Febrero en la bola de cristal

Enero – incluso con sus recuerdos del famoso día 23 – pasó más mal que bien, con los saqueos, los asesinados en El Junquito, los anaqueles vacíos y el hambre generalizado. Empezó febrero, famoso por su día 4 (que el gobierno festejó), con media Caracas súbitamente paralizada por fallas eléctricas y ahora con la certeza, de que la solución electoral de enderezar el país, por lo menos en estas elecciones anunciadas por Maduro, ha fenecido en la República Dominicana.

El febrero del trabajador

Como un amenazante recuerdo planea ahora sobre toda Venezuela la famosa fecha del Caracazo: 27 de febrero 1989. Aquella tragedia que hoy se menciona como un momento de quiebre nacional, se inició por algo que ahora se está repitiendo: el último día del mes, un alza de los pasajes produjo el estallido social. Muchísimo menos de lo que actualmente sufren a diario, en este febrero del 2018, los venezolanos en todo el país cada vez que necesitan movilizarse para su trabajo.

Empezando pues, con el tema de los pasajes, el costo de la movilización para ir al trabajo puede superar hoy el monto mensual del salario mínimo. Se inicia para el trabajador un círculo vicioso – prefiere no ir al trabajo y utilizar lo poco que tiene, haciendo una cola para comprar algo de comida. El problema es que ese círculo no es eterno, cualquier día se rompe, por las prolongadas ausencias al trabajo y porque ni el salario mínimo, sin costear pasaje alguno,  permite comer. Además de que la movilización es cada día más problemática por la ausencia de transporte público en autobusetes, de los que el número de unidades operativas es cada vez menor, debido a la escasez de repuestos o el costo prohibitivo de los que se consiguen.

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No hay cifras de la ausencia laboral, como tampoco hay cifras de la parálisis de empresas e incluso del freno existente en las actividades del sector público. Lo que hay, son las acostumbradas noticias del “no vino a trabajar, porque…”. Algunas veces la causa es “porque se fue del país”. Otras, porque no pudo pagar el pasaje, o porque se quedó haciendo una cola para conseguir comida.

De hecho, Venezuela entera inició este año 2018 en cámara lenta  aquel mismo febrero del 1989, como el mes cuando se llega al momento crítico.

Comer en febrero 2018

Extraña el empeño del estamento político – en gobierno y oposición por igual – que actúa, decide y anuncia, como si todos vivieran en una situación normal. Hoy, en Venezuela, nada es “normal”. La gente vive famélica y su única preocupación es conseguir comida. Las demás consideraciones pasaron a un segundo plano.

Votar a cambio de un paquete de arroz, o – con mucha suerte – una caja Clap de comida, es una prioridad superior al valor del voto. Los conceptos regulares de unas elecciones y sus propuestas, dejaron de existir, cediendo el lugar a lo más inmediato, que consiste en comer. Es a lo que juega y desde hace meses ha calculado el gobierno de Nicolás Maduro. Necesitaba establecer el calendario calculando el momento de la mayor necesidad de cada ciudadano, justo antes de tener que proceder a la mayor represión de un estallido social. Tanto así, que la ingenua pantomima del supuesto diálogo en República Dominicana entre gobierno y oposición, se extendió acorde con ese cálculo del tiempo. Si ahora, el gobierno logra superar el usualmente explosivo febrero y utilizar carnaval con Semana Santa de respiro en marzo y principio de abril, el cálculo le podría funcionar.

Febrero sin efectivo

Dónde el cálculo falla, es en materia de la asombrosa torpeza oficial en el manejo financiero. Es absurdo el invento de que las componendas económicas se deben a una aplicación de un plan de la nación, llamado Socialismo del Siglo XXI, porque los métodos para lucrarse arruinando al país son los mismos, eternos y universales, desde el imperio romano, la Edad Media, los absolutismos de los reyes y las debacles de la era moderna. La palabra a utilizar es que fueron “todos”. Todos sin excepción, fallaron en todos los tiempos y  todos por una sola causa: una mega inflación, creada por la codicia gubernamental que pensó enriquecerse multiplicando el dinero sin ampararlo en valores reales.

