Caída de las seudo-izquierdas

Por Rafael Bayed

***Con Nicolás Maduro, la continuidad del  populismo no se desarrolla por la torpeza y la incapacidad de un analfabeta.

¿Por qué ahora van cayendo o pueden estar próximos a caer los planteos redistributivos? Porque se agotó la bonanza económica de algunos años atrás (la crisis capitalista mundial no perdona), y ahora hay menos para repartir. En el caso nuestro específicamente, porque hay proyectos globales para bajar los precios del petróleo, reduciendo de ese modo sus divisas, imponiendo climas de agobio económico. Van cayendo porque desde que nacen, estas iniciativas reformistas tienen sus días contados, más allá de la pasión que puedan mover o las esperanzas que puedan abrir. O se radicalizan, o caen. La experiencia lo demuestra. El único experimento socialista que se mantuvo y se amplió en Latinoamérica, porque realmente se radicalizó, fue Cuba. La Revolución Sandinista de Nicaragua, incluso, en su intento de convivencia pacífica con el imperio fue cediendo cada vez más. Ver dónde está Nicaragua en este momento es indicativo de lo que eso significó.

Hugo Chávez movió pasiones (y las sigue moviendo, en tanto “Comandante eterno”… ¿Comandante eterno dentro de un modelo socialista?, no cuadra, ¿verdad?). Pero no se trata de mover pasiones, de clientelismo político, de campañas asistencialistas. Con eso se puede mantener durante un cierto período la ilusión de cambio, de “preocupación” por los humildes y excluidos…, pero eso tiene sus límites. Incluso, los tiene muy cercanos. De ahí que todos estos procesos, sabiendo que se desenvuelven en el medio de una fabulosa, sangrienta, tremenda guerra llamada “lucha de clases”, no pueden remontar vuelo y proponerse cambios sustanciales si no es tomando distancia de sus raíces, de su pasado histórico. Con Maduro en la continuidad del  populismo, no se desarrolla, por torpeza e incapacidad de un analfabeta.

Hacer la consideración de “posibilismo”, de ubicación con “los pies sobre la tierra”, pareciera una forma de justificar el reformismo en ciernes, negador de cambios más profundos. Si seguimos pensando que un cambio real es algo más que lo cosmético, algo más que repartir con alguna equidad las migajas que no consumen los sectores acomodados; si seguimos pensando que, como dijera Marx: “no se trata de reformar la propiedad privada, sino de abolirla; no se trata de paliar los antagonismos de clase, sino de abolir las clases; no se trata de mejorar la sociedad existente, sino de establecer una nueva”, estos pasos tibios son apenas una puerta de entrada. Si pensamos que la dignificación del ser humano es algo más que cobrar un salario “decente”, hagamos nuestra aquella máxima del Mayo Francés de 1968 que reclamaba: “Seamos realistas: pidamos lo imposible”.

Estos gobiernos mal llamados de centro-izquierda caen, en definitiva, porque no tienen la más mínima posibilidad de imponerse, y más temprano que tarde el sistema tiene cómo sacudírselos. Antes, con golpes militares; ahora, con este nuevo ardid de la lucha contra la corrupción. En Latinoamérica, la corrupción nos envuelve culturalmente, por eso es tan fácil señalarla siempre. Por eso, para un cambio genuino, el auténtico enemigo a vencer no es la corrupción, sino la injusticia. Para la construcción de alternativas es bastante evidente que tenemos que ir más allá de la institucionalidad fijada: dentro de estos estrechos márgenes parece que no es posible más que un “capitalismo mejorado humanizado.

rbayed@gmail.com

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