Un Brexit “suave” que no convence a Europa

Imagen: Cortesís de The Times

Por ROBERTO MANSILLA BLANCO. Corresponsal en Europa.

         Tras 20 meses de negociación entre Gran Bretaña y la Unión Europea y una dura comparecencia parlamentaria en Londres de la primera ministra Theresa May, que provocó una ola de renuncias en su gabinete, el Brexit se asoma en el horizonte político europeo para principios de 2019, creando más incertidumbre y recelo sobre cómo será la definitiva salida británica de la UE.

El Brexit ya cobra forma, pero crea tensión e incertidumbre. El pasado 15 de noviembre, Londres y Bruselas finalmente acordaron el texto definitivo que emplaza la salida británica de la UE para marzo de 2019. Un texto de 585 páginas y 185 artículos con tres protocolos incluidos, uno de ellos dedicado a temas territoriales que siguen creando tensión en Europa, como son Gibraltar, Irlanda del Norte y Chipre.

El texto en sí es un conglomerado de prerrogativas legales que lo hace un tanto confuso para la ciudadanía. Pero las autoridades británicas y de la UE parecen estar satisfechos, en particular porque lograron superar un prolongado período de negociaciones (20 meses) así como las tensiones inmediatas ante un hecho inédito: negociar la primera salida de un país socio de la UE en más de medio siglo de integración europea.

Lo acordado en el texto define un período inicial de desconexión británica de la UE que se inicia a partir del próximo 29 de marzo de 2019. Se abre así un período de transición que durará hasta diciembre de 2020, cuando presumiblemente se haya consolidado la salida definitiva de Londres.

Pero los tiempos políticos son turbulentos y, a pesar de los compromisos adoptados, no se descarta que la presión política en Gran Bretaña determine la posibilidad de realizar otro referéndum, esta vez contrario al Brexit.

May en el centro del huracán

Más allá de lo acordado, el tema ahora es convencer a la ciudadanía y a varios gobiernos de la UE sobre los términos del acuerdo de un Brexit “suave”, edulcorado para evitar mayores fricciones. Como dicta la costumbre anglosajona, la primera ministra Theresa May debió comparecer ante la Cámara de los Comunes un día después del acuerdo con la UE, para presentar lo expuesto en este acuerdo y votar sobre la viabilidad del Brexit. Pero la comparecencia de May creó una tormenta en Londres, superada por la mínima.

La polarización institucional e incluso social sobre el Brexit se ha instalado en Gran Bretaña dos años y medio después del polémico referéndum.

Si bien May logró finalmente el acuerdo por parte de su gobierno para llevar a cabo el Brexit, el saldo de este acuerdo ha tenido un coste político elevado para la primera ministra. Una vez votado el Brexit en el Parlamento, inmediatamente renunciaron cuatro miembros de su gabinete, entre ellos precisamente el secretario encargado de la negociación del Brexit, Dominic Raab. En la comparecencia parlamentaria, May recibió las más duras críticas sobre todo de los diputados de su propio partido Conservador.

Estas renuncias colocaron a May en una delicada situación política, sopesando incluso la posibilidad de adelanto electoral en Gran Bretaña. Mientras May aseguraba que no pensaba dimitir y que seguiría adelante con el proceso, el líder del Partido Laborista, Jeremy Corbyn, acusó a May en el Parlamento de dirigir un “gobierno de caos” y que el acuerdo del Brexit era “medio cocinado”, dejando a Gran Bretaña “sin voz ni voto”.

Corbyn confirmó su voto contrario al Brexit al mismo tiempo que presiona un adelanto electoral en Gran Bretaña que ponga fin a la “era May” en Downing Street.

El “eje franco-alemán” se refuerza

Pero la tormenta de Londres también ha provocado chubascos fuertes en Bruselas. El jefe negociador de la UE para el Brexit, Michel Barnier, pidió a los demás miembros de la UE que leyeran “con calma y detalle” el texto acordado con Gran Bretaña. Pero varios países europeos miran con recelo e inquietud lo acordado en el texto final del Brexit.

El contexto es políticamente clave, principalmente a la hora de determinar la fortaleza institucional de la UE ante su mayor desafío histórico. Precisamente para contrarrestar y atenuar el efecto simbólico que provoca el Brexit, el presidente francés Emmanuel Macron ha reforzado con su similar, la canciller alemana Ángela Merkel, el histórico eje franco-alemán sobre el que gravita la consistencia del proyecto europeísta.

