Colombia y Venezuela: ¿Al borde de la guerra?

 

 

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Por Alfredo Michelena.

 

La crisis venezolana y la necesidad que sienten los venezolanos y la comunidad internacional de resolverla ha puesto sobre la mesa la opción militar. Y en esto una invasión desde Colombia sería un escenario posible. Recientemente, el expresidente colombiano EnriqueSamper declaraba a esta Revista: “Se escuchan tambores de guerra en Colombia y Venezuela”.

 

Maduro ha convertido a Colombia en un chivo expiatorio, junto a los EE.UU., de sus falencias y sistemáticamente está retando de forma oral, pero también fáctica, al gobierno colombiano en la frontera. Y esto podría, en el tenso ambiente internacional, motivar el enfrentamiento armado.

 

La guerra de palabras

 

La diatriba oral entre el Palacio de Miraflores y  el de Nariño se convirtió en el pan de cada día desde la llegada de Chávez.  Y al centro de esto la guerrilla de las FARC.  La mayoría de los enfrentamientos entre el presiente Uribe y Chávez tuvieron origen en este asunto. Esto llegó  al congelamiento y ruptura de relaciones diplomáticas e incluso a la denuncia de la administración Uribe de Venezuela como área de  alivio de la narcoguerrilla colombiana de las FARC, al punto que antes de dejar su presidencia, Uribe presentó a la OEA la ubicación de varios de sus campamentos en territorio venezolano.  También  en época de Uribe, Chávez movilizó varias veces tropas a la frontera, la más recordada sucedió cuando Colombia  eliminó al jefe guerrillero Raúl Reyes, que se refugiaba en Ecuador.

 

Con Santos las relaciones fueron muy buenas, pues estaba en el interés de Chávez y el presidente colombiano llevar a las FARC a la mesa de negociación y firmar los acuerdos de paz a fin de acabar con la guerra interna. Pero luego de la firma de los Acuerdos de la Habana se resumieron las guerras de palabras, ahora entre Santos y Maduro.

 

Maduro ha cerrado la frontera en varias oportunidades.  Las cerró en agosto de 2014, solo en la noche, y luego lo extendió a todas fronteras en diciembre. En 2015 a raíz de un supuesto ataque de paramilitares -que el régimen vinculó con el expresidente Uribe- a militares venezolanos, la frontera se cierra totalmente e incluso hubo deportación masiva de colombiano; también se enviaron 2.000 soldados a la frontera zuliana. Hubo acusaciones  de aviones de guerra venezolanos sobrevolando territorio colombiano.  En agosto de 2016 se reabre el paso fronterizo de manera progresiva, luego de reunirse Santos y Maduro.

 

Escaramuzas militares

 

En 2017 se da una incursión militar venezolana sobre las márgenes colombianas del rio Arauca, donde montaron campamento. Los venezolanos fueron sobrevolados por helicópteros colombianos y finalmente tras comunicación telefónica entre Santos y Maduro, en presencia de tropas neogranadinas, los venezolanos cruzaron el rio de vuelta. Desde ese momento hasta ahora Colombia ha enviado varias notas de protestas por incursiones aérea y terrestres en su territorio.

 

A raíz de las manifestaciones masivas, que se dieron en el estado fronterizo del Táchira, en marzo de 2017, se enviaron 2.000  efectivos militares para “mantener el orden interno”.  En agosto de ese año se registró incursión de militares venezolanos a La Guajira colombiana (Paraguachón). El gobernador de la región aseguró que “lanzaron gases lacrimógenos, dispararon con balas de goma e hirieron a unas cuatro personas, algunas en el lado venezolano y otras en el colombiano (…) Permanecieron entre cinco y ocho minutos y luego regresaron a Venezuela. Ante la reacción de la comunidad que se defendía, arrojaron gases lacrimógenos”.

 

Ese año Colombia, Perú, Brasil y EE.UU. realizan maniobras militares conjuntas en el amazonas (AmazonLog17). También se realizaron otras  como Tradewinds 2017 en el mar Caribe, que son vistas por el régimen con recelo.

