Intervención de organizaciones

La  semana pasada vivimos situaciones que cuestionan la calidad ética del poder que ostenta Maduro. Puede tener fuerza, pero no el poder moral y la orientación política. La fuerza se impone pero no el poder, porque no tiene el reconocimiento social en virtud de su ilegitimidad de ejercicio.

El reto de la sociedad es impedir que la fuerza y el poder se junten para convertirse en la amenaza totalitaria del pueblo y la advertencia a la comunidad internacional de que esta violación destruye la sociabilidad y la libertad y confunde a quienes declara enemigos y a quienes viven bajo su dominio.

Maduro no respondió como un demócrata ante la declaratoria de abandono del cargo decidida por la mayoría de la Asamblea Nacional (AN). Actúo con saña contra quienes ejercimos un derecho contemplado en la Constitución. Creó el Comando Nacional antigolpe que se inaugura con la persecución contra diputados como Gilbert Caro, concejales de PJ y activistas, violando los principios de la inmunidad parlamentaria y libre expresión, el desconocimiento de la elección de la nueva junta directiva de la AN.

La insistencia golpista del dictador de presentar memoria y cuenta ante el descalificado e inconstitucional TSJ indica, además del desacato a la Constitución, que Maduro controla las instituciones. Esto desencadenó repuestas contundentes de la AN, de la Conferencia Episcopal Venezolana, de los cardenales y obispos, parlamentos internacionales y  partidos políticos, de la OEA, la ONU, la Internacional Socialista y de organizaciones promotoras y garantes de los derechos humanos que rechazan la ruptura del orden constitucional.

Maduro quiere convencer al país de sus ‘buenas’ intenciones. Aquí cito a Max Weber cuando distinguía entre la ética de la intención y la ética de la responsabilidad.  La primera persigue el bien y no tiene en cuenta las consecuencias. Aunque Venezuela se destruya la buena intención parece que es lo que vale. La segunda tiene en cuenta la consecuencia de las acciones. Si las consecuencias son perjudiciales debemos abstenernos de actuar. Entonces, Maduro lo que tiene es moralina, porque ni tiene buenas intenciones ni controla las consecuencia de sus actos. Es la razón por la cual la AN declaró el abandono del cargo, es decir, abandono de sus deberes y funciones en la conducción del país.

La doctrina de la resistencia desarrollada en la AN en 2016 y ahora en 2017 debemos ponerla en práctica. De allí la importancia del documento de la Conferencia Episcopal Venezolana y de la homilía de Monseñor Antonio López Castillo en la Divina Pastora frente a miles de feligreses, que nos llama a activarnos para defender nuestros valores y principios republicanos.

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