Merkel, que ya anunció su retirada política, al menos en Alemania, para el 2021, quiere dejar atado cualquier cabo suelto que dificulte la viabilidad del proyecto europeísta. Por ello, la conjunción de intereses con Macron es clave. Esto se observó en la reciente conmemoración en París sobre el centenario del final de la I Guerra Mundial, donde Marcon lanzó la idea del “ejército europeo”, complementario con la OTAN, aspecto que provocó irritación en su homólogo estadounidense Donald Trump.

Macron y Merkel especulan con que el Brexit acercará a Londres con Washington, fortaleciendo la histórica relación atlantista que dio forma a la OTAN. Por ello buscan alternativas a este “eje atlantista” deseado por Trump, más allá del 2020. La relación de la UE con Rusia y el avance de China son significativos a la hora de medir las expectativas geopolíticas del renacido eje franco-alemán impulsado por Macron y Merkel.

Un escenario próximo que puede clarificar algunas pistas geopolíticas será la gira europea del presidente chino Xi Jinping, quien realizará una visita de Estado a España el próximo 28 de noviembre. Más allá de lo ceremonial, coincidiendo con el 45º aniversario de la apertura de relaciones diplomáticas entre el Reino de España y la República Popular de China, esta visita de Xi puede acercar puntos de conexión entre la UE y China, con el Brexit en pleno caldero.

¿Un Brexit para el Ulster y Gibraltar?

Un tema candente del texto del Brexit es el territorial. La salida británica de la UE, prevista para el próximo 29 de marzo de 2019, debe solucionar cuanto antes el status de algunos territorios, en especial la frontera entre Irlanda del Norte, también conocida como el Ulster, perteneciente a Gran Bretaña, y su delimitación y relación con la vecina República de Irlanda, que no descarta la reivindicación histórica de reunificación irlandesa.

Una vez se votara a favor del Brexit en el referéndum de mayo de 2016, las autoridades de Irlanda del Norte especularon con realizar un referéndum separatista de Gran Bretaña similar al realizado por Escocia en septiembre de 2014. En perspectiva, los norirlandeses parecen querer seguir permaneciendo en la UE.

Otro caso territorial que crea fuerte tensión es el peñón de Gibraltar, reclamada su soberanía por parte del Reino de España. El gobierno del socialista Pedro Sánchez declaró este martes 20 que votaría en contra del acuerdo del Brexit, reclamando a Londres que asegure que Gibraltar no es territorio británico. No obstante, la UE se apresuró a moderar estos reclamos de Sánchez sobre Gibraltar.

Las deudas y el status de los  europeos en Gran Bretaña

Finalmente, el texto del Brexit debe asumir cómo quedarán las deudas de Gran Bretaña con la UE, así como el estatus de los ciudadanos comunitarios europeos que viven y trabajan en la isla británica, este último un tema que ha creado fuerte presión e incertidumbre ciudadana.

La denominada “factura del Brexit” fue un tema de constante regateo entre Londres y Bruselas. Finalmente, Gran Bretaña aceptó hacerse cargo de una minuta que rondaría los 50.000 millones de euros para saldar sus deudas de salida del club comunitario.

Aquí se incluyen las pensiones de funcionarios europeos y británicos, valorado en 67.000 millones de euros, de las que Londres asumirá una parte, que han trabajado en las instituciones comunitarias desde 1973, cuando Gran Bretaña ingresó en la entonces Comunidad Económica Europea (CEE). Londres también deberá hacerse cargo de un 13% de los desembolsos pendientes con la UE (239.000 millones de euros al cierre de 2016).

Hasta el 2020, Gran Bretaña deberá entregar igualmente una aportación presupuestaria de 7.000 millones de euros anuales, que incluyen los denominados fondos estructurales y los subsidios agrícolas pactados por Londres con la UE para el período 2014-2020, en un momento en que no se avizoraba el Brexit en el horizonte político.

Finalmente, el acuerdo del Brexit contempla mantener los derechos de los ciudadanos europeos residentes en suelo británico, tanto los que permanezcan allí hasta el 29 de marzo de 2019 como de aquellos que lleguen durante el período transitorio hasta diciembre de 2020. Londres se comprometió ante la UE de respetar el derecho de residencia, trabajo, estudio, reunificación familiar o asistencia sanitaria de todos estos ciudadanos comunitarios residentes en suelo británico.

Con estas tareas pendientes, el Brexit no tiene marcha atrás. Londres y la UE se preparan para una salida británica que tendrá consecuencias aún imprevisibles para el futuro del proyecto europeísta. En perspectiva política y electoral están también las elecciones al Parlamento europeo previstas para mayo de 2019, dos meses después de iniciarse formalmente el período transitorio de desconexión británica. El pulso político por el Brexit parece no terminar.

 

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