Compra de votos Vs. Megainflación

*Es una evidente carrera entre las entregas de un dinero sin valor, pero que algo de comida todavía puede comprar, contra la inflación que ese mismo dinero provoca. Son elecciones al estilo del chingo y del sin nariz.

Por Jurate Rosales

La esclavitud del Carnet de la Patria acaba de ser confirmada con una clarísima frase de Nicolás Maduro, pronunciada durante su actual campaña presidencial: afirma que él da los bonos, “pero ustedes deben votar por mí”. Ya anteriormente, en 2015, el voto también iba amarrado a la amenaza: “Al final del día revisen la nómina. Si tenemos 15 mil trabajadores, deben votar los 15 mil trabajadores, sin ninguna excusa”, enfatizó entonces Maduro. Sólo que ahora la amenaza es directa y va contra todos los que “no” votarán por él, si disfrutan de diversos bonos.

Esta es, de hecho, la verdadera campaña electoral de Maduro. El 19 de abril entró en vigencia su anuncio de que con motivo de la fiesta patria, será depositado el Bono Independencia a 10 millones de familias, por un monto de un millón de bolívares para cada una. Cito sus palabras emitidas por cadena de radio y TV: “Este mes de abril vamos a seguir fortaleciendo el Carnet de la Patria, el próximo jueves 19 de abril en el plan de apoyo económico, con el Carnet de la Patria, verificado en el código VQR, vamos a depositar 10 millones de Bono Independencia de un millón de bolívares”.

Los “bonos de la independencia” llegaron para sumarse a los entregados por el Ejecutivo entre diciembre de 2017 y enero de 2018, que  fueron “el Navideño y el Niño Jesús”, ambos para 4 millones de familias, y el de Reyes para 8 millones de hogares. Todos fueron por un monto de Bs. 500.000, si bien, megainflación mediante, los nuevos bonos son ahora millonarios. En febrero, Maduro aprobó el Bono del Día de la Juventud para 2.500.000 jóvenes; el Bono por el Día de la Mujer a cinco millones de féminas; el Bono de Carnaval para ocho millones de venezolanos y recientemente el de Semana Santa a 10 millones de familias, todo por un monto único de 700.000 bolívares c.u.

Los bonos emitidos por Maduro tienen todos una condición: son exclusivamente pagaderos a los beneficiarios que poseen el Carnet de la Patria. Están además los “bonos protectores” cuyo monto varía según el número de miembros en cada familia (por ej. familia de 6 miembros recibe Bs.1 millón y las “tarifas” son escalonadas según las familias, siendo la más alta para la de 10 “integrantes” – Bs. 1.680.000).

Es cuando aparece el control del Carnet de la Patria “vigente”, y Maduro lo recalca al tiempo que impone la revisión del criptograma inserto en cada carnet, al decir que deberá ser “verificado en el código VQR”. Se trata de un código que informa cuándo, cómo y en qué oportunidad fueron entregadas las dádivas y cuándo, cómo y en qué actividad el propietario de la tarjeta cumplió con los mandatos del gobierno – o del partido – sea en el acto de votar, o en el de recepción de las dádivas. Por ejemplo, durante la votación para elegir la Asamblea Constituyente, varios reportes indicaron que la mecánica era no colocar inmediatamente el papelito del voto en la urna, sino probar cómo se votó mostrándolo previamente al grupo que entregaba las dádivas. Aún así, la votación real fue mínima. De modo que ahora quizás intentarán reforzar los controles.

Ahora bien, con la avalancha de los llamados “bonos” que suman millardos de bolívares lanzados a la calle sin que tengan cobertura en las menguadas reservas del Banco Central, cada nuevo anuncio se transfiere inmediatamente a las cifras de la inflación, porque son cada vez más bolívares sin respaldo. Tanto así, que ya no hay ni siquiera dinero impreso en papel para representar ese monto, sino que todo es virtual y, por lo tanto, ilusorio. Se maneja por tarjeta en montos que sólo existen como una cifra hueca de valor, en una pantalla electrónica.

 ¿Alguien saca un beneficio de ese fraude? Me cuenta un testigo ocular, que en Pérez Bonalde, Catia, la plaza está ocupada por colectivos que venden todo tipo de mercancía por pacas – nada al detal, y en precios de millones de bolívares cada paca. Están protegidos por unos guardias nacionales. Los vendedores tienen cartelones informando que hay puntos de venta para cobrar con tarjeta de crédito y aceptan transferencias. Mercancía que ya no existe en muchos supermercados, como por ejemplo las grandes latas de leche en polvo (no las bolsas de 900 gr) allí es vendida por pacas.

¿Quién compra esa mercancía?, pregunto sorprendida. La respuesta es que son los “bachaqueros” que luego la revenden en las calles al detal, pero me agrega el testigo: es que todo eso es manejado por los colectivos,

Este testimonio me explica la asombrosa coincidencia entre cada nuevo anuncio de pago de “bonos” hecho por Maduro, y el inmediato salto que da el bolívar, generalmente al día siguiente o a lo sumo a los dos días. Lo cual se refleja inmediatamente en los precios, principalmente de la comida, y se traduce en lo que afirma Cendas, la fuente más precisa desde hace décadas en materia del costo de vida. Cito: “El precio de la Canasta Básica Familiar -CBF- de marzo de 2018 es Bs.75.446.014,83. Aumentó 22.765.113,85 bolívares (58 salarios mínimos), 43,2% con respecto al mes de febrero de 2018 y 6.960% entre marzo 2018 y marzo 2017”.

Agrega Cendas: “Se necesitaban 2.514.867,16 bolívares diarios para cubrir su costo, 6.4 salarios mínimos (Bs. 392.646,46).” Calculo que utilizan el verbo en modo pasado, porque hoy ya se necesitan más de 2 millones y medio de bolívares, para cubrir el costo de la Canasta Básica.

En conclusión, pareciera que estas futuras elecciones del 20 de mayo son ni más ni menos que una carrera de velocidad entre entrega de dinero para comprar votos, y aumento de la inflación para votar en contra del gobierno. Con razón, el gobierno las ha fijado 7 meses antes de lo previsto por la Constitución, porque para entonces la megainflación ya habría superado con creces cualquier monto de bonos. Lo que me intriga, es ¿cómo vivirá y comerá el venezolano después del 20 de mayo?

Jurate Rosales

Directora de la Revista Zeta, columnista en El Nuevo País con la sección Ventana al Mundo. Miembro del Grupo Editorial Poleo.

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