Ventana al mundo de Jurate. El aprendizaje del voto.

Foto: Cortesía de El Pitazo/ Sammy Paola Martínez

Por Jurate Rosales.

El éxodo venezolano en un solo año supera todos los movimientos poblacionales que históricamente ha tenido el continente americano. Mientras más uno analiza esta huida masiva, más se da cuenta que en América no hay antecedente similar de tal magnitud a tanta velocidad. La combinación de la cantidad de personas con lo breve del tiempo, ha creado una situación que a todos los políticos los deja sin capacidad de una evaluación objetiva. Hay alarma, hay desconcierto, pero sobre todo  hay falta de medición y previsión de las consecuencias políticas.

Veamos la Historia reflejada en estas dos cifras: el número de las personas y el tiempo que duró ese movimiento. La llegada de los europeos después de Colón se extendió durante siglos e incluso las famosas llegadas puntuales, como la del Mayfower a América del Norte, han sido acontecimientos que no pasaban de lo que puede cargar a través del océano un barco de velas.

Las salidas de los cubanos de Cuba, incluyendo a los marielitas cuyo número ha sido estimado en 125.000 personas, más los probables 30. 000 cubanos salidos anteriormente y el posterior flujo de refugiados por la ley de “pies secos”, no puede compararse con los oficialmente estimados 2.300.000 venezolanos que abandonaron su país en el año 2018.

Acaba de ser publicado el más reciente estimado de las Naciones Unidas de venezolanos fuera de su país, sumando a los que aparecen como refugiados y los que viajan en líneas comerciales con visas de turistas, residentes, estudiantes o bajo cualquier otra identificación legal. La cifra estimada por la ONU supera cualquiera comparación histórica en este continente: 6 millones de venezolanos, según este cálculo, se encuentran fuera de Venezuela o están por irse.

¿A qué viene ahora mencionar esas cifras? A que deben ser seriamente consideradas a la hora de opinar que la solución para Venezuela serían unas elecciones vigiladas por la comunidad internacional con una organización electoral renovada e imparcial.

La primera pregunta que habría que contestar, es simple y lapidaria. Considerando que lo grueso de aquellos 6 millones de expatriados lo son porque huyeron del régimen de Nicolás Maduro y por ende, son personas que hubiesen votado contra su gobierno, ¿cómo quedaría un cómputo de resultados en elecciones generales, con 6 millones de votos menos en un solo lado? Con o sin fraudes, ¿por cuántos votos de diferencia según el CNE ganó Maduro las presidenciales de 2013? ¿No fue por 320 mil votos? Y ahora estamos hablando de 6 millones de votos que no aparecerían, porque no están en el país. ¿Cuántos venezolanos que emigraron, han pedido un cambio de su sitio de votación?

Veamos las recientes elecciones de concejales. En Caracas, varios firmes y tradicionales bastiones de la oposición entregaron los Concejos municipales al PSUV. Cabe recordar una frase del alcalde de Chacao, Gustavo Duque, quien el día de las elecciones mencionaba la gran ausencia no sólo de votantes, sino de habitantes y dio como ejemplo tal o cual edificio donde la mitad de los apartamentos están sin gente viviendo en ellos. Lo cual no sólo quita votos a la alcaldía, sino que la obliga a incrementar sus labores de vigilancia. Pese a ello, Chacao, si bien tuvo máquinas de votación que no “querían” arrancar, salió relativamente bien gracias a la unidad de la oposición.

No así en otro bastión como lo es – perdón, era – el municipio Baruta, donde la oposición no encontró nada mejor que dividir su propio voto. Con la ausencia física de muchos votantes que no están en el país y con la ñapa de la división entre los que todavía están, entregaron el municipio al PSUV. Son dos situaciones que deberían servir de alerta a la hora de unas elecciones generales, porque los dos elementos que entregaron Baruta, son como un ensayo de probeta para advertir de lo que podría suceder en el cuerpo completo: se mezclan en la probeta ausencia con división, y el resultado está a la vista. Con eso, no es que se entrega un municipio, sino un país.

Moraleja: que los políticos que se ocupan de ser de oposición se miren en el espejo de Baruta y comprendan la situación que les tocará enfrentar tarde o temprano.

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