De Henry a Julio

     Con Julio Borges llega a la Asamblea Nacional un estilo distinto al de Henry Ramos Allup. Ni mejor ni peor, sólo distinto.

     Ramos Allup utilizó el triunfo en las elecciones parlamentarias para despertar a una Oposición aletargada por sucesivos descalabros. Audazmente condujo la Asamblea en sucesivos logros, el más importante de los cuales fue enfatizar la incapacidad administrativa y vocación delictiva de un tren ejecutivo plagado de ignorancia extrema. Con habilidad condujo al Ejecutivo a situaciones límite en las cuales éste reveló una primitividad totalitaria que hoy provoca rechazo universal. Soportó con entereza las injurias de pseudo-opositores pagados por el régimen o por mega-millonarios que quieren encarnar la Oposición para repetir las corruptelas que desacreditaron a la Cuarta República.

    Julio Borges, dirigente del otro gran partido nacional, no es un líder carismático ni un orador excepcional, pero sí una personalidad sólida con un temperamento sereno y estable. De alguna manera recuerda al español Mariano Rajoy: un tipo que sabe llevar la gata al agua. Tiene un plan de trabajo concreto y realizable. Antes de asumir ya se dirigieron contra él las calumnias y descalificaciones de los detractores tarifados. A quienes Henry  respondió con humor corrosivo y señalamientos directos, Julio presentará el escudo de la indiferencia.

     Hay un hombre para cada circunstancia, y es afortunado el pueblo donde el hombre a cargo coincide con la circunstancia para la cual es bueno.

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