Maduro no tiene plan económico

Por Alex Vallenilla.

-Los alimentos en cajas Clap distribuidos a cambio del voto en estas elecciones, podrían ser el último aliento de una economía donde hasta el petróleo se ha convertido en otro problema más.  

El mundo siente los efectos de la crisis venezolana. El  alza del petróleo ha unido a saudíes, norteamericanos y rusos para evitar que el mercado se recaliente y Venezuela, cuyo desplome descontrola los precios, se convierte en el villano de la comarca.

En el marco del evento electoral que se realizaba el pasado 20 de mayo, se pudo ver gracias a las redes sociales, como aparecían camiones de carga con grandes cantidades de cajas del programa estatal CLAP, en distintas ciudades del país con destino a los electores. Luego de pasar por los centros de votación y ejercer el voto, a los electores poseedores del carné de la patria, se les entregaba una caja Clap a cada uno. Los principales barrios de Caracas, Barcelona, Barquisimeto, Maracaibo, Ciudad Bolívar, entre otros, tuvieron entrega masiva de estos productos. Al mismo tiempo, el oficialismo realizaba operativos para que el votante escaneara su carné de la patria y cada uno  recibía un código en su teléfono celular que le garantizaba el pago de al menos 10 millones de bolívares por haber votado a favor de la opción oficialista.

Lo anterior es una muestra de cómo desde el Ejecutivo se manipula a la población con el hambre. El programa CLAP no llega a todos los sectores del país, no está distribuido con la regularidad periódica que requiere la alimentación de una familia, además sus cantidades son muy bajas y existe discriminación política. Peor, el madurismo, con cargamentos grandes de estos bienes, tal vez almacenados desde hace mucho tiempo previendo el momento de motivar el voto, distribuyó alimentos que en muchas ocasiones llegan en el caso de los granos con gorgojos, y en el caso de la harina de maíz con gusanos, según denuncias de ciudadanos. Los largos tiempos de almacenamiento de estos alimentos los transformaron en muchos casos, en no aptos para el consumo humano.

Pese a todo lo anterior, una parte de la población venezolana, hundida en la pobreza y el hambre, sin otro remedio para comer, acudía a las urnas electorales para conseguir parte del mendrugo.

Maduro solo

Una vez reelecto según las cifras del Consejo Nacional Electoral (CNE), Nicolás Maduro se juramentó ante la Asamblea Nacional Constituyente (ANC), ente no reconocido legalmente en el mundo, y anunció la creación de una comisión para estabilizar la economía, que tendría como propósito buscar asesoría nacional y extranjera para tomar medidas sobre qué debe hacerse para enfrentar la crisis.

Es primera vez que Maduro admite la situación y poco hizo alusión a la “guerra económica”, la coartada política que repiten a sus seguidores cada vez más mermados, en un intento de excusar los daños que ha sufrido la población por las políticas económicas de control de precios, control cambiario, expropiaciones y excesiva emisión de dinero, así como los factores de corrupción que han acabado con la mayoría de las instituciones venezolanas y la producción petrolera nacional.

Lo anterior indica que a pesar de que Maduro lleva cinco años en el poder, no tiene un programa económico, no tiene una respuesta para los venezolanos, mientras que su afán es mantener el envío de recursos a Cuba, como se informó recientemente de la compra de al menos 400 millones de dólares de petróleo en el extranjero, para ser entregado en la isla, mientras la hiperinflación produce hambre y mengua en Venezuela, y ayuda a acelerar la huida de compatriotas por las fronteras, incluso a pie.

Hasta ahora, se especula que ni siquiera podrá concretarse la reconversión monetaria propuesta por Maduro para el próximo 4 de junio, que si bien se comenzará a mostrar los precios con tres ceros menos, los billetes que seguirán circulando son los del actual cono monetario, ya que hasta la semana pasada no había reportes de que llegaran billetes a Venezuela, tal como hace un par de años las autoridades del Banco Central de Venezuela (BCV) y el ministerio de Finanzas, mostraban fotos a todo el país cada vez que llegaban lotes de billetes impresos tras el caos causado cuando fue desmonetizado el billete de 100 bolívares.

