Personaje del Año 2017: Luisa Ortega, una mujer de leyes en medio de la política

Ser designado por el Consejo Editorial de Zeta como el Personaje del Año no es explícitamente un reconocimiento. Eso queda a juicio de cada lector. En los últimos años, han encabezado la lista personajes tan variados como el entonces dirigente universitario Yon Goicoechea en el 2007 al ser la cabeza visible del Movimiento Estudiantil, el alcalde  Metropolitano de Caracas Antonio Ledezma en el 2008, el director de orquestas Gustavo Dudamel en el 2009, el entonces secretario ejecutivo de la Mesa de la Unidad Democrática Ramón Guillermo Aveledo en el 2010, la rectora de la Universidad Central de Venezuela Cecilia García Arocha en el 2011, el entonces vicepresidente de la República Nicolás Maduro en el 2012, nuevamente el alcalde Ledezma en el 2013, nuevamente el Movimiento Estudiantil en el 2014, el entonces presidente de la Asamblea Nacional Henry Ramos en el 2015 y el Cardenal Baltazar Porras en el 2016.

Este año, le ha tocado a Luisa Ortega, la Fiscal General que se alzó contra el régimen. Aunque parezca que solo se rebeló contra la dictadura hace pocos meses, lo cierto es que lleva años deslindándose del proceso auto denominado como revolucionario y hoy no tiene reparos en aceptar que debió alzar su voz antes. Asegura ser una mujer estrictamente de leyes y esa sería la razón por la cual se mantuvo alejada de los micrófonos, dejando que la justicia siguiera su curso independientemente del tinte político. Podemos estar o no de acuerdo con eso, pero lo cierto es que tiene al madurismo temblando con su posición actual. Tras escapar de las garras del Sebin, fue a dar en Bogotá, pero no está sola. Con ella está buena parte de su equipo en el Ministerio Público, un grupo de funcionarios leales y preparados. Otra buena parte permanece en Caracas, agazapados para que la gestión fraudulenta de Tarek William Saab no los descabece, pero informando a la legítima Fiscal General de las andanzas del régimen en cuanto a la justicia.

Ortega movió los cimientos del régimen cuando se alzó públicamente el 31 de marzo ante el intento del Tribunal Supremo de Justicia de tomar por decreto las funciones de la Asamblea Nacional (AN). Su posición dio fuerza y legitimidad a las protestas que sacudieron al país durante casi cuatro meses. Fue una de las principales opositoras a la celebración de unas elecciones para elegir constituyentistas sin preguntarle primero al pueblo si, en efecto, quería una Asamblea Nacional Constituyente (ANC). Su oposición a ese fraude no fue perdonado por las fuerzas oficialistas, que nada más instalarse en el ilegítimo parlamento paralelo procedieron a destituirla y a nombrar en su lugar al ex Defensor del Pueblo, Saab.

El problema para el régimen es que la mayoría de la comunidad internacional no reconoce a la ANC, por lo que las facultades parlamentarias siguen estando en la AN y la Fiscalía General en manos de Luisa Ortega. De esa manera, no procede la ansiada reestructuración de la deuda sin que el legítimo Poder Legislativo lo apruebe y Ortega es recibida por sus colegas de distintos países para articular investigaciones en materia de corrupción, lavado de dinero, crímenes de lesa humanidad, violaciones a los Derechos Humanos (DDHH) y demás yerbas con las cuales experimenta el régimen. Lejos de las tenazas maduristas, la Fiscal General tiene en sus manos casos de corrupción de grandes dimensiones como los de Odebrecht, el Arco Minero, PDVSA, el Banco de Andorra, entre otros. Además, denunció ante la Corte Penal Internacional de La Haya a Nicolás Maduro y a seis generales por crímenes de lesa humanidad y violación a los DDHH. Es decir, contribuye decisiva y determinantemente al cerco internacional efectivo contra el poder de facto venezolano. Sin desmerecer el trabajo de dirigentes demócratas que han creado conciencia política mundial sobre la crisis venezolana, son las pruebas del quebrantamiento de la legalidad, evdenciadas a nivel mundial, las que harán efectiva esa preocupación mundial por la crisis del país sudamericano.

