Michelle Bachelet: ¿Una chavista defendiendo los derechos humanos?

Por.- Alfredo Michelena

La escogencia de Verónica Michelle Bachelet Jeria como Alta Comisionada para los Derechos Humanos (DD.HH.) de la Organización de  Naciones Unidas (ONU) se hizo por aclamación. Pero, ¿es realmente la expresidente chilena una defensora de estos derechos, cuando ha valorado positivamente a importantes violadores como Fidel Castro y al régimen de Caracas? Es la pregunta que tenemos que hacernos los venezolanos.

Su experiencia internacional

No es el primer cargo relevante que tiene la señora Bachelet  en la ONU. Ella fue la primera Directora Ejecutiva de la entonces recién fundada agencia  para la Igualdad de Género y el Empoderamiento de la Mujer de esa organización mundial, dependiente del Secretario General,  conocida por “ONU Mujeres”, entre 2010 y 2013. Lo que fue un interregno entre sus dos presidencias en Chile. Es decir entre  su primera presidencia (2006-2010) y su segunda (2014-2018).

Michelle Bachelet también vivió en Bethesda, EE.UU. ,cuando su padre estuvo como agregado miliar en la Embajada chilena en EE.UU. Luego se exiló en Alemania del Este, cuando el que llegó a ser general de Brigada Aérea, su padre Alberto Bachelet, se negó a participar en el golpe contra Salvador Allende y fue hecho preso y torturado de tal forma que le causaron la muerte.  Ella y su madre fueron posteriormente apresadas y torturadas, pero lograron finalmente salir de Chile.  En Alemania del Este conoció a quien fue su esposo y mantuvo contacto con diferentes corrientes socialistas y comunistas.

Al caer la dictadura de Pinochet, vuelve a Chile y se recibe de médico. Luego, de manera progresiva va incorporándose en la política (Partido Socialista) llegando a ser  Ministro de Sanidad y de Defensa de los gobiernos de la Concertación que incorporaban a todos los partidos democráticos frente a los partidos de corte pinochetista.  En su último mandato, fue candidata de la Nueva Mayoría, coalición a la que incorporó al Partido Comunista de Chile.

Vuelta la ONU

Foto: T13

La Asamblea General (AG)  de la ONU, como era previsto,  respaldó la nominación propuesta por su Secretario General, António Guterres, de la señora Bachelet para el cargo del órgano fundamental para la defensa de los DD.HH. en el mundo: el Consejo de DD.HH. (CDH)  El único “pero” lo puso la delegación de los EE.UU.  que primero en un comunicado de la embajadora Nikki Haley señaló que “La ONU no ha abordado de forma adecuada las grandes crisis de Derechos Humanos en Irán, Corea del Norte, la República Democrática del Congo y otros lugares, ni ha frenado su obsesión desproporcionada y crónica con Israel. Depende de la elección del secretario general al nombrar a la señora Bachelet, el hablar en contra de estos fracasos en vez de aceptar el status quo. Esperamos que lo haga”.  Y en relación al hemisferio occidental en el seno de la Asamblea General,  la delegación estadounidense dejó claro que “Es la obligación de Bachelet evitar los fracasos pasados del sistema de DD HH de la ONU, en particular del Consejo de Derechos Humanos, que consistentemente falla al abordar los abusos extremos contra los derechos humanos en el hemisferio occidental, en particular en Venezuela y Cuba”.  A lo que Cuba respondió con ponderación, mientras que la Venezuela chavista lo hizo con desbordante descomedimiento.  Ya en junio pasado, los EE.UU. se habían salido de este Consejo.

Venezuela chavista en el CDH

El Consejo de DD.HH. (CDH), antes Comisión, fue creado en 2006 con el voto en contra de  EE.UU, Israel, Palaos y las Islas Marshall, y las abstenciones de Venezuela, Bielorrusia, e Irán. Es irónico que el actual Asesor Nacional de Seguridad de los EE.UU., John Bolton, cuando era el embajador ante la ONU  y la Venezuela chavista, no hayan apoyado la creación del nuevo Consejo.

El CDH fue creado a fin de subsanar las deficiencias de la Comisión, siendo entre las más  notorias, como lo dijo la Comisión Especial nombrada para esta reforma, que existen  “Estados que se han hecho partes en la Comisión no para afianzar los derechos humanos, sino para protegerse contra críticas o para criticar a otros”.  Por su parte el Secretario General hacía referencia a la  “falta de credibilidad y profesionalismo” en dicha Comisión.  La Comisión fue acusada de tener un alto grado de politización y selectividad, por lo que se creó un Informe periódico universal que obliga a cada estado miembro a ser evaluado con base a la información de la Oficina del Alto Comisionado (OACDH), que ahora presidirá la expresidente chilena.

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Nuestro examen periódico

Venezuela fue sujeta a este informe periódico en 2016. Entonces recibió 274 recomendaciones de 102 Estados Miembros de la ONU.  En el segundo ciclo de este examen, en 2017, también 170 organizaciones ONG presentaron sus evaluaciones. Pero la defensa del régimen fue responder que  ellas “fueron realizadas de manera sesgada”. La representante oficial venezolana, Iris Varela, quien estuvo  al frente de la delegación de su país, aseguró que todo esto es parte de un “asedio” que vive el país y todo lo transfigura un “trasfondo político”.