 

En febrero de 2018 Colombia envía tropas a la frontera para ejercer “un control permanente sobre las trochas y la línea fronteriza”.  Esto, en el marco de las conocidas declaraciones de Trump de que la opción militar, para dar al trasto con el régimen de Maduro, estaba – y está- sobre la mesa, comienza a percibirse entre los funcionarios del régimen como si fuera un anuncio de invasión. Tarek William Saab, el fiscal del régimen, anuncia  que  “desde Colombia (…), se está planeando nada más y nada menos (…) el bombardeo militar, la invasión militar, la ocupación a sangre y fuego de un país pacífico como Venezuela”.

 

Recientemente, Maduro acusó al gobierno colombiano y en particular al expresidente Santos de estar vinculado al affaire del dron que explotó en un desfile militar, lo que el régimen catalogó como intento de magnicidio. Mientras que a mediados de octubre el presidente colombiano Iván Duque, luego de una reunión con autoridades locales en el Arauca,  declaraba: “Hemos escuchado preocupaciones de varios alcaldes sobre movimientos de grupos armados organizados que entran y salen de territorio venezolano con la anuencia de algunos miembros de la fuerza pública del vecino país”.

 

La invasión

 

Los cubanos en su portal CubaSi.com  señalan “que entre mentiras hechas parecer verdades, se crea un ambiente en la frontera colombo-venezolana que puede ser el anticipo de la agresión contra la patria de Simón Bolívar con el repetido guión de la crisis humanitaria”.

 

Pero mientras el tema de esa invasión colombiana es una posibilidad, la de los cubanos es real. Oficialmente Chávez reconoció la permanencia de unos 50.000 funcionarios castristas en Venezuela. Y más recientemente el Secretario General de la OEA ha hablado de 22.000 de ellos, infiltrados en “cargos importantes en varios organismos gubernamentales de Venezuela y especialmente en los servicios de seguridad como el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN)”.

 

Hablando desde la frontera con Colombia, el almirante Remigio Ceballos, jefe del Comando Estratégico Operacional de las FAN (CEOFANB), señaló que el despliegue militar venezolano en la frontera cuenta con 100.000 militares prestos “ante cualquier intento de alguna coalición de países que quisieran intervenir contra Venezuela”. Allí anunció que se habían hecho  ejercicios militares en la frontera  donde “China está participando, Rusia está participando, Cuba está participando”. Ya en julio  el Grupo de Lima se había mostrado preocupado por la “movilización de armamento y aviones de combate por parte de Venezuela a la frontera con Colombia”.

 

En la frontera se mueven sin mucho problema bandas criminales dedicadas al contrabando y la extorción, así como la guerrilla colombiana, ahora compuesta por los disidentes de las FARC, los elenos (ELN) y los pelusos (Ejército Popular de Liberación), entre otras organizaciones criminales.  Hay que apuntar que hay informes precisos de que además de los faracos que no se acogieron al proceso de pacificación, otros que se habían acogido al proceso y ahora lo critican, se vienen reagrupando en la frontera.  Según la periodista Sebatiana Barráes,  ya tienen un campamento en El Orza, estado Apure.  Los elenos han desplazado  su influencia en el oriente del país hasta el arco minero. Una comisión de la Asamblea Nacional que fue hacia la isla de Rupununi en los límites con Guyana, tuvo que pasar alcabalas de ellos.

 

Según el diputado Américo de Grazia, el ELN controla al menos siete áreas mineras. “Las grandes multinacionales han exigido más seguridad en la zona para invertir” -dijo De Grazia, -“y el estado está tratando de garantizar esa seguridad usando el ELN, que ellos creen es más fiable que los pranes”. Y agregó: “el ELN ha lanzado una ofensiva total para liquidar a los pranes, y eso permite a las fuerzas armadas no mancharse las manos”.

 

La presencia del ELN en Venezuela ha sido confirmada por el presidente Duque cuando, al rechazar la participación de Venezuela en las negociaciones de paz con el grupo guerrillero, declaró: “Un país que ha auspiciado al ELN en su territorio, que lo ha protegido, que ha permitido que desde su territorio se fragüen actos criminales contra el pueblo colombiano, está lejos de ser garante”.

