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2017, un año «delicado»

Este año que comienza luce decisivo para unas corrientes que se manifestaron con gran fuerza durante el año 2016. Me refiero al populismo (Trump, Putin) y al proteccionismo (Trump, Brexit).

Comenzando por la sorprendente victoria del Brexit seis meses atrás. No obstante, a pesar de las muy positivas cifras de la economía británica en 2016, dentro de pocas semanas debe comenzar oficialmente el largo y complicado proceso de separación de la Unión Europea. El proteccionismo pasará un examen decisivo. En lo político, la primera ministra Theresa May afronta su primera crisis al no encontrar ni consejeros ni colaboradores dispuestos a encabezar la batalla ante Bruselas. En lo económico, son varios los institutos que están presentado previsiones catastróficas en cuanto a lo que sería el crecimiento económico británico en este 2017.

Menos democrático, pero muy influyente, el neoimperialismo de Putin, el cual no es más que un vulgar populismo con fines estrictamente de política interior rusa. El antioccidentalismo de Putin, su conservadurismo moral y cultural, la verticalidad del poder y la afirmación de su potencia militar, son el carburante del populismo salvaje que en el fondo es el andamiaje que sostiene a su régimen. La caída de los precios del petróleo y las sanciones occidentales contra Moscú, luego de la anexión de Crimea casi dieron al traste con el putinismo, que se defendió con un tsunami de propaganda de Estado principalmente vía televisión.

No solo la llegada de Trump al poder evoca un balón de oxígeno para el populismo del Kremlin. Al mejor estilo soviético, Putin ha sabido utilizar el deporte. Primero con los juegos de Sotchi y en 2018 con el mundial de fútbol. Eventos que históricamente proyectan a muy altos niveles el orgullo del pueblo ruso. Un nivel de alarde que solo se compara con las “victorias” militares del ejército ruso como la alcanzada recientemente en Siria.

Por último, un personaje que reúne en sí mismo populismo y proteccionismo como ejes centrales de su política se dispone en los próximos días a asumir la presidencia de la primera potencia mundial. Donald Trump, respecto de los gigantes automotrices, parece dispuesto a cumplir sus promesas de proteccionismo radical y en cuanto a Obamacare, a pesar de sus promesas, luce más prudente que sus compañeros de partido. Aspecto este último en toda lógica con sus fanfarronadas populistas.

Este 2017 tiene todos los elementos para ser considerado como un año “delicado” en el que fenómenos ascendentes como el proteccionismo y el populismo -a la cabeza de tres grandes potencia mundiales- podrían terminar atacando los efectos y no la causa de la crisis.