Con la Iglesia han topado

La foto está en las redes sociales y es de los asistentes a la Conferencia Episcopal Venezolana: unos 50 sacerdotes, junto al portón de la CEV como en foto de familia o de equipo deportivo, porque hasta dos de la primera línea, como en el fútbol, pusieron rodilla en tierra para no tapar a los que están detrás de ellos.  La señal es: somos un solo equipo.

    Lo son. El día 13 de enero, la Asamblea Plenaria del episcopado venezolano emitía un documento dirigidoa todos, sin distinción de credo, de inclinaciones políticas o sociales. El país nos duele a todos.”

   Al siguiente día, en Lara, iniciándose la procesión de la Divina Pastora en la Iglesia de Santa Rosa, la homilía del arzobispo de Barquisimeto, Antonio López Castillo, no podía estar más  clara:  “Nosotros creemos en democracia, por eso yo como pastor no callaré jamás”.  Fue directo: “Nuestro pueblo no cree en el comunismo socialista fracasado que ha llevado al país a la miseria”. Público tenía y mucho: la procesión calculada oficialmente en 3 millones de feligreses que ese día partía del pueblo de Santa Rosa para recorrer la distancia hasta Barquisimeto, es considerada la segunda mayor peregrinación mariana de América, sólo superada por la de México ante la virgen de Guadalupe. Al momento de escribir esta nota, todavía falta la misa solemne en Barquisimeto con  la homilía posiblemente en boca de uno de los dos cardenales venezolanos, Urosa o Porras. Su contenido sin duda será la hoja de ruta trazada en el documento de la Conferencia Episcopal, emitido tres días antes.

    Ese documento describe “la grave escasez de medicinas y alimentos, hermanos nuestros hurgando en la basura en búsqueda de comida!, el deterioro extremo de la salud pública, la alta desnutrición en los niños, la ideologización en la educación, el altísimo índice de inflación con la consecuente pérdida del poder adquisitivo, la corrupción generalizada e impune, propiciada particularmente por el control de cambio, el odio y la violencia política, los elevados índices de delincuencia e inseguridad, el pésimo funcionamiento de los servicios públicos”, y termina condenando “la cultura de la muerte”.

    En lo político denuncia la obstrucción del Referendo Revocatorio, el intento de cercenar las atribuciones constitucionales de la Asamblea Nacional y “la ola de represión y persecución política”. Concluye que “sólo en regímenes totalitarios se desconoce la autonomía de los poderes públicos y se impide la libre manifestación de la ciudadanía”.

     “Régimen totalitario” son dos palabras condenatorias y el documento las explica: “La causa fundamental es el empeño del Gobierno de imponer el sistema totalitario recogido en el “Plan de la Patria” (llamado Socialismo del Siglo XXI), a pesar de que el sistema socialista marxista ha fracasado en todos los países en que se ha instaurado, dejando una estela de dolor y pobreza”.

   Finalmente, los obispos se atienen a las recomendaciones del  Papa Francisco, plasmadas en documento que envió el canciller del Vaticano el 1º de diciembre 2016: “1. Aliviar la grave crisis de abastecimiento de comida y medicinas que está sufriendo la población. 2. Las partes concuerden el calendario electoral que permita a los venezolanos decidir sin dilaciones su futuro. 3. Se tomen las medidas necesarias para restituir cuanto antes a la Asamblea Nacional el rol previsto en la Constitución; 4. Se apliquen los instrumentos legales para acelerar el proceso de liberación de los detenidos”.

    De modo que por primera vez los obispos exigen de plano, un cambio de sistema de gobierno. Actitud poco frecuente en la Iglesia, provocada por el engaño de Maduro. Buscó la ayuda del Papa cuando tenía el agua al cuello con la elección de la Asamblea Nacional y con la gente en la calle, pero luego, después ganar tiempo, se olvidó de lo prometido.

     Las lecciones históricas indican que desde Canossa, cuando el Papa obligó al entonces más poderoso emperador del mundo occidental a hincar la rodilla en señal de sumisión, nunca a lo largo de la Historia, la Iglesia perdió una batalla final, si bien muchas las libró con la paciencia que representan dos mil años de experiencia. La Iglesia siempre contó con la fuerza presente en cada familia donde la madre reza y los hijos son bautizados. En las filas castrenses, siempre está latente la importancia de la religión a medida que se enfrentan mayores peligros personales. Además, la tradición religiosa ha sido notable en todos los países ex comunistas, donde tras años de ausencia religiosa en todos los calendarios oficiales, las celebraciones religiosas renacieron con mayor fuerza tan pronto el régimen cambió.

     Vamos entonces al meollo del actual problema planteado por la Iglesia. El comunismo (o su sustituto “el socialismo del siglo XXI”) son por su origen y esencia enemigos de la religión. Marx, el fundador del comunismo, la llamó “el opio de los pueblos”.  En todos los países donde fue instaurado el comunismo en el siglo pasado, la religión fue prohibida y Cuba no era la excepción. Pero también, en todos los países donde el comunismo intentó erradicar la religión, ésta renació cuando a los gobernantes los apretaron problemas que no podían resolver – nuevamente, Cuba es uno de los muchos ejemplos de ese cambio político.

     Quien siempre lo tuvo muy claro, ha sido un brillante cardenal venezolano, Rosalio Castillo Lara, fallecido en 2007, quien advirtió repetidamente que el chavismo iba por mal camino: “Que Venezuela se convierta en una Cuba, eso sería un gravísimo desastre, porque donde no hay una verdadera democracia (…) el gobierno está tomando todos los poderes, eso no tiene otra salida sino la esclavitud que supone un gobierno de ese tipo. La única solución es democrática y tiene que pasar a través de la resistencia de todo el pueblo”. Palabras proféticas pronunciadas hace una década por un aragüeño que llegó a ser Príncipe de la Iglesia y fue durante años, el muy escuchado administrador del Estado Vaticano.

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