. La transición en la Unión Soviética

La transición en la Unión Soviética

Desde noviembre 2017, El Nuevo País y la revista Zeta respondie-ron a la restricción oficial de dejarles sin papel, ampliando su plataforma digital e iniciando programas filmados. Se foguearon en Miami, siguieron en Madrid invitando a importantes personalidades norteamericanas y españolas. Tienen previsto otro programa filmado en Perú. En Caracas, inauguraron un estudio de filmación en los locales de El Nuevo País.

La primera filmación realizada en Caracas a manera de tertulia, tuvo como conductor a Sergio Contreras, Gerente General de las publicaciones Poleo. El tema era “La transición en Venezuela y la experiencia europea”, siendo el invitado principal el profesor de la UCV y diputado en Miranda, Cipriano Heredia, quien analizó todas las veces en que Venezuela vivió su transición de un sistema a gobierno a otro. La interesantísima secuencia, cada una con las circunstancias que llevaron a cambios de gobierno en la Historia de Venezuela, es un tema global que abarca desde de los cambios ocurridos en Venezuela desde el liberalismo amarillo y la era post Gómez, hasta el derrocamiento de Pérez Jiménez, con sus respectivas lecciones. Para los adictos a la lectura inteligente, Cipriano Heredia accedió a escribir en breve su análisis en la revista Zeta.

La otra invitada fui yo, no sé si por ser de la casa, (ya saben, las palancas siempre sirven, dicho con sonrisa), o porque la vida me proporcionó un palco especial para ver de cerca el momento en que se inició el derrumbe del imperio comunista soviético.

Explico. Mi país de origen es Lituania y fue el primero en independizarse del imperio soviético, iniciando la caída, como en una fila de naipes, de las repúblicas que conformaban la Unión Soviética, imperio que en aquel momento abarcaba el Este de Europa desde el Báltico hasta el mar Negro y un tercio del continente asiático. Para Lituania, país de 3,5 millones de habitantes, hacer estallar ese imperio fue una hazaña que nadie hubiera podido imaginar.

Así que vale la pena analizar cómo lo logró.

La inesperada invitación

La Lituania independiente, democrática y próspera de entre las dos Guerras Mundiales (su moneda, el litas, era la más estable de Europa), fue invadida militarmente por la Unión Soviética en el año 1940. La transformación del país en una “república soviética”, comunista y perteneciente a la URSS, le costó a Moscú años de resistencia popular, arrojando la terrible cifra de una víctima por cada 4 ciudadanos. Mi propia familia fue diezmada (todavía hoy, envié con fecha del 9 de febrero 2018, mi repetida petición a través de la procuraduría lituana a la de Rusia, pidiendo darme razón del destino final de mi padre, quien fue un preso político en la prisión de Butyrka en Moscú y allí desapareció para siempre en 1941).

En enero de 1989 recibí en Caracas un SOS desde Lituania: “Estamos organizando un movimiento independista y necesitamos la presencia de periodistas extranjeros”.

A las tres semanas, estaba yo en Lituania. Entrevisté a los dos hombres clave del momento: el director de una orquesta sinfónica, V. Landsbergis, quien convertido en el líder del movimiento libertador, organizaba multitudinarios conciertos al aire libre, transformándolos en concentraciones políticas disfrazadas de música clásica. Mi otro entrevistado era el dueño del país, diríamos que el pro-cónsul nombrado por Moscú para Lituania, Secretario General del partido comunista lituano, A. Brazauskas. (El relato de ese viaje y las entrevistas fueron un serial en la revista Zeta, posteriormente difundido en español en América Latina, principalmente en Argentina).

El primero, el músico, me dijo “Estamos decididos a seguir adelante”. Al segundo, entonces cabeza  del gobierno comunista local, lo entrevisté a solas, largamente, mientras en la puerta de su despacho se impacientaban para entrevistarlo un nutrido equipo de la BBC con su parafernalia de cámaras y luces. Los dos a solas, hablamos largo y tendido. Contestó mis preguntas con una reveladora mezcla de cautela con brotes de patriotismo.

Al año siguiente, hubo en Lituania elecciones parlamentarias, en donde fueron electos 130 delegados y en la sesión inaugural, el  primer día de sesiones, 11 de marzo 1990, sin esperar declararon la independencia, con 8 abstenciones y ningún voto en contra. ¡Gran escándalo en Moscú! ¿Y no era que los candidatos debían ser todos del partido comunista?

