Elizabeth Burgos analiza alianza del PSOE con el chavismo

Por Elizabeth Burgos.

 

Para quienes hoy se muestran sorprendidos por la actitud del actual Gobierno español hacia Venezuela, obrando abiertamente para que la Unión Europea, UE,  modifique su posición con respecto al Gobierno de Maduro, y de hecho, afiliándose abiertamente a las maniobras de Rodríguez Zapatero, deberían recordar que cuando este ejerció la presidencia del Gobierno español (2004 – 2011) la política exterior de su Gobierno en lo que respecta a Venezuela fue exactamente la misma.

 

Más grave aún, en lo que respecta a Cuba, fue su ministro de Exteriores, José Ángel Moratinos, quien abogó sin descanso para que la UE levantara “La Posición Común” hacia Cuba, adoptada por la UE gracias, precisamente, a la acción desarrollada bajo la presidencia de Aznar.

 

La “Posición Común” consistía en la suspensión de la cooperación entre Europa y Cuba, mientras Cuba no aplicara el respeto de los derechos humanos.

 

La UE terminó acatando la presión española y levantó la Posición Común. Resultado, la UE restableció la cooperación  con Cuba, el canciller cubano firmó el nuevo pacto de cooperación en Bruselas.

 

La responsable de las relaciones exteriores de la UE, la señora Mogherini, fue invitada a Cuba. La política de “tratamiento” que allí le prodigaron surtió un efecto milagroso: Mogherini declaró que “Cuba era una democracia con partido único” y hasta hoy, la violación de los derechos humanos continúa siendo una política de Estado en la isla, esta vez con la anuencia de la UE.

 

Todo ello gracias a los esfuerzos de José Luís Rodríguez Zapatero. Se puede traducir: El hombre de confianza del régimen de La Habana.

 

Y en el caso de la postura protagonizada estos últimos días por el actual ministro de exteriores de España, José Borrell, es indudable que el Gobierno de Sánchez no ha procedido sin contar con el apoyo de sectores de la oposición venezolana que manifiestamente, siguiendo la tradición pactista de las élites del poder,  característica tradicional de los herederos del mantuanismo , han pactado un calendario que a Maduro le permite ganar tiempo hasta enero,  la fatídica fecha electoral y los pactistas, que no lograrán nada a cambio, sólo, tal vez, mientras el poder los necesite, preservar el estatus que han sabido ganarse dentro del charco de sangre, de hambre y de humillación en el que vive el resto de los venezolanos.

 

En lo que respecta a Venezuela, durante la era de Zapatero en La Moncloa cabe recordar que tanto su Ministro de exteriores, José Ángel Moratinos, como el embajador de España en Caracas, Morodo, actuaban más como voceros de una corriente política, que como diplomáticos representantes de un Estado democrático.

 

Pero no hay que dejarse engañar: Pese a las simpatías ideológicas, como es bien sabido a un Petro Estado no se le da nada de gratis y menos, durante el período de la presidencia de Chávez, quien instauró el método de la compra de adhesiones políticas.

 

Rodríguez Zapatero, advenedizo en los predios de la política, triunfó en las elecciones del  2004 debido al torpe manejo mediático de Aznar sobre los atentados islamistas del 11 de marzo en Madrid, en víspera de las elecciones, que trastocaron los pronósticos electorales y llevaron a la Moncloa al socialista con una mayoría muy relativa.

 

Zapatero heredó una situación económica favorable, que de manera irresponsable dilapidó desarrollando una política populista basada en el consumo y en el boom inmobiliario. Es de imaginar la exacerbación de la corrupción y del deterioro del medio ambiente que la acompañó.

 

En cuanto a política exterior, su protagonismo fue errático y contraproducente para España, pues llegó al colmo de no hablarse con el presidente de EE. UU. “Su política ha causado que cada vez se respetó menos España en el mundo por buscar socios desde una perspectiva ideológica”, según declaraciones de un miembro de la oposición de entonces.

 

Por coacción de Chávez, Zapatero, pese a la opinión contraria de los expertos del ministerio de exteriores, aceptó que este realizara una visita oficial a España en el año 2004.

