Ganó Bolsonaro. ¿Ganará Venezuela?

 

Cortesía de AFP

Por Alfredo Michelena.

 

La tenaza está a los dos lados de la Venezuela chavista: por un lado la Colombia de Duque y por el otro el Brasil de Bolsonaro, quien derrotó abrumadoramente al candidato de lula da Silva. La tenaza se apretará, pero más que eso se estarían dando conversaciones sobre la posibilidad de una intervención conjunta.

 

Poco le duró la dicha al castrochavismo enclavado en Miraflores. El apoteósico triunfo de Jair Bolsonaro en Brasil canceló la sonrisa que produjo la llegada de López Obrador en México.  Pero el rictus de tragedia va más allá, pues es la derrota del partido de Lula y con ella la derrota de una izquierda que prometió mucho y dio poco y efímero, y al final fue más corrupta que los gobiernos del pasado.

 

La victoria del capitán(r) Jair Bolsonaro no fue pulseada, fue arrasadora.  Eso de ganarle al candidato del partido de Lula por casi 10 puntos de diferencia es muy revelador, pues las diferencias en segundas vueltas suelen ser pequeñas. Con 55% de los votos emitidos a su favor, Bolsonaro asumirá en 1º de enero de 2019 como el 38º presidente de ese enorme país cuya economía está entre las diez más grandes del mundo.  Es por supuesto la mayor de Suramérica y la segunda de América, superando a las de México y Canadá.

 

En términos electorales, su rival Fernando Haddad, del Partido de los Trabajadores de Lula da Silva y Dilma Rousseff, creció casi un 50% respecto a la primera vuelta, pero aun así nada pudo contra el exmilitar que solo quedó a tres puntos de ganar en la primera vuelta.

 

Según el diario El País de España, el análisis estadístico de las elecciones de primera vuelta, reveló que  “Bolsonaro arrasó en las ciudades, en los lugares más ricos y de mayoría blanca” y territorialmente ganó en el sur que es más próspero en términos de industria y agricultura, donde además vive cerca de dos tercios del país. “El PT conservó su bastión en el nordeste, donde Haddad fue el más votado. Es la región más pobre y allí se concentran los beneficiarios de “Bolsa Familia”, el programa de ingresos mínimos que creo el primer Gobierno de Lula en 2003”. Y estas tendencias seguramente se habrán mantenido en la segunda vuelta.

 

 

¿Por qué ganó Bolsonaro?

 

La mayoría de los analistas coinciden en que serían al menos tres las razones del abrumador triunfo de Bolsonaro.   Primero, este era el único candidato y partido que no estaba marcado por las recurrentes denuncias, acusaciones y finalmente sentencias de corrupción que salpicaron a todos los partidos que eran parte del “establecimiento” político.

 

No se trata solo de un Lula condenado por corrupción ni de una Dilma Rousseff sacada del poder por violar la constitución.  Se trata de que más de cien políticos o están en la cárcel, o están en proceso judicial por corrupción. Pero podrían ser muchos más, por ejemplo la  multinacional de carne JBS – recuerdan aquella que negoció con Diosdado Cabello  un contrato de US$2,1 mil millones- que según declaraciones a un juez por parte de Ricardo Saud, su director,  dio “sobornos para 28 partidos (políticos). Ese dinero fue distribuido para 1.829 candidatos”. Según él estos sobornos permitieron elegir  “167 diputados federales” y “28 senadores”, además llegaron a  16 gobernadores electos.

 

Es que Brasil está mal

 

En 2011 Brasil era la quinta economía del mundo, ahora es la novena. Su economía en términos del PIB cayó de US$2,6 billones en 2011 a $1,7bb en 2016 producto de una recesión y esto es crecimiento negativo  (-3,5%) por dos años, 2015 y 2016, aunque rebotó con apenas un crecimiento de 1,1%. en 2017.

 

El desempleo que en 2014 estaba por debajo de 7% creció vertiginosamente hasta alcanzar casi el 13% el año pasado. Esto ha puesto mucha presión sobre una población que ve no solo disminuir sus ingresos, sino aumentar el paro laboral.

 

A esto  hay que agregarle la inseguridad que viven los brasileños.  Brasil  es el país con mayor número de  asesinatos en el mundo.  En lo que va del siglo cerca de un millón de brasileños han sido asesinados. De ellos más de la mitad son niños o jóvenes y casi dos tercios por arma de fuego. La mayoría hombres y negros.  175 personas son asesinadas cada día. En esto el narcotráfico juega el papel más importante.

 

Frente a esta caída de la economía, que sin duda es achacada y con razón al PT, y también a todos los políticos que son parte del establecimiento, y  a una inseguridad y criminalidad rampante, el candidato del establecimiento, el del PT de Lula, no tenía muchas opciones. En especial pues su adversario, el excapitán,  se presentó como el hombre duro que viene a poner orden.  Tanto que con el atentado contra su persona lo sacó de circulación y el hombre casi no hizo campaña electoral y ganó. Incluso luego de ganar la primera vuelta ni siquiera se prestó para grandes entrevistas o debates.

 

Otros asuntos importantes para entender este triunfo es el apoyo del 70% de los evangélicos, lo que muestra que una buena parte de la sociedad que apoya  los  valores tradicionales como la familia, el orden y la seguridad, también votó por sus ideas.

 

¿Y la ideología?