La cabeza del gobierno de la República Soviética de Lituania, Brazauskas, fue llamado de urgencia a presentarse ante el Buró Político del partido comunista de la URSS en Moscú. Más tarde, me contó personalmente que lo presionaron durante ocho horas, con promesas y amenazas, exigiendo que anulara oficialmente al parlamento “independentista”. Resistió a todo. Cuando salió del Kremlin, encontró que ya no tenía ni su escolta, ni el avión oficial. Regresó a Lituania en vuelo comercial.

Poco después, en la conmemoración de la Revolución de Octubre (no la de Venezuela, sino de la revolución rusa), Moscú quiso mostrar su poderío con un gran desfile militar soviético en la capital de Lituania. A la mitad del desfile, la muchedumbre irrumpió entre las filas de los militares, creando un caos que fue filmado y donde se evidenciaba el estupor y confusión de la plana mayor. En aquel momento, nuestro hijo mayor, Luis Rosales, estaba en Lituania. Valiéndose de su pasaporte venezolano, recibió de los resistentes locales la filmación, salió inmediatamente en tren para Paris y al bajar del tren fue directo a la emisora de TV francesa, saliendo la película en el noticiero de esa noche.

Comenzó para los lituanos lo más difícil. En un país frío, con inviernos de temperatura bajo cero, Moscú cortó a Lituania el suministro del gas que servía para la calefacción. La gente se defendió quemando leña. Fue una época de todo tipo de presiones contra una población que, unida y decidida, se negaba a dejarse someter. Viéndolo ahora a distancia, sólo puedo admirar la unión que mostró toda la nación frente a las presiones.

En enero 1991, el Kremlin perdió paciencia ante lo que consideraban un enano que molestaba demasiado y hasta transmitía por su TV emisiones prohibidas. Enviaron tanques para tomar la torre de transmisión de la TV local, defendida permanentemente por la gente con una vigilia de 24 horas. Los tanques llegaron de noche, los de la vigilia rodearon la torre cogidos de las manos. Los tanques avanzaron y sus orugas empezaron a triturar a la gente. El ataque arrojó 14 muertos triturados y hubo centenares de heridos. Algunos de los manifestantes alcanzaron tomar fotos y las gráficas fueron inmediatamente publicadas en los medios occidentales. Al día siguiente, toda la población estaba en las calles. El clamor internacional fue un solo grito de indignación. Las fotos eran demasiado explícitas. Al mes de manifestaciones masivas y sostenidas,  la presencia soviética en Lituania cesó. Fue el primer país de la Unión Soviética en separarse y mostró el camino a los demás. Allí se inició el desmembramiento de la Unión Soviética en Europa y sobre todo, la separación de las repúblicas soviéticas en el Medio Oriente y Asia.

El primer presidente libremente electo de Lituania democrática fue el músico, Landsbergis. Hoy sigue siendo una figura política del partido socialcristiano, diputado en el parlamento de la Unión Europea. Para el segundo período presidencial, los lituanos eligieron a Brazauskas, el ex comunista que resistió la presión en el Kremlin. Fue candidato presidencial por el partido socialista de centro izquierda. Siguió un presidente proveniente de la diáspora que había regresado a Lituania después de año de exilio en Estados Unidos.  Finalmente, la actual presidente es una  mujer, tan popular que va por su tercer período. Políglota, ella habla en alemán con Merkel y se pelea en ruso con Putin. Cuando mi hijo Rimas estuvo en Lituania en 2014, la vieron en la calle en la histórica ciudad de Vilnius: “Venimos de Venezuela”, le dijeron y ella posó para la foto con la familia de Rimas Rosales.

Recapitulando, la secuencia fue: 1º un parlamento de oposición que tomó decisiones radicales e inmediatas, las cuáles no fueron acatadas por el régimen.  2º Dos años de intentos soviéticos de doblegar la población, básicamente con la penuria. 3º Un ataque asesino contra los manifestantes que produjo un escándalo internacional y 4º La salida masiva de toda la población a la calle. Tras un mes de esa situación, el régimen se dio por vencido.

Jurate Rosales

Directora de la Revista Zeta, columnista en El Nuevo País con la sección Ventana al Mundo. Miembro del Grupo Editorial Poleo.

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