. El mundo en 2018

La política internacional de 2018 dictará pautas determinadas por los nudos geopolíticos atados en este 2017 que está finalizando. En este sentido, China está consolidando su posición como gran potencia, toda vez una Rusia emergente y un EEUU aún anestesiado por el “efecto Trump” buscarán reconfigurar un equilibrio de poder mundial que se observa en algunos aspectos caótico y confuso.

 

Por ROBERTO MANSILLA BLANCO

Corresponsal en España

El frenético 2017 marcado por la presidencia de Donald Trump ha estado más bien determinado por la audaz diplomacia de Vladimir Putin y la consolidación de China como nueva potencia económica. La troika conformada por Washington, Moscú y Beijing seguirá siendo predominante en la política internacional durante 2018, atendiendo a dos escenarios clave: el desafío nuclear de Corea del Norte y las tensiones in crescendo en Oriente Medio. Las catástrofes naturales motivadas por el cambio climático preocuparán en este 2018, toda vez América Latina asistirá a otro decisivo ciclo electoral y político mientras la crisis europea abrirá un paréntesis determinado por la aceleración del Brexit.

Las pautas establecidas por esta troika estarán igualmente determinadas por los efectos de una crisis económica en la que aún no se vislumbra una salida clara. En ese sentido, el sistema financiero se verá cada vez más saturado por nuevos instrumentos monetarios (bitcoins), crisis en el sistema de pensiones, variaciones en las políticas demográficas y las inevitables tensiones geopolíticas y energéticas.

El zar Putin

Como viene sucediendo en los últimos años, un protagonista clave de la política mundial en 2018 será el presidente ruso Vladimir Putin. En marzo se asegurará un nuevo mandato presidencial, que buscará ampliar a seis años con reelección indefinida bajo reforma constitucional.

Putin ansía así consolidar su indiscutible liderazgo durante otra década más, fortaleciendo un sistema autocrático competitivo que le está reportando notables ganancias geopolíticas.

A mediados de 2018, Rusia también será la sede del Mundial de fútbol, evento que será aprovechado propagandísticamente por el Kremlin pero en el que la seguridad internacional deberá igualmente estar atenta ante posibles ataques terroristas. Todo ello se vislumbra ante el indiscutible éxito de Putin en poner las bases del fin de la guerra en Siria, para detrimento de un Estado Islámico (ISIS) que buscará ahora refugiarse a través de su posible expansión por la periferia rusa del Cáucaso y Asia Central.

La geopolítica de Putin tendrá otros escenarios clave, trazados por el avance del eje euroasiático con China, Irán y Turquía, la recomposición de un Oriente Medio en creciente tensión y las expectativas de consolidar aliados dentro del hemisferio occidental, particularmente en Europa Central y Oriental y América Latina (Venezuela, Cuba).

El “Mao del siglo XXI”

Paralelamente, China seguirá siendo la potencia en ascenso. Mientras Putin consolida su poder en Rusia, el reciente Congreso del Partido Comunista Chino (PCCh) celebrado en octubre de 2017 entronizó al presidente Xi Jinping como el “Gran Timonel” de una China que avanza a pasos agigantados hacia un capitalismo expansivo bajo sistema autoritario.

En este sentido, el nuevo “Mao” encarnado en Xi Jinping no buscará reforzar el poder a través de la ideología sino de la imparable maquinaria económica china. El proyecto del mundo del siglo XXI se está dictando en Asia Oriental, con China como epicentro.

Aquí se imponen los proyectos de infraestructuras y de expansión económica desde China trazados por las denominadas Rutas de la Seda, una terrestre que abarca Eurasia hasta Europa Occidental y otra marítima que pasa por el sureste asiático, el Océano Índico, el Golfo Pérsico y el mar Mediterráneo. La elite china liderada por Xi Jinping calcula sus expectativas en estos proyectos geoeconómicos y geopolíticos, bajo  la pretensión de hacer del siglo XXI el “siglo chino”.

La tradicional discreción y el pragmatismo de las elites chinas tendrán varios retos a tomar en cuenta. La tensión nuclear con Corea del Norte se vislumbra como el principal reto en materia de seguridad mundial para 2018. Ante las tensiones entre Trump y el líder norcoreano Kim Jong un vividas durante 2017, Beijing se erige como el verdadero factor de equilibrio en la crisis coreana.

Pero las Rutas de la Seda también implican los intereses de otros socios de Beijing como Rusia, India, Irán y Turquía, toda vez EEUU se muestra expectante ante el avance de estas rutas, principalmente en escenarios donde Washington tiene presencia militar, como son el sureste asiático (Taiwán) y el Golfo Pérsico.