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Los orígenes de Ortega

Ortega Díaz nació en Valle de la Pascua, estado Guárico, el corazón agrícola venezolano ubicado en los llanos de la región central, el 11 de enero de 1958. Es abogado de la Universidad de Carabobo, con especialización en derecho penal en la Universidad Santa María y en derecho procesal en la Universidad Católica Andrés Bellos. Antes de ingresar al Ministerio Público en 2002, fue consultora jurídica de Venezolana de Televisión, el canal del Estado venezolano.   

El 13 de diciembre de 2007, fue designada como Fiscal General por la Asamblea Nacional, en ese entonces con mayoría chavista. Fue ratificada en su cargo para otro período de siete años el 22 de diciembre del 2014, también por un parlamento oficialista. Sin embargo, el mismo régimen la destituyó el 05 de agosto de 2017 a través de un decreto promulgado por la fraudulenta Asamblea Nacional Constituyente.

Su última gran investigación desde la sede del Ministerio Público en Caracas fue la de todos los crímenes de lesa humanidad y violaciones de los Derechos Humanos perpetrados por el Estado venezolano durante el lapso 1958-1998 por razones políticas. Lo hizo desde su posición como presidente de la Comisión por la Justicia y la Verdad, cargo en el que fue juramentada el 27 de febrero del 2013. Su cercanía al chavismo es innegable, pero su simpatía con el Palacio de Miraflores se termina cuando fallece Hugo Chávez y es sustituido por Nicolás Maduro, quien intentó por todas las vías maniobrar para sustituirla al frente del MP.

Entonces, tampoco se puede negar que Ortega Díaz es un personaje de la izquierda democrática que acompañó a Chávez porque genuinamente creía en esos principios. Ese grupo fue perdiendo influencia en la administración gubernamental a medida que la corrupción fue pervirtiendo los ideales y que aventureros sin convicciones se adueñaron de las sillas alrededor de un presidente sin formación ni equipo cuya psique estaba controlada desde La Habana.

La Fiscal General se define a sí misma como “una persona humanista, demócrata, respetuosa de los Derechos Humanos. Creo en un país sin etiquetas donde el pensamiento divergente no sea perseguido, donde todas las corrientes del pensamiento puedan convivir sanamente, donde no se persiga ideológicamente al contrario. En esa corriente me ubico, en una corriente crítica, de avanzada, progresista, que trabaje en función del bienestar de la población”. En Bogotá, donde instaló su base de operaciones en el exilio, conversamos con la Fiscal General de varios temas de actualidad, lo cual ha sido ya publicado en  este mismo medio y por nuestros amigos españoles de OKDIARIO. Sin embargo, quisimos ahondar más allá de la noticia que rompe el celofán. Regresemos al momento en que el chavismo perdió la brújula. “No te puedo decir cuándo se encontró o cuando se perdió. Yo he mantenido una forma de actuar constante y coherente. Yo me acerco a todos aquellos que piensen y crean en estas posturas que yo tengo. Mientras alguien piense así, pensaré como esa persona, pero me iré alejando en la medida que eso no sea así. ¿Cuándo perdieron la brújula? No sé, yo siempre me he mantenido clara”, evade Ortega al principio, pero inmediatamente calienta motores, profundiza y explica, como el político más hábil, qué quiere para los venezolanos. “El chavismo reunió en algún momento a un gran número de corrientes ideológicas, intelectuales, a las academias, a hombres y mujeres de avanzada, porque representaba una esperanza para el pueblo, pero después se distorsionaron los objetivos, los proyectos. Sin embargo, insisto en que yo siempre me he mantenido en la misma corriente. Si eso me acerca o me aleja posturas de otros, bueno, yo seguiré avanzando porque creo en lo que quisiera para los venezolanos y el mundo. Quiero un Estado ideal donde todos podamos convivir y tener un mínimo de felicidad. En Venezuela nos robaron la democracia, los derechos, los alimentos, los medicamentos, la esperanza y la alegría. Los venezolanos están tristes”.