En relación  a los derechos civiles y políticos, el régimen no aceptó, según reportó la OACDH, 53 de las recomendaciones realizadas  “…referidas a temas como las libertades de expresión, reunión y asociación pacíficas; las detenciones arbitrarias o por motivaciones políticas; y la independencia y adecuado funcionamiento de los poderes y órganos del Estado” y a “procesos electorales …; y a la cooperación con organismos regionales de DD.HH.”

Al final, 14 gobiernos intervinieron y en su mayoría felicitaron al régimen. Incluso Rusia llegó a congratularlo por alcanzar “los más altos estándares internacionales” en DD.HH. Solo dos, El Reino Unido y los EE.UU, consideraron las violaciones sistemáticas de los DD.HH. en Venezuela.  Este último fue muy claro al mostrar su preocupación por “… el empeoramiento de la situación de DD.HH en Venezuela y por la imposibilidad de celebrar elecciones en 2016”.

¿Podrá la Bachelet?

El saliente Alto Comisionado Zeid Ra’ad Al Hussein, fue un destacado vocero en la denuncia de las violaciones de los DD.HH. en Venezuela. Recientemente Al Hussein   se refirió a “la  alarmante situación de los derechos humanos” y a “la posibilidad de que se hayan cometidos delitos de lesa humanidad en el país”. También señaló que la OACDH  ha recibido “cientos de asesinatos extrajudiciales en los últimos años, tanto en protestas como en las operaciones de seguridad” (OLP), además de tratar la crisis humanitaria en Venezuela y el ataque contra la libertad de expresión, opinión, asociación y reunión pacífica.

Es cierto que Michelle Bachelet durante la época de Chávez no solo evitó, sino que celebró alguna de las acciones internacionales de Chávez, incluso mantuvo una posición guabinosa junto con su compatriota, José Manuel Insulza,  quien era Secretario General de la OEA, la cual en muchos casos favoreció al régimen de Caracas. Pero por otra parte, Bachelet tuvo varios encontronazos con Chávez, como el que sucedió cuando ella invitó a la Cumbre de Líderes Progresistas celebrada Chile (2009) al vicepresidente de EE.UU. Joe Biden, y al primer ministro británico, Gordon Brown. Chávez señaló  en esa ocasión:  “no le hace nada bien a la unidad de Suramérica que la presidenta de Chile convoque a una reunión con dos representantes de los imperios “.

Otra cosa fue en su segundo mandato, cuando ya Maduro estaba en el poder. En esta ocasión  lanzó críticas contra el gobierno de Maduro, pero en muchas ocasiones esas críticas fueron muy eufemísticas. Menos diplomático fue su Canciller, Helardo Muñoz, quien fue más recio y claro en sus posiciones.  Baste recordar sus intervenciones en la OEA y sus declaraciones alrededor del Grupo de Lima. Chile fue propulsor y fundador de este grupo. Incluso la Embajada de ese país austral ha sido refugio para perseguidos políticos, como el dirigente de Voluntad Popular, Freddy Guevara, y el de COPEI , Roberto Enríquez.

Las dudas

Las dudas que se tiene con respecto a Bachelet, es que siempre ha mantenido una posición más bien ambigua frente a lo que sucede en Venezuela y calla frente a Cuba.  Por ejemplo, cuando se hizo la consulta del 16 de julio de 2017, su pronunciamiento fue “ha habido una votación bien impresionante: más de siete millones de personas fueron a votar en contra de esta Asamblea Constituyente (AC), y lo que he leído es la voluntad de la oposición de continuar con mucha fuerza haciendo un camino propio, que puede llevar a una situación de inestabilidad aún mayor en el país”. Chile como país, no reconoció la elección de la Asamblea Constituyente.

Más recientemente, cuando ya se conocía su designación, Bachelet apenas se pronunció al preguntársele sobre Venezuela. Solo dijo:  “Hay una situación muy compleja económica y humanitaria”, y el problema es que “hay demasiada desconfianza (…) entre la oposición y el Presidente Maduro”.  Esperamos que una vez tome el cargo, asuma una posición muy clara, como lo hizo su antecesor.

Bachelet fue uno de los mandatarios que corrió a visitar a Fidel Castro cuando sus días ya estaban contados. A Fidel lo consideró como “Un líder por la dignidad y la justicia social en Cuba y América Latina”.  Los chilenos aún recuerdan con desagrado, que en su primer gobierno después de una visita anterior al decrépito dictador, éste último emitió una carta en apoyo a la demanda marítima boliviana contra Chile.

¿Podrá ella mantener la presión sobre el régimen de Maduro al menos a la altura que la tuvo su predecesor? ¿Pesará su experiencia directa de un padre, y una madre torturados, así como de ella, como acicate para denunciar los abusos de los gobiernos y convertirse en la voz de los violados, o esta será “su venganza personal”? Son preguntas que pronto tendrán respuesta.  A partir de septiembre ella despachará desde el Palacio Wilson, 52 rue des Pâquis CH-1201 Ginebra, Suiza.

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