Trump y Europa

La crisis de la democracia liberal en EEUU y Europa seguirá siendo predominante en 2018. Trump inaugura su segundo año en la Casa Blanca con claves más definidas tras un 2017 frenético en expectativas.

Con ello, Washington intenta “recomponer el mundo” (Trump dixit) a través del fomento de un “neoatlantismo” donde una Gran Bretaña fuera de la Unión Europea constituye una pieza clave.

En este sentido, Londres será protagonista en este 2018. El Brexit avanzará en sus negociaciones hasta su salida definitiva pautada para 2019. Esto dejará una Unión Europea diezmada, confusa y convulsionada, donde el hasta ahora indiscutible liderazgo de la canciller alemana Ángela Merkel puede paulatinamente verse eclipsado ante el renovado protagonismo que tendrá el presidente francés Emmanuel Macron.

La crisis socioeconómica europea seguirá dictando la pauta ante las tentaciones populistas y las tensiones separatistas (Cataluña, Escocia) ya vividas durante 2017. Pero Europa se sumirá en dilemas existenciales muy determinados por reacomodar sus intereses, si bien apostando por la vía autónoma o bien renovando un “neoatlantismo” de cariz anglosajón impulsado desde Washington.

Nuevo ciclo en América Latina

La región se prepara para un intenso ciclo electoral en 2018. Se realizarán elecciones presidenciales en países emergentes como Colombia (donde las FARC presentarán candidatura), México y Brasil, con el posible retorno de Lula y del PT, a pesar de los problemas judiciales.

Venezuela realizará también elecciones presidenciales donde el nuevo status quo impulsado por el “post-chavismo” de Nicolás Maduro buscará consolidar una nueva hegemonía política. La crisis venezolana seguirá siendo predominante a nivel continental pero se verá ralentizada por el intenso ciclo electoral hemisférico.

Otro escenario clave es Cuba. El próximo Congreso del Partido Comunista cubano (abril de 2018) definirá el adiós de la generación “castrista” en el poder desde 1959, dando paso a un relevo generacional donde el actual vicepresidente del Consejo de Estado, Miguel Díaz-Canel, puede convertirse en el sucesor en la escala de poder trazada por la nomenklatura cubana. La transición “post-castrista” dentro de la estructura de poder en La Habana tendrá obviamente su incidencia en la Venezuela “madurista”.

La “guerra santa” por Jerusalén

El reciente reconocimiento de Trump hacia Jerusalén como capital histórica del Estado de Israel marcará el escenario de tensiones latente en la región. Precisamente, en mayo de 2018, Israel cumplirá el 70º aniversario de su declaración estatal, un evento histórico que tendrá preocupantes repercusiones geopolíticas.

Por ello, Israel será actor clave en este 2018. Es posible que Washington acelere vía Arabia Saudita la posibilidad de un mayor reconocimiento diplomático hacia Israel por parte de países árabes. Pero mucho también dependerá del eje euroasiático dictado por Putin a través de Irán y Turquía, y de sus esferas de influencia a través del post-conflicto sirio.

 La caída ISIS en Siria e Irak implicará una fractura dentro del yihadismo que puede ser aprovechado por nuevas células, más atomizadas pero igualmente peligrosas. El “neo-yihadismo” post-ISIS buscará una nueva expresión en el espacio euroasiático de la periferia rusa así como renovará sus atentados en Europa y EEUU.

Por su parte, África será de nuevo un escenario parcialmente olvidado. La caída del régimen dictatorial de Robert Mugabe en Zimbabwe sería un claro avance si la transición hacia una democracia comienza a trazarse en este país. Por sus materias primas, el continente africano será igualmente clave para la expansión económica china.

Pero las epidemias en África marcarán la pauta también de la seguridad sanitaria y sus implicaciones políticas y socioeconómicas. El retorno del ébola o de la peste negra (Madagascar) son vistas con atención mundial.

Esto también repercutirá ante el aumento de la preocupación mundial por el cambio climático. Desastres naturales por inundaciones ya vividos en Centroamérica y el sureste asiático serán complementados con los efectos invernales que ya se sienten en Europa y EEUU. En otros escenarios, la desertificación implicará la preocupación por el acceso a fuentes de agua, que pueden generar futuras tensiones geopolíticas.

Si el bitcoin puede anunciar un posible nuevo sistema financiero y monetario, el 2018 también marcará las claves del mundo post-petrolero. Los avances en la investigación energética menos contaminante serán también latentes, contextualizados por la conciencia ecologista que está trazando el cambio climático. Pero también acelerarán las tensiones geopolíticas por apropiarse de estas nuevas fuentes de energía.

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