 

Las loas de Chávez a Zapatero por “renunciar a ser súbdito de Washington”, “arruinaron el mensaje del Rey Juan Carlos en Seattle (Estados Unidos) en donde se encontraba, mientras Chávez se regodeaba en la Moncloa. Un responsable del ministerio de exteriores español, admitió que la visita de Chávez a España fue “un fracaso de relaciones públicas”.

 

Pero ello no impidió que en 2005, Zapatero realizara una visita oficial a Venezuela. Allí firmó la venta millonaria de buques de vigilancia costera y aviones de transporte. Venta que sacó de apuros a los astilleros españoles que estaban en una situación crítica: A punto de cerrary por lo tanto, acrecentar el desempleo. (Venta que ya había sido pactada por el ministro de la Defensa de Zapatero, José Bono durante un viaje secreto a Caracas afínales del año 2004).

 

Igualmente, firmaron un convenio de intercambio de bienes por petróleo  (el sistema de trueque reñido con todo sistema económico) y un protocolo de cooperación en materia de Defensa.

 

Ante las críticas que despertó el carácter militar de esas ventas, Zapatero declaró que “ese material no tiene ningún carácter ofensivo”. Destacó “los nobles objetivos” de la venta de material militar a Venezuela.

 

Ese tipo de declaraciones, que él atribuye a su optimismo, otros lo creen corto de inteligencia, con el agravante de una suerte de ingenuidad, más fingida que real. Es un procedimiento técnico de comunicación que le da resultados.

 

Esa manera de manejar el lenguaje de esa nueva corriente surgida de los predios de la izquierda, es un mecanismo perverso: El sentido de la palabra no cuenta, sólo cuentan los objetivos que se persiguen.

 

El estallido de la crisis económica del 2008, que según su osado optimismo consideró un problema pasajero, terminó provocando un déficit público espectacular y una recesión de mucho calado que coincidió con el alza de los precios del petróleo.

 

Gracias a la factura petrolera, Chávez lo socorre y lo saca de aprietos. Recuérdese el “Por qué no te callas” del rey Juan Carlos exacerbado por los desplantes de nuevo rico de Hugo Chávez, en la XVII Cumbre iberoamericana en Santiago de Chile. Para contentar al dueño de la chequera petrolera, que exigió disculpas, se organizó un encuentro del Rey con Chávez, y para no darle un carácter oficial, se organizó un encuentro informal en el palacio de Marivent en donde el monarca solía pasar sus vacaciones.

 

Zapatero no logró terminar su segundo mandato. Ante las protestas sin precedentes de la población, con la tasa de desempleo la más alta del mundo, realizó elecciones anticipadas que ganó el Partido Popular, PP, con Mariano Rajoy que sacó a España del desastroso pantano heredado de Zapatero.

 

Rajoy a su vez, fue desplazado por otro advenedizo del Partido Socialista Obrero de España, Psoe, Pedro Sánchez, gracias al voto de los diputados nacionalistas y en particular de Podemos, que como sabemos, es un partido cuyos líderes hicieron su aprendizaje al lado de Chávez y se beneficiaron de su financiamiento.

 

La estrecha relación con el líder de Podemos, Pablo Iglesias y la dependencia de Sánchez, perfilan de hecho la existencia de un gobierno bicéfalo.

 

La sobrevivencia del Gobierno de Pedro Sánchez, archiminoritario, lo convierte en un rehén de Podemos, necesita de los votos de este partido para permanecer en el Gobierno hasta las elecciones en 2020, cuando, como minoritario, lo que compete es la realización de elecciones anticipadas. Elecciones para las que seguramente, Sánchez habrá pactado con Iglesias, oficialmente la vice presidencia del Gobierno.

 

La relación entre ese nuevo sector que constituye hoy el PSOE y el chavismo, forma una madeja intrincada de coincidencias ideológicas, acompañadas de intereses de poder y de medios financieros.

 

Es evidente que la oposición venezolana, no debe hacerse ilusiones con respecto a las gestiones del actual Gobierno español. Demasiados intereses  guían al actual Gobierno de España como para que se pueda esperar algo positivo de sus gestiones.

 

No está de más recordar que al igual que Melenchon en Francia, Pablo Iglesias nunca ha manifestado la menor crítica hacia la mafia que gobierna Venezuela. Eso debería significar algo para quienes confían en la diplomacia española del momento.

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