Maduro busca aires europeos

Por Alfredo Michelena

*Para lograr inversiones europeas, los embajadores del reino de los Países Bajos, Portugal y España fueron invitados, fotografiados y promocionados en conversaciones con representantes del régimen de Maduro.

Las elecciones del 20M terminaron siendo repudiadas por todos los países del mundo occidental, pero Nicolás Maduro no se da por enterado y lanza una ofensiva diplomático-financiera en pos de inversiones europeas en Venezuela. Espera que sean los intereses económicos los que se impongan sobre los principios políticos y de derechos humanos.

De manera que inmediatamente después del 20M,  Maduro citó a los representantes de los países europeos para pedir inversiones en Venezuela. Quizás quiere seguir el modelo cubano en cuanto a la relación con la Unión Europea (UE), pero olvida que ni cumple con sus exigencias en lo político-social, ni facilita como Cuba las inversiones extranjeras.

El anzuelo

 Si la intención de Maduro con las elecciones del 20M era lavarse la cara frente al mundo, queda claro que no lo logró. Por el contrario, la respuesta de la comunidad de los países democráticos ha sido contundente al descalificar estas elecciones  e incluso al  imponer sanciones diplomáticas y selectivas muy contundentes, amén del incremento de las sanciones financieras de los EE.UU.

 Pese a esas evidencias,  Maduro inició “una gran jornada de diálogo nacional”, con la premisa de que “hace falta una rectificación profunda”.  Para ello creo un ambiente de magnanimidad, soltó algunos presos políticos y al norteamericano Josh Holt que Diosdado Cabello había señalado como jefe de la CIA, para congraciarse con los EE.UU., aunque al juzgar por las respuestas desde el norte eso no hizo efecto.

Pareciera que por no esperar nada en América, es que Maduro dirigió el diálogo hacia otro lado. Quizás el  gobierno cubano y el español Rodríguez Zapatero le recomendaron enfocarse hacia Europa donde tiene más chances que en su propia región, al menos en términos financieros.

Europa es la meta

La Unión Europea (UE)  después del 20M reafirmó que las elecciones se celebraron “sin cumplir con las normas internacionales mínimas” e insistió en “una solución política y verdaderamente negociada”. Una semana después en  Bruselas, los cancilleres europeos anunciaban nuevas sanciones a más personas, en este caso  implicadas en la celebración de los comicios.

De los cuatro tipos de sanciones que impone la UE, tres se han aplicado a Venezuela: embargo de armas, restricciones de entrada e inmovilización de bienes.  Estas dos últimas han sido centradas solo en siete funcionarios del régimen, al menos hasta junio, que es cuando se conocerá el nombre de los nuevos sancionados. El cuarto tipo son las “sanciones económicas o restricciones aplicables en determinados sectores de actividad económica, como la prohibición de importar o exportar determinados bienes, la prohibición de invertir, la prohibición de prestar determinados servicios, etc.” que aún  no se han impuesto.

El acercamiento de Maduro al viejo continente comenzó con un viaje relámpago de Zapatero, hombre de confianza del régimen,  a Roma para convencer al Papa Francisco de que el Vaticano debería seguir en el juego. A raíz de eso, el Nuncio Apostólico se reúne con Maduro en Caracas, abriendo la puerta a otros  diplomáticos.  Detrás de eso, volvió el fantasma del diálogo.

Pero esta vez el diálogo se centró en lo económico. Maduro instruyó a sus ministros  para que  se reunieran con los directivos de compañías europeas para “un nuevo comienzo”. Simón Zerpa, como ministro de Economía y Finanzas, y Vielma Mora, convertido en ministro  de Comercio Exterior, se reunieron con 7 embajadores y 5 encargados de negocios de países miembros de la UE. Les explicaron “las bondades y beneficios de invertir” en Venezuela y  les solicitaron “fortalecer las inversiones para la recuperación económica” del país. Incluso con España se creó un  “grupo de trabajo que, en menos de treinta días, debe expresar resultados específicos. Este grupo estará conformado por las diversas empresas españolas, los ministerios de Economía, Comercio Exterior y la Cancillería”.

