Retos de Duque: La FARC y la inmigración venezolana

Por.- Alfredo Michelena

Iván Duque lleva al Palacio Nariño una serie de asuntos a resolver,  entre ellos el redimensionamiento de los Acuerdos de Paz con la FARC y la solución a la crisis venezolana que está afectando a Colombia de manera significativa.

Duque es el segundo presidente más joven que ha tenido Colombia y en ese aspecto es el primero en siglo y medio, pero no es un recién llegado a la política a pesar de su juventud. Para muchos es un Macron – el joven presidente francés- pero colombiano y así lo explicó la famosa Revista Time  e incluso el New York Times  también refiere algunas semejanzas, entre ellas su juventud y su posición como “extremista del centro”.  Es como Macron, dice Brian Winter, editor jefe de Americas Quarterly , “un joven líder moderno que hace una virtud, lo de ser un tecnócrata”.

Es abogado, con postgrado en Derecho Internacional Económico (American University), Gerencia de Políticas (Georgetown University) y cursos en Harvard. Trabajó en la CAF y el Banco Interamericano de Desarrollo. Se inició en la política cuando en 2014 ganó la senaduría en la lista del partido Centro Democrático que fundó el presiente Uribe.  Proviene de una familia de políticos, su padre fue gobernador de Antioquia y Ministro de  Minas y Energía.  Ahora, como candidato de ese mismo partido, ganó las elecciones en segunda vuelta a  Gustavo Petro, apoyado este último por una coalición de izquierda.

La economía

El balance económico de su predecesor no es nada malo, aunque el crecimiento de la economía colombiana se desaceleró desde 2013. Para Daniel Velandia, jefe de la firma Credicorp: “el gobierno Santos pasó en lo económico considerando el ajuste logrado en medio del peor choque externo en 80 años tras la caída de los precios del petróleo. Así, destacó haber evitado una recesión”.  A lo que habría que agregar la milmillonaria caída inducida del comercio con Venezuela. El petróleo representa el 34% de los ingresos del Estado. La inversión extranjera directa que promediaba anualmente  entre 2002 y 2010 fue de US$6.430 millones,  pasó a US$14.509 millones anuales entre 2011 y 2017. Según cifras oficiales, la pobreza alcanzaba 40,2% en 2010 y para 2017 había descendido a 26,9%.

Con Santos, Colombia ingresó en la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), lo que coloca al vecino país entre los países más ricos y poderosos, con estándares internacionales que facilitarán  la inversión extranjera.

Sin embargo, del lado negativo, con  Santos los gastos del Estado crecieron de $81billones a $133billones, lo que fue financiado con un aumento del IVA de 16% al 19%. Pero eso no fue suficiente, pues el déficit fiscal ha sido del 3,5%. Entre otras pifias en la economía, están: la deuda externa que heredó Duque alcanza a unos US$125.000 millones, equivalentes al 36,4% del PIB; el peso colombiano perdió valor frente al dólar al superar los $3.000 ;  la manufactura tuvo tasas negativas de crecimiento en producción y ventas en 2016 y 2017; y el desempleo creció desde 2016.

Duque, con una visión neoliberal, se propone bajar los impuestos y reducir el gasto público. El plan que ha presentado apunta a un crecimiento de un 5% anual de la economía, una reducción del 5% de los gastos del gobierno  y una baja del impuesto sobre la renta en un 50% en cuatro años, además de desregular la economía a fin de hacerla más competitiva y generar más empleo atrayendo la inversión extranjera.

Lo político

Duque sin duda llegó al Palacio de Nariño con el apoyo, además de su partido,  de los tradicionales partidos liberales y conservadores. Pero para el Congreso, se requieren alianzas más claras. Ya se reunió con todos los partidos para escuchar sus propuestas legislativas y avanzar las coaliciones para una agenda legislativa común.  De todos ellos, hasta ahora solo el Partido Conservador anunció su apoyo, pero se espera que en menos de un mes, como lo establece la recién aprobada ley del  “Estatuto de la Oposición”, todos los partidos tomen una posición oficial, sea de apoyo o no, o declarándose independientes.

