y clarificadora explicación del caso venezolano por Luis Almagro (por cierto un hombre de izquierda), me liberó de esa duda.

Empecemos, pues, no por Almagro, sino por la larguísima lista de la incompetencia venezolana. Si revisamos todas las veces en que los venezolanos mismos, sin injerencia ajena, estuvieron a punto de modificar la política que los ha llevado a la destrucción de su país, veremos cada vez la unidad de la gente en su oposición al régimen, y la falta de unidad de sus dirigentes.

Empecemos con Carmona, cuando traicionó el mensaje popular dado en una gigantesca marcha nacional, que exigía una rectificación del rumbo político. Era siempre el mismo patrón: la gente marcha, reclama, vota y hasta inicia guarimbas para hacerse oír, y los dirigentes que la representan, buscan cada uno su beneficio. La debilidad del régimen chavista, evidenciada desde el año 2002, ha sido el principal factor de división de la oposición, porque ante tanta inconsistencia oficial, cada dirigente de la oposición ya se veía como “el próximo presidente” y frenaba la solución por temor a que salga beneficiado el “rival para la silla”.

    La dramática y larga secuencia, incluyó enormes sacrificios populares. Muchas vidas, carreras o futuro fueron sacrificados  por los valientes que todo se la jugaron y perdieron en esa lucha. Son los verdaderos héroes de esa larga marcha, que  incluyó la matanza de Puente Llaguno, el paro petrolero y la constitución de la Coordinadora Democrática con tres voceros cuya honradez se ha confirmado desde entonces, como lo fueron Carlos Ortega, presidente de la CTV; Carlos Fernández, presidente de Fedecámaras; y Juan Fernández, presidente de Gente del Petróleo, tres hombres  que pagaron su valor cívico con la destrucción de su vida personal. A la hora crucial, no recibieron el apoyo que necesitaron de una Coordinadora, que se disgregó en medio de acusaciones mutuas.

 ¿Cuáles fueron los intereses que impidieron denunciar en aquel momento la evidente trampa del CNE en el Revocatorio de 2004? Recuerdo que en la revista Zeta nos cansamos de publicar cada una de las incongruencias que en ese momento ocurrían. Recuerdo haber puesto la denuncia de la actividad pro-chavista del jefe de la misión de observación electoral de la OEA, embajador Valter Pecly Moreira, que posteriormente fue identificado como un incondicional de Lula da Silva. Durante el Revocatorio, Moreira se rodeó de “técnicos” de confianza para vigilar el voto en todo el país.  Cada uno de esos “técnicos” con su pasado comunista fueron identificados y denunciados en Zeta. Recuerdo la foto de Moreira puesta en Zeta junto a la denuncia. Otra cosa: busquen, quienes tienen la colección, en las páginas de Zeta de esa época,  las fotos de las cajas con votos vertidas para destruirlas. Encuentren la denuncia del centro oculto de control de las máquinas Smartmatic en Piedra Azul, urbanización de Caracas, y las fotos del desmantelamiento de las antenas inmediatamente después de los comicios. Nunca entendí cómo es que unas informaciones que debían ser un escándalo nacional e internacional, jamás fueron recogidas por los dirigentes de la oposición.

     María Corina se cansó de advertir el fraude. El director de Sumate, Ricardo Estévez, fue atacado por la Fiscalía, debido a sus denuncias.  ¿Quiénes lo defendieron y quien escuchó a María Corina?

 ¿Qué pasó, en aquel momento con las cabezas – no los voceros que fueron valientes – de quienes dirigieron y financiaron aquella gesta nacional? Valor había mucho, consecuencias – ninguna.

    Pasemos al otro Revocatorio, el que fue truncado en 2016. La gente estuvo en la calle cada vez que se lo pidieron. Lo hicieron con notable coraje personal de cada quien, en un país donde ya hay actualmente más de cien presos políticos, hubo víctimas mortales entre los manifestantes, gente torturada y existe la costumbre de la policía política de no soltar al preso por más que el tribunal se lo ordene. Nuevamente, el vocero se merece admiración y respeto, por su valor personal y hasta las veces en que tuvo que defender personalmente a puños su integridad física frente a varios atacantes. Hablo de Chuo Torrealba. Cumplió con notable valor. ¿Y entonces? Se reorganizó la Mesa de Unión Democrática y habrá que ponerla a prueba, porque en el momento presente, todavía no hay hoja de ruta que emane de ella.

   Los movimientos, ahora, vienen de afuera y se ven de dos maneras: el presidente Donald Trump ya se declaró defensor no del gobierno venezolano, sino – en sus palabras  – de los venezolanos que fueron reducidos al hambre y enfermedades. Sin embargo, lo que sería una intervención, no está en manos de Trump, sino en las multinacionales, hemisféricas y particularmente generosas de Luis Almagro, Secretario General de la Organización de Estados Americanos.

   El viernes escuché con atención las palabras de Almagro en el muy influyente foro político de la AEI, en evento organizado por el Consejo de las Américas y la “American Society”, en Washington. Fue impresionante el conocimiento que tiene de la situación venezolana (diría que superior a la de muchos venezolanos) y la preocupación genuina, claramente sentida que lo mueve para buscar una solución a una situación que sacrifica a un pueblo entero, despojado del derecho a vivir en condiciones que no fuesen de muerte y penurias. La meta de Almagro, claramente expuesta, es lograr un consenso hemisférico que a su vez ofrezca a Venezuela la solución electoral, esta vez sin trampas.

   Por el momento, mi voto personal ha sido por Chuo y es ahora por Almagro. Veremos si también por la Mesa, que si me lo pide, primero deberá ganárselo a punta de honestidad.

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