 

No ha sido para los cariocas una disyuntiva ideológica entre un candidato acusado de misógamo, homofóbico, autoritario y racista y uno que no lo es. Tampoco fue una confrontación entre la derecha y la izquierda. No, es y fue una confrontación entre un pasado ruinoso y un futuro posible.  Y en esto no tiene que sorprendernos. Lo mismo sucedió en la Venezuela de finales del siglo cuando la gente no votó por Chávez sino contra Acción Democrática y COPEI como quintaesencia de un establecimiento político en el que ya no confiaban. Nosotros nos arrepentimos, esperemos que los brasileros no lo hagan.

 

Claro que hay diferencias apreciables en cuanto a las instituciones.  En Venezuela, inmediatamente Chávez desmontó las instituciones al reescribir la constitución y sobrepasó a un congreso que él no controlaba totalmente. Nuestra Corte Suprema de Justicia se doblegó frente a esta pretensión. Esto no está planteado en Brasil donde el nuevo presidente y su partido no controlan ni remotamente ninguna de las cámaras y hay una importante independencia judicial.

 

Por otra parte,  Bolsonaro no se propone destruir la economía, sino más bien liberarla para permitir su crecimiento.  Acaba de declarar que “no obstaculizará la vida de quien quiere producir en Brasil”. Además, contrario de lo que hizo el chavismo, uno de sus objetivos es aumentar la seguridad en el país.

 

Se sabe que el presidente electo es un convencido anticomunista que al menos le hará difícil la vida a esta izquierda en Brasil y mucho más en el ámbito internacional. Lo que en nada debe gustarle al Foro de San Pablo. En todo caso lo que produjo el triunfo de Bolsonaro no es que la gente es ahora de derecha, sino que se hartó de las falencias de una izquierda que mucho promete, poco cumple y mucho roba.

 

 Los retos

 

Ya como presidente electo, Bolsonaro declaró que no piensa alejarse de la democracia ni de la constitución y que su objetivo es transformar a Brasil “en una nación grande, libre y próspera”. En un tono conciliador aseguró que “este un país de todos, brasileños de nacimiento o de corazón. Un Brasil de diferentes opiniones, colores y orientaciones”.

 

En todo caso en cuanto a los avances en materia de tolerancia e igualdad de sexos y géneros y por supuesto el tema racial, estará en poder de los ciudadanos y las cortes evitar que los avances que en materia de derechos humanos e igualdad y participación de las minorías se han logrado, se mantengan.  Como lo están haciendo en los EE.UU. con Trump.

 

De acuerdo a las promesas del recién electo, en lo económico la nueva política económica se orientará a reducir la deuda pública en 20%, para lo cual privatizará empresas públicas; creará un sistema privado para la jubilación; y consolidará  en un Ministerio de Economía los varios que existen en esta área.

 

En cuanto a la seguridad pública rebajará la edad de imputación a 16 años; fortalecerá las fuerzas de seguridad y de defensa  a los cuales les dará fueros especiales;  fomentará el uso de armas entre la población; y  se propone  emprender una guerra contra el narcotráfico. Estos son temas polémicos que seguramente causarán mucho resquemor.

 

 ¿ Y Venezuela?

 

Sin duda un gobierno de nuevo del PT hubiera significado un retroceso en los avances que ha logrado la comunidad internacional en cuanto a presionar al régimen de Maduro para que cumpla con sus obligaciones internacionales en materia de DD.HH. y democracia.  También es  evidente que el nuevo gobierno de Bolsonaro será más proclive a acciones más duras y contundentes.

 

Para muchos el presidente electo de Brasil representa una probabilidad de que en efecto se produzca una intervención en Venezuela. Así no solo lo ven algunos analistas, sino que fue tema de campaña del PT.  Y justo frente a esta acusación Bolsonaro contestó que no quiere guerra con Venezuela ni tiene la intención de derrocar a Maduro. Su vicepresidente ha sido más contundente al declarar que si prevé una intervención militar, pero como “misión de paz”. En esta línea dura también está el hijo de Bolsorano, diputado carioca, que abogó por “derrocar” a Maduro.

 

Se sabe que en las distintas capitales de las Américas este tema se discute como una salida a la crisis venezolana. Con el advenimiento de Bolsonaro esta discusión cambia de tenor debido a que él representa una mayor posibilidad de que una acción militar combinada pueda darse, incluyendo a  los EE.UU.

 

Según reportó  el  diario Folha de San Pablo, un funcionario colombiano quien prefirió el anonimato señaló que “Si [el presidente electo Jair] Bolsonaro ayuda a derribar a Maduro con una intervención militar, tendrá el apoyo de Colombia” y que siguen conversaciones a este respecto en la región, en específico aseveró que habrían conversaciones a nivel consular (sic) con Chile y Argentina pero que estos países se resisten a esta acción.  Esto por cierto ya fue desmentido por la cancillería colombiana.

 

Lo cierto es que ahora los dos aliados claves de Trump, y con  poderosos ejércitos, se encuentran flanqueando a Venezuela.  Y estos dos serían suficientes para un acompañamiento en una jugada militar en Venezuela junto a los EE.UU., que insiste en que  “todas las opciones, incluyendo la militar, están sobre la mesa”.

 

Que ésta se dé, depende de muchos factores entre los cuales el comportamiento de Maduro es clave, así como el efecto de la crisis entre los vecinos. En estos momentos, aunque las probabilidades de una intervención militar son muy bajas, la nueva correlación de fuerzas regionales las coloca en un rango muy superior a las que existían antes del triunfo de Bolsorano.

 

Lo cierto es que con Bolsonaro, la presión sobre el régimen de Maduro y el castrochavismo continental arreciará.

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