Venezuela en el banquillo de los acusados en la ONU

Por.- Alfredo Michelena

Dos recientes reuniones al más alto nivel del sistema de la Organización de Naciones Unidas  (ONU) han involucrado a Venezuela. Y no ha sido para alabar la actuación del régimen de Maduro. Muy por el contrario en ellas el régimen fue fuertemente cuestionado.

El caso Venezuela

Desde el comienzo de los gobiernos chavistas, la Comisión de Derechos Humanos (CIDH) de la OEA denunció las violaciones de los derechos humanos  (DD.HH.) de ciudadanos venezolanos, asunto que también hicieron los EE.UU. en el informe que cada año emiten sobre el tema.  Estos informes fueron creciendo en temas y páginas  y pasaron de denuncias de violaciones a derechos civiles y políticos, como la libertad de prensa o la de organización y participación política, a los referidos al derecho a la vida, con denuncias de tortura y tratos crueles e inhumanos.

Estos últimos temas toman mayor relevancia en 2014 con la represión ejercida por el régimen sobre las manifestaciones fundamentalmente estudiantiles  que se esparcieron  por todo el país. Es entonces cuando la discusión sobre la violación de los DD.HH. en Venezuela toma relevancia en ese ámbito mundial. En ese año, frente a las denuncias de muchas ONG venezolanas e internacionales, seis expertos del Consejo de Derechos Humanos  (CDH) de la ONU, envían una carta a Maduro, pidiendo la “inmediata clarificación de las denuncias de detenciones arbitrarias y empleo excesivo de la fuerza y la violencia contra manifestantes, periodistas y trabajadores de los medios de comunicación durante una ola reciente de protestas en el país”.

En 2015 el alto comisionado de la ONU para los DD.HH., Zeid Ra'ad Al Hussein, manifiestó estar “muy preocupado por el deterioro de la situación de los DD.HH. en Venezuela, particularmente las duras respuestas del Gobierno a las críticas y a expresiones pacíficas de discrepancia”. En varios comités del CDH, Venezuela comienza a ser señalada como violadora de sus respectivos pactos sobre DD.HH. Sin embargo, Venezuela en 2016 es reelegida para estar entre los 47 miembros del Consejo de Derechos Humanos. Es más: Maduro viaja a Ginebra y da las gracias por su elección en ese Consejo.

Ese mismo año se realizó el Examen Periódico Universal de Venezuela.  En él los temas principales fueron la persecución de los opositores y la violación de los DD.HH. incluyendo torturas, en especial a los que participaban en las manifestaciones  y en el caso de las OLP, así como  la crisis humanitaria.  En 2017 Al  Hussein llega a decir que lo que sucede en Venezuela pudiera catalogarse como crímenes contra la humanidad y pide una investigación internacional independiente. En el seno del Consejo de Derechos Humanos (CDH)  no hubo acuerdos para tratar este tema, pues  dentro del CDH un grupo numeroso de gobiernos apoya al régimen, aunque  una minoría piden una mayor intervención para enfrentar la crisis.

En 2018, 53 países pidieron al  CDH se investigue a Venezuela, pero lejos de eso el régimen se vanaglorió de haber obtenido una victoria, pues a pesar del contundente informe del Alto Comisionado, el Consejo no solo no condenó a Venezuela, sino que emitió una resolución propuesta por el Movimiento de Países No Alineados (NOAL) que censura las sanciones unilaterales impuestas por EE.UU. y sus aliados.

A la segunda…

En 2015 Venezuela se incorpora al Consejo de Seguridad  (CS) de la ONU. Allí desde el principio se alineó con China y Rusia, por ejemplo cuando se opuso junto a ellos y Angola, que se tratara el tema de DD.HH. de Corea del Norte.

Ese fue el último año que Maduro se atrevió a visitar Nueva York y hablar en la ONU.  En 2016 Venezuela preside el Consejo. Pero en 2017 el CS vuelve a reunirse un par de veces para tratar el tema de la crisis en Venezuela. La primera es una reunión a puerta cerrada donde un funcionario de la ONU presentó la situación.  La embajadora de EE.UU., Nikki Haley, señaló que había una ”gran inestabilidad” en Venezuela y que “la comunidad internacional necesita decir ‘respeten los DD.HH. de su pueblo’ o esto irá en la dirección que hemos visto en otros casos”. Se refería a Siria, Corea del Norte,  Sudán del Sur,  Burundi y Myanmar.

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A fines del mismo año, bajo la “Fórmula Arria”, la embajadora de EE.UU. convocó una reunión  donde declaraba que “Venezuela representa un peligro para el mundo” por ser cada vez más un “narcoestado violento”.

…y a la tercera

El Consejo de Seguridad consideró recientemente los temas de Nicaragua y Venezuela. Primero se trató de Nicaragua, con la oposición de Bolivia, China y Rusia. Pero la embajadora realizó la reunión y esta vez no fue a puerta cerrada. Su idea, como en el caso de Venezuela, era alertar a la comunidad internacional sobre lo que pasaba en el país centroamericano. “¿Cuántos más tendrán que morir antes de que se convierta en una cuestión de paz y seguridad?”, preguntó Haley. “Creo que ya hemos llegado a ese punto. Es por eso que EE.UU. sintió que es muy importante tener esta reunión sobre Nicaragua. Porque no queremos otra Siria. No queremos otra Venezuela”.

