El Diario de Jurate: Luces y sombras del éxodo venezolano.

Cortesía de RadioCaracol

EL Diario de Jurate: Luces y sombras del éxodo venezolano.

 

Por Jurate Rosales.

La actriz Angelina Jolie, llegada a Perú en su calidad de enviada del Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados, se asombró del nivel de los emigrados venezolanos que encontró en ese país y su voluntad de utilizar sus conocimientos, incluyendo los académicos, para trabajar. Jolie, acostumbrada a viajar para atender refugiados en países africanos y asiáticos, debe haber vivido un momento de sorpresa: lo grueso de los refugiados venezolanos son gente con preparación y estudios. Personalmente, puedo dar fe de conocer muchachos que se fueron a pie de Venezuela, cargando en sus mochilas el diploma universitario, recogido días antes de emprender su riesgoso viaje.

En las universidades venezolanas, ya se acostumbraron a oír el pedido – “necesito mi diploma ya, para emigrar”. Ese diploma es particularmente valioso si su portador lo obtuvo en alguno de los centros de educación superior autónomos, porque el engaño de las universidades “bolivarianas” ya empieza a ser detectado, sobre todo en España, donde se llevaron unas cuantas sorpresas desagradables en ese aspecto. El reconocimiento del diploma varía según los países de llegada, pero por lo general, en América Latina se tiene un concepto positivo de la educación venezolana.

El emigrado venezolano, en su mayoría gente joven, tiene otro rasgo que lo distingue de las diásporas de otros tiempos. El joven venezolano de ahora, se ha expatriado porque quiere ayudar a sus padres o abuelos, dejados en la patria y víctimas de serias carencias alimenticias y, sobre todo, de la ausencia de fármacos que en la edad avanzada, a menudo significan la diferencia entre vida y muerte. También en eso, puedo dar fe personalmente de haber sido testigo, de que se trata de uno de los más importantes incentivos que tiene el hijo o el nieto, para emigrar.

Una tercera diferencia es el contacto permanente del joven emigrado con sus padres a través de las múltiples facilidades de comunicación electrónica. Incluso tras largos trayectos en zonas “sin señal”, los muchachos encuentran como comunicarse al llegar a un puesto donde pueden recargar las baterías de su teléfono celular y registrar su clave. Las separaciones de antaño son sustituidas por un contacto que a menudo puede ser diario y sin mayor limitación de tiempo de los diálogos.

Todo lo anterior está transformando la actual huida de la hambruna que azota a los venezolanos, en una logística individual y colectiva, de defensa inteligente y productiva. Dura es, pero los venezolanos preparados y capaces, terminan superando los obstáculos.

Lo de esa emigración venezolana es algo radicalmente distinto del safari centroamericano que en una masa humana organizada, financiada y aparentemente calculada con fines de política internacional, avanza a través de México pregonando su intención de penetrar ilegalmente en los Estados Unidos. El haber ideado esa marcha y haberla puesto organizadamente en ejecución, con mucha razón permite al gobierno de Honduras sugerir que se trata de una caravana financiada por el gobierno de Venezuela, o sea, el de Nicolás Maduro.

El organizador, líder y vocero de esos hondureños, es Bartolo Fuentes, un ex diputado del partido de Manuel Zelaya – el ex presidente de Honduras derrocado pero reintroducido nuevamente en su país en una aventura tipo “Indiana Jones del Arca Perdida”. Esa “reinserción” ilegal de Zelaya a Honduras, recuerdo que fue seguida minuto a minuto, en vivo, vía radio por Hugo Chávez, anotando su progreso a medida que el avión que lo iba a “introducir” estaba acercándose a su puesto de descenso. En Venezuela recordamos igualmente que Zelaya fue apoyado y becado por Hugo Chávez y no sabemos si todavía gozaba de esas dádivas venezolanas en el tiempo presente, pero podemos ver que su gente sigue siendo activa.

 

Un detalle está en que la marcha de Fuentes es de 1.300 “marchistas”, mientas que la diáspora venezolana supera ya los dos millones de emigrados y nunca ha sido ni organizada, ni apoyada por nadie en ninguna parte. Sin embargo, lo grave es que los hondureños acaparan la casi totalidad de los medios de información internacionales y aparecen como una réplica del éxodo venezolano, al tiempo que tiñen de un color rosado equivocado a los venezolanos que huyen de la hambruna en Venezuela.

 

Se ve que la treta hondureña ha sido bien urdida. La lanzan en víspera de unas elecciones parlamentarias en Estados Unidos y matan a dos pájaros de un tiro: crean una situación de crisis pre-electoral para Washington y desprestigian simultáneamente, la desesperada marcha de los venezolanos a través de Suramérica. Ignoro quien fue el cerebro de ese plan, pero suena mucho a la repetición de los movimientos de masas humanas otrora organizados por Fidel Castro y que, según sus biógrafos, aprendió a valorar políticamente cuando siendo muy joven asistió al Gaitanazo en Colombia. Los “marielitas”, éxodo cubano organizado por Fidel Castro, todavía están en el recuerdo de los cubanos.

 

Comparar el dramático éxodo venezolano que no obedece sino a la voluntad de sobrevivencia de un pueblo enfrentado a la muerte por hambre y enfermedades, con el tejemaneje de un personaje como Zelaya o su protegido Bartolo Fuentes, es más que un error – es una iniquidad.

Jurate Rosales

Directora de la Revista Zeta, columnista en El Nuevo País con la sección Ventana al Mundo. Miembro del Grupo Editorial Poleo.

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