El tema más candente que debe manejar Duque es el de los acuerdos de paz con las FARC y consecuentemente las conversaciones con el Ejército de Liberación Nacional (ELN). Él fue un firme opositor de los Acuerdos de La Habana. Sobre esto montó su plataforma electoral. Sin embargo, al pasar a la segunda vuelta, flexibilizó el discurso y dejó claro que su intención no era “romperlos “,  pero que avanzaría cambios. Y se afianzará en los puntos que llegaron a improbar los Acuerdos en una consulta refrendaria.

Los Acuerdos de Paz

Se da como un hecho que Duque promoverá en el Congreso modificaciones a la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), elemento clave de los Acuerdos de La Habana. Entre estas,  aislar a los militares de este proceso; que las FARC realmente ejecuten una reparación integral a las víctimas;  eliminar la consideración de que el delito de narcotráfico es un delito político conexo; y que se puedan juzgar los representantes ante los cuerpos legislativos por crímenes de Lesa Humanidad.

Por su parte, el Ejército de Liberación Nacional (ELN) anunció que seguirían las negociaciones con Duque, pero aseguraron que no aceptarían dos condiciones que pone el nuevo mandatario: que se concentren en espacios determinados y suspendan sus operaciones. Ante esta situación a Duque no le queda más que aplicar la política de Santos, que es negociar en guerra. Negociaciones que seguramente serán más expeditas ya que se tienen los acuerdos de paz de La Habana como referencia. En todo caso Duque anunció en su discurso inaugural que se tomarán un mes para  evaluar la situación de estas conversaciones.

Venezuela y las narco guerrillas

Venezuela se ha convertido en uno de los grandes dolores de cabeza de Colombia. No se trata de los enfrentamientos verbales entre mandatarios. Se trata de la permanente interferencia de la Venezuela chavista en ese país, que va desde financiamiento y apoyo a grupos políticos pro castrochavistas hasta servir de aliviadero a la narcoguerrilla, pasando por la constitución de bandas criminales binacionales o al menos articuladas binacionalmente, en las cuales participa el estamento militar venezolano.

Está  bien documentada la presencia de los jefes guerrilleros y campamentos del ELN en Venezuela, así como el crecimiento de su presencia, su  mayor actividad en el contrabando y el tráfico de drogas fronterizos. Además el ELN se expande en el suroeste de Venezuela a fin de tomar el control de las zonas de minería informal.

Más allá de Colombia, este maridaje de grupos políticos de izquierda, guerrilla, narcotráfico y funcionarios, civiles y militares venezolanos, se está convirtiendo en un peligro regional no solo para la estabilidad política, sino también para la paz interna.  En todo caso, uno de los temas que Duque deberá enfrentar, es el apoyo de la Venezuela chavista al ELN – y a las FARC-, así como su participación en el narcotráfico y otras actividades criminales como lavado de dinero.

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Migración

La estampida migratoria que se ha desatado hacia el sur en los últimos años y que, o pasa por Colombia, o se queda en ese país, es un tema clave. A cuatro días de dejar la presidencia, Juan Manuel Santo firmó un decreto que regulariza a 442.464 venezolanos ilegales, con lo que se llega a la cifra de 820.000 registrados. Si agregamos los que no se matricularon y los venezolano-colombianos que volvieron a su país, estaríamos hablando de cerca de mucho más de un millón de personas que han llegado muy recientemente a Colombia en búsqueda de trabajo y que ponen en tensión los servicios públicos, en especial la salud y la educación.  Este es un tema que Duque debe enfrentar.

Tener un millón o millón y medio de migrantes desde Venezuela  en Colombia, requiere un manejo diplomático y consular muy fino para no complicarles la vida y para no estresar aún más unas relaciones, que desde la llegada de Chávez no han ido nada bien.

Venezuela en la política internacional

La política internacional de Duque hacia el régimen de Caracas está muy clara. Su intención es promover una acción regional para debilitarlo internacionalmente como forma de presionar un cambio en Venezuela.

