El Diario de Jurate Rosales: ¿Puede una orden militar anular los nexos familiares?

Por.- Jurate Rosales.

A los pocos días del suceso con dos drones que irrumpieron en el acto aniversario de la Guardia Nacional, Nicolás Maduro, reunió en el Palacio presidencial al Alto Mando Militar y ante una nutrida presencia de generales y almirantes en servicio activo, impartió sus instrucciones.

Según informaciones difundidas por los medios y con fotos de la Agencia de noticias Reuters, después de prometer a la oficialidad militar más viviendas y “un nuevo incremento de sueldo y primas para ella el 01 de octubre y una serie de actividades enmarcadas en la “Misión Negro Primero” para favorecer a los profesionales antes del inicio de las clases, además de potenciar el sistema de seguridad social, créditos y otros beneficios que serán anunciados próximamente”, vinieron las instrucciones de como deberán comportarse todos los oficiales militares.  Las copio a continuación, textuales, tales como aparecieron encomilladas, en la prensa nacional.

Así que según los medios, eso es lo que dijo Maduro:  “Yo entiendo que en la familia militar pudieran existir, en sus núcleos familiares, personas que no están de acuerdo con el gobierno, que se han dejado contaminar por la política, pero les pido lealtad completa, total, es preferible que un militar, y discúlpenme que lo diga así, que un militar deje de visitar o evite a esa parte de la familia, a tener que ver perdida su carrera por una imprudencia, con esto yo voy a ser muy estricto y he girado instrucciones precisas para que se evite que seamos infiltrados o permisivos con quintas columnas; sus familias deben ser consecuentes con ustedes y pensar en ustedes antes que en quienes quieren destruir a la revolución”.

Allí, dejé de leer la información y me quedé de una pieza, sofocada: ¿Y la mamá del oficial, acaso no puede tener su propia opinión y expresarla en el seno de la familia? ¿Significa esto que el oficial – cito textualmente –  “deje de visitar o evite a esa parte de la familia”, porque inmediatamente viene también la amenaza: “a tener que ver perdida su carrera por una imprudencia”.

Pienso que ninguna disciplina militar puede interferir con un mandato repetido en todas las religiones del mundo y que en la cristiana reza “Honrarás a tu padre y a tu madre”. Tampoco admito que por una discrepancia de opinión política, exista excusa alguna para separar a los miembros de una familia, los padres de sus hijos y nietos, los hermanos, los conyugues, e incluso considero que nexos familiares más lejanos también son parte del grupo familiar que siempre y bajo cualquier circunstancia, debe mantenerse unido.

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Uno de los aspectos que más admiro y valoro en Venezuela, es el apego al nexo familiar. Veo las familias como unos racimos de uvas, que mantienen unidos a todos sus frutos. Muy a menudo, veo que en Venezuela, el racimo se sostiene más en la madre, autoridad suprema en cuanto a la unión familiar.

Quienes hemos vivido en diversas culturas, podemos apreciar sus diferencias y una de las más notorias, si comparamos el mundo latino con el anglosajón, son sus distintos conceptos del conglomerado familiar. Lo que en el ambiente anglosajón es considerado normal, como lo de relegar al “abuelo” o la “abuela” a una vida de comodidades en un ancianato, es inconcebible en, por ejemplo, Venezuela, donde las familias se mantienen unidas más allá de cualquier circunstancia, diferencias de edad e incluso de lejanía que se suple sosteniendo el contacto directo entre miembros de ese “racimo”.

Me pregunto en qué país cree vivir Nicolás Maduro, porque si bien de sus hermanas nunca sabemos nada, su esposa Cilia jamás traicionó ni alejó a ningún miembro de su familia – tanto la inmediata, como la lejana. Si ella tuvo la suerte de que todos coincidieron en una sola facción política, otras familias no contaron con la misma casualidad, pero no rompieron por discrepancias políticas sus cercanías familiares. Sería muy largo nombrar a los ejemplos donde existen profundas diferencias políticas entre miembros de una misma familia, e igual cantidad de ejemplos podría citar donde esas discrepancias nunca impidieron la reunión del Año Nuevo o la presencia de todos en las fechas onomásticas.

Reto al lector, a que nombre mentalmente en su cabeza a las personas que conoce donde en una misma familia hay diversas tendencias políticas sin que la mamá siga siendo mamá de todos sus hijos, el padre los acepte a todos y los hijos, a lo mejor, piensan cada uno de manera distinta. Se asombrará de la cantidad de ejemplos que en su propio entorno o entre sus conocidos, le llegarán a la memoria. ¿Significa eso que los miembros de cada grupo familiar deben excluir, como a un paria, como antaño se separaba a los leprosos, al infortunado que por decisión propia, en sus años mozos se decidió por la carrera militar? Por favor – no hay derecho alguno de crear ese tipo de discriminación, que, además, nunca existirá en ninguna familia venezolana, por más que lo ordene Maduro.

¿En qué pensaba el hombre cuando en el arrebato de  una exigencia mal llamada “militar”, se atrevió a desafiar tres inamovibles mandamientos: el de Moisés, el creado por los nexos de la sangre y, sobre todo, de tercero y principal,  la profunda tradición de unión que rige desde que Venezuela existe, en cada familia venezolana.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Jurate Rosales

Directora de la Revista Zeta, columnista en El Nuevo País con la sección Ventana al Mundo. Miembro del Grupo Editorial Poleo.

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