La advertencia de Milagros Socorro

El centenario PEN International, funda-do en 1921 y que hoy posee sedes en cien países alrededor del globo, otorga cada año el premio Oxfam Novib al escritor que más haya trabajado para defender la libertad de expresión y demostrado su coraje en circunstancias de persecución oficial. Era justicia, que en enero del 2018, la persona escogida entre candidatos del mundo entero, haya sido una venezolana, la periodista y escritora Milagros Socorro.

Inicialmente llamado “PEN Club” por su fundadora, una mujer, Catherine Amy Dawson Scott (1865 -1934) y posteriormente convertido en PEN International, el mundialmente influyente organismo lleva su nombre por Poesía, Ensayo, Novela, cuyos iniciales forman la palabra inglesa “pluma” (PEN). La mundial importancia del PEN INTERNATIONAL fue creciendo a medida que el mundo luchó contra las persecuciones nazis durante la II Guerra Mundial y desde entonces ha sido la bandera, para el gremio de escritores y sobre todo periodistas, que permitía resaltar el valor individual frente a censuras, persecuciones e incluso asesinatos por haber defendido la libertad de expresión. El PEN Club adquirió enorme importancia en Estados Unidos durante la II Guerra Mundial por convertirse en la palabra que denunciaba el nazismo, y a partir de entonces no hizo sino confirmar su lucha contra cualquier persecución contra el escritor o periodista que es víctima de una dictadura

A medida que crecía la importancia de la defensa de expresión en el mundo, hoy en día el Premio Oxfam Novib del PEN International, se ha convertido en el más importante reconocimiento internacional que se otorga anualmente a quienes luchan por la libertad de la palabra escrita. Es, simultáneamente, el campanazo mundial para marcar los países que persiguen la libertad de expresión.

La venezolana Milagros Socorro, al recibir el premio Oxfam Novib en La Haya, incluyó en sus palabras de agradecimiento una importante advertencia a todo país que, por descuido, podría caer en la circunstancia que hoy se vive en Venezuela. Fueron palabras tanto más importantes, en cuanto a que con la existencia del partido Podemos en España, el de “Francia Insumisa” y el de otros “insumisos” en Europa, la acotación era válida para cualquier país del globo.

Al reproducir las palabras de Milagros Socorro pronunciadas el pasado 18 de enero en La Haya para agradecer el premio Oxfam Novib, he aquí la advertencia que ella dejó a los europeos y al mundo.

La Haya, 18 de enero de 2018

Soy escritora y vengo de Venezuela.

Mi apellido, el que me legó mi padre, es Socorro, que en inglés significa Ayuda.

Mi país ha sido destruido por una dictadura que ha arrasado con la economía, las instituciones y las libertades. En las calles de Venezuela miles de personas hurgan en la basura para comer directamente de ella.

Pero yo no he venido a pedir ayuda para mí, ni para mi amado y castigado país. Yo he venido a La Haya a darles ayuda a ustedes. He venido a recordarles que las libertades no son islotes que flotan aislados unos de otros, sino que todas están unidas entre sí y ancladas en el cuerpo de la sociedad cuya sangre y vitalidad comparten. Sin libertades políticas no hay libertades económicas. Sin libertad de empresa no hay medios de comunicación, ni empleos para los periodistas, ni oferta plural para las audiencias. Y cuando todas estas libertades han sido abolidas, no es posible que haya libertad de expresión.

En Venezuela no hay libertades políticas, económicas, de empresa ni de expresión. Y, sin embargo, los periodistas venezolanos seguimos denunciando los atropellos y crímenes de la dictadura que ha secuestrado a Venezuela ante la mirada de la comunidad internacional que no ha articulado ninguna medida eficaz frente a la espantosa crisis humanitaria y los asesinatos que sin pudor perpetra el régimen.

Los periodistas venezolanos acusamos a la tiranía y a sus cómplices dentro y fuera de Venezuela, no porque las leyes y las destrozadas instituciones nos garanticen ese derecho, sino porque crecimos y fuimos en la democracia de Venezuela que durante cuatro décadas fue notable en América Latina. Tenemos la libertad en el alma como un farol que en medio de la noche guarda la llama y la proyecta.

Yo ejerzo la libertad de expresión que mi país no me garantiza. De eso no hay duda. Porque fui formada en la casa de mis padres, en la escuela y en la Universidad del Zulia en el compromiso con la justicia, con la verdad y con la belleza. Nací en la democracia de Venezuela y a ella me debo con todo mi corazón. No hay palabra, idea, determinación ni sueño que no hayan sido puestos en mi mente y en mi alma por la tradición democrática de Venezuela. No hay, pues, otro horizonte para mí.

He venido aquí a decirles que todo lo que damos por ganado puede perderse en un minuto. He venido a recordarles que la libertad de cada quien termina no donde empieza la del otro, como suele decirse, sino cuando es amenazada la del otro. He venido a sugerirles que cuiden y valoren sus democracias y sus libertades, porque los peligros que las acechan son reales y voraces.

El premio Oxfam Novib/PEN para la libertad de expresión es un inmenso honor, que agradezco en nombre del valiente e infatigable periodismo venezolano. Recibo este premio en nombre de mi gremio, al que mucho me enorgullezco de pertenecer. Y dono el dinero que lo acompaña a mi liceo, el Colegio San Pablo, de los Hermanos Maristas, en Machiques, mi pueblo cercano a la frontera con Colombia. Porque quiero contribuir a que los niños venezolanos de hoy tengan la oportunidad de formarse también en la libertad y en el compromiso con nuestro país.

Mil gracias.

 

Jurate Rosales

Directora de la Revista Zeta, columnista en El Nuevo País con la sección Ventana al Mundo. Miembro del Grupo Editorial Poleo.

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