 

La otra invasión

 

 

Pero a la invasión a que se refiere el almirante Ceballos, es a la que vendría del exterior para derrocar al régimen y que seguramente se lanzaría desde Colombia. Mucho se ha hablado de esta posibilidad.  Máxime cuando en el comunicado del Grupo de Lima que expresaba, en septiembre “su preocupación y rechazo ante cualquier curso de acción o declaración que implique una intervención militar o el ejercicio de la violencia, la amenaza o el uso de la fuerza en Venezuela”, Colombia no estampó su firma.

El presidente Duque ha insistido una y otra vez que “no tiene espíritu belicista”, pero su embajador en Washington respondía a una pregunta sobre esa supuesta invasión a Venezuela diciendo: “Se han oído voces sobre operaciones militares unilaterales. Creemos que debe darse una respuesta colectiva a la crisis (en Venezuela), pero también creemos, déjenme ser muy claro, que todas las opciones deben considerarse. Y que el régimen de Maduro deber ser presionado política, económica y estratégicamente en todos los niveles”.  Tampoco el expresidente Uribe se ha mantenido al margen y sostiene que hay que impulsar una intervención “legal” en Venezuela y ha llamado a los militares venezolanos a dar un golpe de Estado, al pedirles que no apunten a Colombia, sino hacia Miraflores.

 

Varios senadores colombianos del partido de gobierno, como Paloma Valencia o María Fernanda Cabal, propugnan una intervención militar “limpia”, que ponga preso a Maduro.

Desde Colombia se escuchan voces que argumentan que no se puede permitir otra Cuba y menos  en la frontera. Para el analista Eduardo Mackenzie, hay urgencia pues “Maduro si no cae rápido se convertirá en eso[Cuba], pero peor, lo que es un peligro descomunal para Colombia”. Por lo  que es legítimo (aunque no sea muy legal) utilizar “todos” los medios para acabar con esa dictadura.

 

Una buena parte de los analistas que ven en la salida militar externa una opción real, desde que Trump dijo por primera vez que esa opción estaba sobre la mesa, argumentan que EE.UU. no debería tomar esa iniciativa en solitario sino en conjunto con otras naciones del continente. Pero se sabe, que en principio, ninguna de ellas estaría dispuesta a apoyar esta solución, al menos por ahora y en público.  Pero esto puede variar como sucedió con la invasión norteamericana en Santo Domingo o incluso en cuanto a la aceptación de la sucedida en Panamá.

 

¿Puede Colombia?

 

Uno de los escenarios posibles para provocar esa intervención militar es que se presente una confrontación en la frontera. Para el senador Marco Rubio “la inestabilidad a lo largo de la frontera (de Colombia) con Venezuela está aumentando”, por lo que -indica- “será necesario estabilizar y controlar esta frontera”. El argumento es que, por esa inestabilidad producto de la falta de control del Estado venezolano de su territorio y la presencia de grupos delincuenciales con carácter político o no, tratando de controlar ese espacio, es posible que, en ese punto de fricción entre ambos países  se produzca una chispa que desencadene una acción militar entre Venezuela y Colombia, asunto que no ha sucedido en 200 años de vida republicana.

 

Pero de suceder esto hay varios asuntos que deben ser tomados en cuenta. Uno es el apresto y la capacidad militar de ambos países.  Según el portal ruso Sputnik : “el ejército colombiano,…. no está en capacidad de mantener una guerra superior a 30 días [con Venezuela]. Es un ejército para la guerra de guerrillas, pero no de profundidad o de largo aliento”. Esto contrasta con las opiniones del embajador estadounidense en Colombia quien aseguró “Francamente, dudo de la capacidad de los militares venezolanos de montar algún tipo de amenaza contra Colombia”.