La lección de la Historia es que ese error lleva siempre a una sola consecuencia: la caída del gobierno que no respetó la norma de operar con valores reales. La más antigua prueba documentada es la caída del imperio romano, tras una gigantesca acuñación de monedas de cobre sin valor y la subsiguiente ausencia de pan por falta de trigo importado. Otro ejemplo famoso, es la Revolución Francesa, cuando el juego de dinero de papel sin valor, causó la ausencia de pan: la revolución francesa empezó con la toma de la prisión de la Bastilla y una marcha popular de París a Versaille, exigiendo pan. Las más recientes, han sido la hiperinflación de Argentina en los años 1989/90. La de Zimbabwe muy recientemente y ahora la de Venezuela, por las mismas causas del despilfarro que en Zimbabwe. Nuevamente, surge el tema del pan: los venezolanos hacen cola en las panaderías para comprar un pan… cuando lo hay (y que, por cierto, es malo, por ausencia del trigo canadiense, que es “duro” y la presencia del ruso, “blando”, para la confección de otro tipo de pan, gomoso, no crujiente).

La mega inflación venezolana, en vez de ser frenada, aumenta a mayor velocidad que los planes políticos del gobierno o por causa de ellos, debido a un alocado exceso de emisión de dinero supuesto a comprar votos, pero letal para ese mismo votante. Entre compra de votos e inflación, hay una carrera de quién aguanta más.

De manera que también en eso de la mega inflación, febrero puede ser explosivo en numerosas comunidades, agobiadas por precios que no pueden pagar.

Febrero militar

De poco o nada sirven en el estamento militar los continuos aumentos de sueldos y promesas de prebendas, cuando sus familias no logran comer completo, la tropa pasa hambre y la alta oficialidad vive agobiada de problemas.

Tengo entendido, que el primero y principal problema en toda la fuerza armada, es la continua vigilancia de fidelidad política al estilo cubano, aprendida a su vez de los demás sistemas comunistas. Hay creciente preocupación por verse atrapados entre labores de represión que pueden ser sujetas a acusaciones de lesa humanidad, y acusaciones de poco fervor revolucionario si se intenta de evitar esa clase de asignaciones. En la alta oficialidad, empezando por el propio ministro Padrino, pesan cada vez más las sanciones emitidas por la Unión Europea principalmente, que es donde la mayoría de los hoy sancionados están intentando resguardar a sus familias.

Es donde llama la atención que las sanciones dictadas por Estados Unidos y la Unión Europea, incluyan a la familia inmediata, lo que toca a los hijos, cuando muchos de ellos ya estudian en el exterior.  También colocan a la siguiente generación en la éticamente inaceptable disyuntiva de no responder por sus propios actos y convicciones, dado que han sido atados a los de sus progenitores. Los hijos de los sancionados son jóvenes atrapados en una trampa que no era para ellos.

Muchas de esas circunstancias podrían influir en toda la fuerza armada: el hambre, las sanciones, la familia. Entre los uniformados, podríamos tener un febrero que necesite definiciones.

Febrero internacional

La reciente gira del Secretario de Estado norteamericano Rex Tillerson, confirmando la política de la doctrina Monroe “América para los americanos”, con una mención muy directa de advertencia a las intromisiones china y rusa, definen un interés común del hemisferio occidental. Pareciera aquello como una copia al carbón de los acontecimientos – también venezolanos, qué casualidad – del bloqueo de La Guaira por barcos europeos, que terminó con la intervención norteamericana en febrero del 1903. ¡Febrero como que estaba predestinado!

La natural unión del hemisferio occidental, rota desde la intromisión comunista-rusa en Cuba, podría volver a reanudarse, siguiendo una lógica geográfica que las teorías políticas no pueden mudar a otros continentes. La propuesta de Tillerson de una cooperación económica continental entra en la lógica de intereses mutuos, que también son conjuntos. De manera que esta gira de febrero 2018, que esperó más de un año desde que el presidente Trump tomó posesión de su cargo, también se enlaza limpiamente en los cambios de febrero.

Jurate Rosales

Directora de la Revista Zeta, columnista en El Nuevo País con la sección Ventana al Mundo. Miembro del Grupo Editorial Poleo.

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