Posteriormente se dio la reunión sobre Venezuela bajo la “Fórmula Arria”. A ella fueron invitados para hacer presentaciones: Mercedes de Freitas, directora ejecutiva de la ONG Transparencia Venezuela y  Marshall Billingslea, secretario adjunto de financiación antiterrorista en el Tesoro estadounidense. Como observadores  fueron invitados  Diego Arria y el presidente del TSJ en el exilio, también Julio Borges, Carlos Vecchio y otros líderes opositores.

Esta vez el asunto estuvo más dirigido sobre el tema de la corrupción. Para la embajadora “los gobiernos de Venezuela e Irán no existen para servir a su gente y usan corrupción para su beneficio”. Por eso señaló que “cualquier país que hace negocios con Maduro y su Gobierno está dañando a propósito a los venezolanos”. EE.UU. planteó “ahogar financieramente” al régimen.  Billingslea fue muy claro cuando advirtió a las instituciones financieras que  presten dinero a Venezuela, que ese dinero  “será robado”. También señaló que Maduro, Cilia Flores y su familia han practicado una “ corrupción rapaz” que  “ha empobrecido a millones” de venezolanos”.

La embajadora Haley fue contundente contra el segundo hombre de a bordo, Diosdado Cabello, a quien tildó de ser “un ladrón que utiliza su poder para llenar sus bolsillos”, además de ser “un narcotraficante” y mencionó sus envíos de droga por barco hacia República Dominicana y de allí a Europa. Y aseguró que Cabello actuaba para “eliminar la competencia” en este negocio.   Haley subrayó que todo esto afecta “la seguridad de todo el hemisferio”.

Confusión en Ginebra

Del otro lado del Atlántico, en Ginebra, la entrante alta comisionada para los DD.HH., Michelle Bachelet,  iniciaba su mandato y en su discurso inicial, pronunciado en la sala que se conoce como la capilla Sixtina de la ONU por la obra pictórica desarrollada por el artista Miquel Barceló , que semeja una vista del mar desde sus profundidades, Bachelet se refirió muy brevemente a los caso de Venezuela y Nicaragua.

Había gran expectativa, pues la expresidente Michelle  Bachelet, mujer de izquierda, siendo presidente de Chile, durante su segundo mandato se había movido de forma ambigua frente al régimen de Maduro. Hay que acotar que su Canciller, que en el fondo aplicaba la política de  la presidente, sí había mostrado una actitud firme.

Otra fue la versión escrita que circularon a la prensa. Claro, se pueden aducir problemas de tiempo.  Y eso es así, porque regularmente el texto leído es más corto que el enviado a la prensa. Pero la incertidumbre sobre la posición de Bachelet no se despejó. Esas diferencias suscitaron críticas y fueron explicadas  por la vocera de la oficina de Bachelet apuntando que fue ella la que quiso mencionar, en primer lugar, a Nicaragua y Venezuela. José Miguel Vivanco, de Human Rights Watch,  también confirmó esto.

A esto hay que agregar la reunión de Bachelet ya instalada en su nuevo cargo,  con  el canciller de Venezuela venido expresamente, Jorge Arreaza. De la que el representante del régimen salió asegurando  que “continuarán cooperando plenamente” con el Consejo de Derechos Humanos, aunque en el texto del discurso se aseguraba que el régimen “no ha mostrado apertura para una rendición de cuentas genuina”.

El discurso escrito

En todo caso el texto escrito del discurso de Bachelet, que como siempre está hecho por la oficina aunque la Alta Comisionada lo corrige,  sí hace  referencias explicitas a Venezuela.

En el escrito entregado a la prensa, la aproximación al problema de Venezuela se hace desde el tema de las migraciones y su impacto en la región. Obviamente, habla de que  esta migración se debe “en gran parte a la falta de alimentos o acceso a medicamentos esenciales y atención de la salud, inseguridad y persecución política”.  E incluso apunta que “desde la publicación de nuestro último informe sobre Venezuela, en junio, hemos seguido recibiendo información sobre violaciones de derechos sociales y económicos, como casos de muertes relacionadas con la malnutrición o enfermedades prevenibles, así como sobre violaciones de los derechos civiles y políticos, incluidas las detenciones arbitrarias, los malos tratos y las restricciones a la libertad de expresión”. Finalmente se señala que habría que “tomar todas las medidas disponibles” en los casos de Venezuela y Nicaragua.

El cambio

La Venezuela castrochavista logró montar un sistema de sostenimiento internacional que apoya su permanencia en el poder y pareciera que la  hace inmune a las denuncias de las violaciones de los DD.HH. e incluso  a las de ser un peligro para la seguridad regional y mundial. A estos fines ha tejido una red con la ayuda de Cuba y de otros gobiernos y personalidades, muchas de las cuales ocupan posiciones relevantes en instituciones internacionales.

Por esta razón,  no ha sido posible una condena ni en la OEA, ni en la ONU, sea en el Consejo de Derechos Humanos o en el Consejo de Seguridad. Aunque cada día es más difícil esconder la crisis que el régimen ha producido y su impacto internacional, por esto más y más países están conscientes que el nivel de violación de los DD.HH. es tan grande que ha producido una estampida migratoria. Por el momento, todavía nos queda la incógnita de si la Sra. Bachelet seguirá el camino de su predecesor, o buscará una posición más acomodaticia. Ya veremos.

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