En este contexto el capitán (r)  Pedro Carreño aseguraba que “Si Venezuela es agredida militarmente desde Colombia, el país estaría en su derecho de responder el ataque. Nuestros Sukhoi tendrán la responsabilidad de derribar los siete puentes del río Magdalena que atraviesan de norte a sur a Colombia para dividirla en dos”.

 

En realidad, al menos en lo formal, Venezuela tiene superioridad aérea no solo en términos de aereonaves. sino de su sistema de protección aérea y antimisilística. Pero suponiendo que los Sukhoi  no se caigan y el sistema de protección aérea ruso-bielorruso funcione, Colombia cuenta con el apoyo norteño. Recientemente el vicepresidente Pence  reunido con el presidente colombiano aseveró: “EE.UU siempre apoyará a sus aliados y su seguridad y al régimen de Maduro más le vale no poner a prueba la intención del Presidente de EE.UU o del pueblo en ese sentido”.

 

Un peligro para la seguridad norteña

 

En últimas, la posibilidad de una acción armada está más en manos de Maduro que de Duque, en el sentido de que Maduro es quien tiene que cuidarse de no pasar la línea roja que ya se ha trazado en la arena.  La trazó el senador Rubio cuando declaró, luego de reunirse con  el asesor de Seguridad Nacional del gobierno de Trump, John Bolton, que dado que “las Fuerzas Armadas de EE.UU. solamente se utilizan en caso de amenaza a la seguridad nacional…. hay un argumento, muy fuerte, que se puede hacer en este momento : Venezuela y el régimen de Maduro se han convertido en una amenaza a la región e incluso a EE.UU.”

 

Para el anterior Secretario de Estado (SE), Rex Tillerson, la amenaza venía del crimen internacional organizado. El nuevo Secretario de Estado, Mike Pompeo,  ha dicho que Venezuela es una amenaza pues acoge a varios enemigos de los EE.UU.  Según él: “Los cubanos están allí; los rusos están allí, los iraníes, Hezbollah están allí. Esto es algo que tiene el riesgo de llegar a un lugar muy malo, por lo que EE.UU. debe tomar esto muy en serio “.

 

En este sentido es que se interpreta el nuevo movimiento del senador Rubio de solicitar al Departamento de Estado  que incluya a Venezuela entre los países que promueven el terrorismo, junto a Irán, Corea del Norte, Sudán y Siria. En su  carta enviada al Secretario de Estado, varios senadores señalan que los nexos del régimen con organizaciones terroristas como las FARC, el ELN, ETA, y Hezbolá,  que están bien documentadas además de las sanciones a funcionarios por participar en el narcotráfico.

 

Una designación de este tipo, no solo acerca más a Venezuela a ser reconocida como una amenaza a los EE.UU. y a la región, sino que aumentaría el ámbito de las sanciones a ese país. Entre ellas prohibición  a ciudadanos y empresas estadounidenses entablar relaciones financieras con Venezuela, lo que afectaría aún más el negocio petrolero.

 

En Venezuela, muchos apuestan a esta intervención. Pero que se realice, también depende de la oposición pues nadie se va a arriesgar a intervenir para crear un caos político mayor, dadas las peleas internas de la oposición.

 

La intervención

 

En realidad ya se está dando una intervención internacional sobre Venezuela, de carácter político, diplomático, económico y financiero. Y esta intervención se podría endurecer aun más. Ahora, una intervención militar es otra cosa. Ella podría explotar por un conflicto en la frontera con Colombia, ya que como acaba de decir el expresidente de ese país, Ernesto Samper, se escuchan tambores de guerra de lado y lado. Él no cree que sea suficiente que Iván Duque diga que no es guerrerista.

 

También pudiera ser impulsada una intervención en el contexto de la doctrina de “responsabilidad de proteger”(R2P), solo que ella, en lo formal, es decir como una intervención humanitaria,  debe ser aprobada por el Consejo de Seguridad lo cual es muy improbable. Queda también la posibilidad de una acción unilateral o plurilateral y esta sería si y solo si  Venezuela sea percibida como problema de seguridad para EE.UU. y para los países vecinos  Por ahora todas las opciones están abiertas. Unas más probables que otras.

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