Cuba

Los cubanos no están retratados en ninguno de estos cuatro tipos de sanciones. Lo que Europa  hizo con Cuba fue establecer una “Posición Común”. En ella, en realidad se establecía una restricción de cooperación de la UE con la isla, mientras  no avanzara en el proceso de democratización. Esta Posición Común,  establecida en 1996, comienza a derrumbarse con el restablecimiento de relaciones entre los EE.UU. y Cuba, promovido por El Vaticano, a fines de 2014.

 Con la restitución de las relaciones con los EE.UU. por Obama y la promesa incumplida de Raúl Castro de una apertura económica y política, la UE cambia de posición y restituye la cooperación con la isla. Recientemente se firmó el primer acuerdo de cooperación sobre energías renovables- lo que es significativo pues hasta ahora La Habana ha dependido del petróleo venezolano. La UE aportará €50 millones para cooperación hasta 2020.

Adicionalmente, los cubanos comenzaron a buscar dinero fresco, inversiones internacionales, y se abrieron con nuevas leyes como la Ley de Inversión Extranjera del año 2014.  Ella resuelve el mayor impedimento: la seguridad de que no habrán expropiaciones ni nacionalizaciones y que cualquier diferencia se resolverá  en  tribunales internacionales. Los castristas se propusieron obtener una inversión anual de US$2.000 millones.  En 2016 obtuvieron $1.300 millones y en 2017 se habló de que había un compromiso de $2.300 millones.

Europa es un socio comercial muy importante para Cuba. España ha sido responsable del “45% de las inversiones extranjeras en la isla –seguida de Canadá e Italia con el 10% respectivamente– y durante 2013 realizaron 38.751 operaciones comerciales con Cuba por algo menos de €800 millones”, según reportaba la Deutsche Welle en 2014. En enero de este año, Federica Mogherini, la Canciller europea, declaraba que Europa “ya es el primer socio comercial, el primer inversionista y  primera en la cooperación para el desarrollo de Cuba”.

Qué quiere Maduro

Siguiendo la receta cubana, Maduro aceptó negociar con la oposición, como se lo pedían Europa y otros países, a fin de montar unas elecciones, pero no le resultó pues la MUD no aceptó las condiciones y tampoco logró que Falcón reconociera el triunfo de Maduro. La segunda parte del plan de las elecciones era buscar inversión extranjera. Ya Rusia y China han sido ganadas por el régimen – ¿o es al revés?- , pero Maduro necesitaba a los europeos porque la UE es el tercer socio comercial de Venezuela tras EE.UU y China.

Sin embargo, actualmente, la inversión extranjera directa (IED) se ha desplomado. En 2016 fue de US$1.772 millones, es decir una caída  de más de un 70% respecto a 2012, cuando alcanzó cerca de $6.000 millones.  En 2016 un informe de la UE señalaba que su “inversión representaba  un tercio del total de las inversiones extranjeras en Venezuela. Más de 2000 empresas europeas han hecho inversiones en Venezuela con visión de largo plazo”. El informe subraya que “el clima de inversión en Venezuela sigue siendo un desafío para los operadores de la UE, …[por]… los controles cambiarios, controles de precios, expropiación y otras formas de intervención estatal en el país”.

Así no marcha

Por alguna razón, Maduro no quiso,  o no pudo, pasar una ley de inversión extranjera “a la cubana”  en la Asamblea Nacional Comunal, para atraer nuevas inversiones. La aprobada no atiende el “desafío de los operadores de la UE” y apenas da algunos beneficios en términos de desgravámenes, amortización, compra de la producción por el Estado, ventajas impositivas, exenciones arancelarias y tributarias (artículo 230). Por ahora, lo único que podría solicitar Maduro es volver a beneficiarse del Sistema General de Preferencias del que salió en 2014 pues en esa época éramos un país con ingreso medio.

 Si bien Europa no se atrevió a imponer el cuarto tipo de sanciones que son las económicas, y solo ampliará el número de sancionados, pareciera muy difícil que Maduro logre, como lograron los cubanos, mejorar las relaciones formales con la UE.

Pero atentos al dicho  inglés del “money talk”.  Ya lograron conversaciones  y como dijo el embajador español, las empresas españolas, y podríamos decir extranjeras en general, “quieren permanecer aquí para convertir sus problemas en inversiones y crecimiento”.  Solo hay que recordar que Europa nunca dejó de invertir en Cuba.

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