Apariencia de régimen venezolano ya no engaña a nadie

 

Por Jaime Granda

 La mayoría ya sabe que ese régimen no es de proletarios, no es obrerista ni es socialista y por eso es necesario que retire sus manos del Estado venezolano.

La sabiduría popular advierte desde hace siglos que “las apariencias engañan”, pero hay casos en los que la apariencia es tan repetitiva y previsible que ya no engaña a nadie.

Es lo que estamos viviendo frente al régimen que se lucra con los recursos del Estado venezolano mientras las grandes mayorías mueren de hambre y por la precariedad de los servicios de salud. El número de víctimas fatales aumenta con las masacres causadas por bandas de delincuentes comunes en todo el país o de guerrilleros colombianos que azotan los estados fronterizos.

Todos saben, aunque algunos lo callan por conveniencias, que el régimen venezolano se dice proletario pero sufre del complejo de rico y por lo tanto para mostrar su supuesta opulencia solo da, pero se niega a recibir lo que los vecinos quieren dar al ver las necesidades que están pasando millones de venezolanos.

Uno conoce casos de amigos “socialistas” que son dadivosos con todo aquel que en la calle le estira la mano, pero se muestran pichirres y tacaños con la señora que limpia su casa o cualquier obrero que vaya a reparar alguna avería en el sistema eléctrico, sanitario o en la estructura residencial.

Todos saben que las tormentosas lluvias caídas en las últimas semanas agravaron la situación de muchos venezolanos que a la pérdida del empleo, también sumaron la pérdida de enseres o de su vivienda. Luce razonable que ahora, más que antes, se necesita la ayuda humanitaria internacional, pero hay que entender que eso de recibir ayuda afecta la apariencia de niño rico que cultiva el régimen. Los comentarios se generalizan. El tifón chavista azotó nuestras costas y nuestros costos, pero los chavistas no aceptan ayuda humanitaria para los afectados por ese tifón.

El régimen se muestra o se promueve como obrerista, pero resultó ser enemigo de la clase obrera al eliminar por decreto todo lo que la Constitución vigente y las normas internacionales consagran como derechos inalienables para los trabajadores.

El régimen se siente orgulloso de ser socialista, pero hasta uno, salido de sus entrañas, revela lo que el pueblo padece con esos supuestos socialistas. Rafael Ramírez, chavista execrado por el madurismo, que manejó la industria petrolera y las relaciones del chavismo en la ONU, dijo el domingo pasado en su acostumbrado artículo de opinión en el periódico zuliano Panorama:“Si hablamos de lo social, lo cual es el centro y objeto de la Revolución Bolivariana: una tragedia. Nadie se atreve a mostrar los números de la mortalidad infantil, del aumento de la pobreza, pobreza crítica, del ‘coeficiente de Gini’. Un gobierno que no informa nada, sólo se miente, se manipula.

“¿Dónde están las Misiones Sociales? Desmanteladas, inoperantes, desmovilizadas. Antes eran un hervidero de pueblo apasionado, movilizado, superándose. Ahora languidecen en un ministerio, se acabaron, el pueblo vuelve, derrotado, a los ‘ghettos’ de donde una vez los sacó Chávez, la Revolución: otra vez, sin estudio, con trabajo ocasional, la delincuencia, la exclusión.

“Hoy, en la Venezuela madurista, existe una terrible, gigantesca, desigualdad social, injusticia, inequidad. Estudios indican que nos aproximamos a una estructura social como la de la atribulada Haití: un 20 % de la población vive bien, pueden pagar, comprar, porque reciben divisas, tienen contratos, manejan dólares; mientras una inmensa mayoría, el 80%, ‘está pelando’, se empobrece más y más, vive con severas limitaciones, privaciones de todo tipo y pasa horas y horas buscando alimentos, medicinas, sin poder pensar y hablar sino de eso”.

Por todo lo que el régimen trata de ocultar en vano, hay preparativos en todo el continente americano y otras partes del mundo para salir de ese grupo destructivo y buscar una salida a la crisis humanitaria que viven millones de venezolanos, muchos de ellos temporalmente fuera del país.

La oposición

Todo lo anterior es la parte del panorama político que corresponde al régimen y a los partidos políticos que lo sostienen.

En cuanto al lado opositor, esta semana El País de España se encargó de informar al mundo que La Mesa de la Unidad Democrática (MUD), la coalición de los partidos políticos de Venezuela opositores al chavismo, ha dejado formalmente de existir, disuelta en su propia inoperancia. A su funeral no han asistido ni sus propios miembros.

Después de haber surcado un accidentado camino de casi 10 años, con sus tropiezos y algunos aciertos, y de haber encarnado la esperanza de muchos venezolanos para derrotar a Nicolás Maduro y trascender la penosa situación actual del país, su disolución se ha concretado de forma discreta y sin que las fuerzas opositoras hayan podido idear algún mecanismo alternativo de concertación política.

El diario español dice lo que los opositores tratan de silenciar y ese empeño en repetir los mismos errores del grupo que se apoderó del Estado venezolano es parte de las circunstancias que impiden que en la oposición venezolana surja un pacto de unidad sincera que permita enfrentar la realidad.

La oposición debe tener muy en cuenta lo dicho por Lee Kuan Yew, el primer jefe de gobierno en Singapur, entre 1959 y 1990, cuando Singapur se separó de la Federación Malaya y se transformó de una colonia subdesarrollada en un país parte del primer mundo.

Lee Kuan Yew estaba claro en muchas cosas que los políticos venezolanos deben asumir, entre ellas que “Si quieres derrotar la corrupción debes estar listo para enviar a la cárcel a tus amigos y familiares”.

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