Una deuda impagable

El cuadro actual del gobierno es que está en default financiero, con empresas de envergadura global como Conoco Phillips exigiendo satisfacción por haber ganado un arbitraje contra Pdvsa; con deudas con China y con la petrolera de Rusia, Rosneft; con unos 5 mil millones de dólares sin pagar en el mercado financiero de deuda soberana; con la mayoría de sus funcionarios sancionados por el Departamento del Tesoro de EEUU, lo que les impide llevar adelante operaciones de cualquier tipo; con Pdvsa ahora sancionada sin poder vender activos en el extranjero para lograr dinero fresco; con una industria petrolera en decadencia total, que tiene su producción en baja y que se estima en pocas semanas caiga nuevamente de la última cota registrada en 1,4 millones de barriles diarios a 1 mbd. e imposibilitada de lograr nuevos préstamos o créditos, porque el único ente legalmente posibilitado de aprobarlos, la Asamblea Nacional (AN), el mismo gobierno la tiene inhabilitada o en desacato, además la otra asamblea, la ANConstituyente, no le sirve para negociar nuevos créditos porque no es reconocida por ningún país o institución financiera en el mundo. De esa manera el gobierno no puede seguir importando alimentos, medicinas, repuestos, vehículos, bienes de capital y esto indica que el colapso económico podría profundizarse en los períodos siguientes.

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En lo interno, el cuadro tampoco es halagador. La hiperinflación ha puesto al gobierno contra las cuerdas, porque no sólo afecta a la población, sino a todos los presupuestos públicos. Se estima que la inflación pueda llegar a 60.000% si siguen las mismas circunstancias, lo que generaría una demolición de prácticamente todo el sector productivo nacional.

Al mismo tiempo, si se revisa la economía en divisas, se ve que la recesión produce fuertes pérdidas a las empresas venezolanas, las cuales cada vez tienen menos valor debido a la fuerte caída que experimenta el bolívar.

Hay una situación latente y es que las refinerías venezolanas están paralizadas casi en su totalidad, la incapacidad de Pdvsa de importar los solventes para producir gasolina está golpeando fuertemente al sector y la producción del hidrocarburo podría verse paralizada totalmente en poco tiempo, lo que sin duda se sumará al colapso general existente.

Nicolás Maduro tiene un cuadro sumamente adverso, muy difícil de encarar. La caída de la producción petrolera venezolana ha estado impactando el precio en el mundo, llevándolo sobre 70 dólares po barril en las últimas semanas, lo que se pudiera interpretar como un alivio a las cuentas nacionales, sin embargo se está lejos de ello, dado que la caída de volumen productivo no permite a la administración Maduro aumentar los ingresos en divisas y es que precisamente la falta de crudo venezolano es lo que ha hecho que el precio esté en aumento. Para ello el presidente norteamericano Donald Trump ya está tomando previsiones y es que existe un consenso en el mundo petrolero que un precio sobre 80 dólares por barril no conviene. Arabia Saudita está dispuesta a responder por el crudo venezolano que falte, así como por el de Irán luego que el gobierno norteamericano salió del pacto nuclear de ese país para aplicar nuevas sanciones comerciales  en medio de la diatriba que sostiene con sus aliados europeos, quienes han manifestado mantenerse en el pacto.

Trump ha obligado a que los saudíes den un giro de 180° y estos podrán estar rompiendo con la OPEP para frenar la subida del petróleo sobre los 80 dólares el barril, un precio que sólo agregaría más problemas en el orden económico global. En los planes del presidente estadounidense para Norteamérica,  no le conviene un precio del petróleo fuera de control y la misma posición la tienen los rusos, quienes han manifestado que con un barril entre 60 y 70 dólares es suficiente.

En medio de esos gigantes, Venezuela, dejada sin producción y sin ingresos de cualquier tipo, hasta para sus más interesados aliados podría convertirse en una carga difícil de sosener.

 

 

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