Padrino arrinconado

Cuando, al asumir la Presidencia de la Asamblea Nacional, Julio Borges pidió a los militares que dejen votar a los venezolanos, hizo la más audaz solicitud que un hombre desarmado puede hacerle a quien está armado hasta los dientes y no para defender una patria que sólo está amenazada por el hambre -y fusil no se come-, sino para amedrentar y reprimir a ese hombre desarmado a fin de que no hable precisamente de eso que habló el diputado Borges.

    Para el ministro Padrino la solicitud fue un puyazo en zona sensible. Dos días antes el presidente Maduro le había dado una patada en la espinilla al nombrar sucesor al turco El Aissami, quien ha venido ganándole terreno a Padrino en el terreno militar. Se supone que estos progresos de El Aissami tiene relación con su encumbramiento: es obvio que Raúl Castro, quien nos gobierna por interpósita persona, resiente la importancia de Padrino y de cualquier militar nacionalista. De allí que los chavistas estén palo abajo -A Aristóbulo le han ido empujando pa’fuera y Diosdado ya no aparece en el reparto. Vielma Mora, chavista fundacional, quizás el más lúcido de todos ellos, anuncia que voluntariamente se dará de baja.

     En esta circunstancia, Padrino, sentenciado por Raúl, tiene que desgañitarse proclamando lealtad. De todos modos, no debió mencionar los “logros de la revolución”. Fue nombrar la soga en casa del ahorcado.

 

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