La consolidación de un modelo castrochavista en Venezuela sería el establecimiento de un foco de la perturbación no solo para Colombia, sino para la región. Y estas son malas noticias en un país en que un 40% votó por la coalición de izquierda pro FARC y cuyo vecino es parte central del Foro de San Pablo que se articula con otros movimientos castrochavistas en la región, para apoyar una estrategia común en la toma del poder . Eso lo sabe Uribe y lo sabe Duque.

Duque ha prometido llevar a Maduro a la Corte Penal Internacional, ya lo había hecho como senador. Se trataría de una acción conjunta en la que participarían Perú y Paraguay y seguramente Chile y Argentina.

Colombia también participa con otros países como  Perú, Chile y Argentina en un equipo de inteligencia financiera para vigilar operaciones sospechosas relacionadas con Venezuela. Aplica las sanciones individuales que han establecido los EE.UU. , pues tiene un mecanismo conjunto de cooperación, de manera que  “… ningún colombiano puede hacer negocios, transacciones con estos… ciudadanos venezolanos” y “… si alguno de ellos llegara a tener alguna propiedad, algún activo, incluyendo cuentas en el sistema financiero colombiano, inmediatamente se reportan a EE.UU. …[para]..  contribuir a que la medida que adoptó EE.UU. sea plenamente efectiva”, según declaró el Ministro de Hacienda en julio 2017.

El novel presidente también ha anunciado que se retirará de UNASUR, uno de los mecanismos de integración creado por el castrochavismo y que ha sido una herramienta útil para la consolidación del régimen venezolano. Este sería un paso adicional al ya dado junto a  Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Perú de suspender a motu propio su participación en la  organización sureña.  Duque ha invitado a estos países que dejen UNASUR por ser  “una especie de cómplice silencioso de la dictadura de Venezuela”.

Lo militar

Pero entre todos los asuntos que debe lidiar Duque con la Venezuela chavista, está el tema militar. En el régimen venezolano se maneja que de haber intervención militar armada, Colombia sería uno de los que participaría regionalmente en ella.

Mucho se argumentó en conciliábulos del régimen de que la visita de Duque a EE.UU. y sus reuniones con los encargados de seguridad de ese país, tenían este fin. En el norte, Duque  se entrevistó con: el Canciller Mike Pompeo; John Bolton,  asesor de Seguridad Nacional; la directora de la CIA Gina Haspel ; el Zar de las drogas, James W. Carroll ; y almirante Kurt Tidd, jefe del Comando Sur. Con la línea dura de EE.UU. el tratamiento del tema de Venezuela fue clave. La reacción en Caracas fue por boca de Pedro Carreño quien habló de cómo aviones venezolanos derribarían “los siete puentes del río Magdalena que atraviesan de norte a sur a Colombia para dividirla en dos”. Pero con la debilidad del régimen venezolano en el área militar, una acción de estas podría terminar en su colapso total.   En todo caso Duque ha sido enfático al afirmar: “yo nunca he hablado de intervenciones militares ni de propiciar intervenciones militares”.

Venezuela siempre ha tenido como hipótesis de guerra una confrontación con Colombia, pero ahora este asunto no sería un tema bilateral, a juzgar por lo que está en juego.  Lo que es cierto es que las provocaciones del régimen venezolano en este aspecto, ya no parecen pasar inadvertidas en la región, a juzgar por el último comunicado del Grupo de Lima, donde manifiestan  “profunda preocupación” por la movilización de tropas venezolanas a la frontera con Colombia. Esto lo justificaba Diosdado Cabello, pues  “Venezuela está obligada a mover tropas a toda su frontera porque Venezuela resguarda sus fronteras”.  La complicación surgiría si Colombia decide hacer lo mismo.

El problema es que la frontera es un territorio que en términos generales está controlada por las narcoguerrillas de los disidentes de las FARC y el ELN, entre otros, y las bandas criminales. Duque ha jurado que actuará “en todo el territorio nacional para desarticular las redes de crimen organizado”.  Si la política militar/policial  de Duque es más agresiva en la frontera por la ubicación de campamento del ELN en Venezuela, y la necesidad de enfrentar el trasiego de drogas por Venezuela, cualquier chispa puede encender una confrontación que ni Colombia ni Venezuela desean.

 

 

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