Contra Maduro, hasta el Demonio

*Con la candidatura de Falcón se juega la que parece última carta del modelo Shannon para resolver la crisis política en Venezuela. Si fracasa, hablarán los “cañones” de Kelly y de Pompeo. Mientras tanto episodios traumáticos como el apresamiento de los directivos de Chevron indican que ya Maduro no controla el Estado.

Por Rafael Poleo

¿Cómo está la cosa? Turbia, pero aclarando. La candidatura de Falcón ha modificado el cuadro. Se presenta como un factor digno de considerar, sobre todo después que el Encargado de Negocios de EE.UU. en Venezuela dio margen de credibilidad a las elecciones de mayo al declarar que si el pueblo de Venezuela decide votar Washington respetará esa decisión, y agregar que todo depende de lo que pase después de esas elecciones. La lectura es que si Falcón gana, Maduro lo reconoce y Falcón asume para cumplir lo que ha dicho -incluso que se iría apenas resuelto el problema político-, Estados Unidos dará su bendición. Y Estados Unidos está en situación de hablar así, porque es el único que, con sus excedentes agrícolas y para regocijo de los agricultores de su Medio Oeste, puede resolver de inmediato el problema alimentario. A eso hemos llegado. De uno u otro modo se cumplirá lo que personal y públicamente este cronista le decía a Hugo Chávez: Tu aventura terminará con la pérdida de la soberanía.

Si lo de Falcón no funciona, la presión de Occidente sobre Maduro llegará rápidamente al máximo, lo cual, unido al hambre, le hará estallar. Díaz-Canel, nuevo presidente de Cuba, así como su padrino Raúl, está consciente de esto y retirará su gente de Venezuela más rápido aún de lo que fue retirada en Grenada. Padrino volará a Moscú vía Roma, Diosdado apelará a Shannon y los generales derrocarán a Maduro para, en rápida movida, salvarse negociando un mutis por el foro. Maduro será la pieza que alimentará a las fieras. Todo esto ocurrirá si no capitula antes de que el método Shannon, aún vigente, demuestre su inutilidad y se imponga la tesis expeditiva de Kelly apoyada por Pompeo, el duro de la CIA convertido en Secretario de Estado. (A propósito: Tillerson dejó el paso a Pompeo porque Exxon Mobil no va a cargar el muerto de lo que se deba hacer si Maduro se pone los zapatos de Salvador Allende. Considérese que Exxon Mobil deberá reingresar a Venezuela y prefiere hacerlo como si no hubiera quebrado un plato. Si todo marcha según lo previsto, eso será este año, luego del nuevo laudo arbitral que ratificará el despojo del Esequibo, otra desgracia que deberemos agradecer a la revolución).

Ya que hablamos de corporaciones petroleras, observemos que a Chevron no le funcionó la estrategia de convivencia con el régimen, dentro de la cual hasta concedió antier -apenas en 2015- la salvadora transfusión de un nuevo préstamo de 2 mil millones de dólares. Se sentía tan segura Chevron, que se atrevió a objetar la compra por PDVSA, su socia en Petropiar, de unos ladrillos refractarios con modesto sobreprecio -según Chevron, costaban menos de un millón de dólares y al intermediario, empresa ad hoc fundada en 2016 como proveedor exclusivo, le iban a pagar 12 millones. El general Quevedo aseguró no conocer del caso y prometió intervenir. Los ejecutivos de Chevron no tenían razones de inquietud cuando el Sebin se presentó y se los llevó. Ahora están en rehenes. Los demás, una lista como de cincuenta, salieron del país en desbandada horas antes de que se cumpliera la orden de apresarlos.

Hay razones para pensar que todo esto ocurrió a espaldas de Maduro. La experticia de Chevron es de lo poco que le quedaba a PDVSA para sacar petróleo, actividad de la cual se ha vuelto incapaz. Luego, el dramático episodio, que seguramente aprovechará Netflix, entorpece las gestiones del régimen para conseguir un venado que les preste algún dinerillo. Y, frente a unas elecciones en las cuales Maduro trata de parecer decentico, la salvajada es de lo peor que podía pasarle. ¿Quién, entonces, dio la orden? Cosa del Demonio, así con mayúscula.

Rafael Poleo

Director -Editor del diario El Nuevo País. Fundador de la Revista Zeta. Presidente del Grupo Editorial Poleo. Periodista. Analista político.

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