Aunque evita decir formalmente que es de izquierdas, su ideario la ubica en esa corriente, quizás más socialdemócrata que socialista. Insistimos, y preguntamos si en Venezuela hay espacio para ese progresismo. “En este momento, no. Hay que sacar al ‘desgobierno’ primero, pero el pueblo venezolano es sabio. Quien subestime al pueblo venezolano está bien equivocado. Además de ser sabio, tiene madurez política y hay espacio para el progresismo”, responde, otra vez muy política. Hacemos un tercer intento. Entonces, ¿es posible en Venezuela una izquierda democrática? “Y una derecha democrática, y una socialdemocracia progresista, y todas las corrientes. De eso se trata, de que converjan las distintas corrientes de pensamiento”.

Si algo ha caracterizado a la izquierda en el continente americano es la necesidad de contar con un líder paternalista al frente. Fidel Castro en Cuba, Hugo Chávez en Venezuela, “Lula” da Silva en Brasil, Rafael Correa en Ecuador, Daniel Ortega en Nicaragua, Evo Morales en Bolivia o Néstor Kirchner en Argentina son ejemplos de ello. Es la pauta del Foro de Sao Paulo: el mesianismo. Sin embargo, una vez desaparecido el mesías, bien sea por su muerte o por la simple pérdida del poder al cual se suelen aferrar, el proyecto muere. ¿Cómo acabar con ese mesianismo?

“Romper con el mesianismo es difícil, pero quisiera que en Venezuela avanzáramos hacia la búsqueda del bienestar y no de de una persona que nos resuelva los problemas. Ojalá logremos esto, ya que sería un salto importante para la democracia. Siempre se está esperando al que va a venir a resolvernos todo. No, tenemos que ser nosotros (quienes resolvamos) desde nuestros espacios. Esos líderes repentinos, que surjen de pronto, son los que han llevado a Venezuela al atraso. No se escojen a los mejores, a los más capacitados, a los más estudiados, sino que son improvisados. ¿Cómo avanza un país? Con trabajo y estudio. Pero esos líderes repentinos no están preparados para las funciones públicas, ignoran las consecuencias de sus acciones. Esto trae corrupción. En Venezuela hay poca posibilidad de auditar las gestiones, las instituciones no son auditables. Cualquiera no puede estar al frente de un cargo público. Tiene que ser la persona más preparada, más capacitada, con la mayor vocación de servicio y, por supuesto, el conocimiento”, expone Ortega Díaz, colocando sobre la mesa una problemática que si bien señala a Chávez implícitamente también deja lugar a algo que se vive en Venezuela desde tiempos de la democracia: el compadrazgo a la hora de ser nombrado en un cargo público.

Al hacerle notar eso, la Fiscal se muestra inmediatamente de acuerdo, siendo obvio que es uno de los temas que más la indignan, porque a pesar de su habilidad para evadir elegantemente temas espinosos, Ortega es una mujer transparente para quien conversa con ella. “Hay que erradicar eso. En Venezuela hay que hacer profundos cambios, no solo en lo ético y lo moral, sino en la economía, la educación. Hay que hacer una campaña para incentivar la paternidad y la maternidad responsable. En Venezuela las políticas son improvisadas. Hay que ofrecerle un plan de gobierno al país. Un plan para la justicia. Actualmente se aplica lo de como vaya viniendo, vamos viendo. Una improvisación permanente. Así son con los planes de seguridad, los alimenticios, los económicos, los sociales. Para todo improvisan. No se sientan a evaluar las cifras, ni hacen un diagnóstico y menos un plan de trabajo. Por eso Venezuela está en ruinas”.

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El legado de Chávez

Desde que llegó al poder en el 2013, Maduro se ha afanado en asegurar que él es el hijo de Chávez y el único que puede continuar con su legado. Sin embargo, rápidamente hubo una escisión en las filas del PSUV que creó un chavismo disidente, el cual acusa al actual inquilino de Miraflores de traicionar al padre de la doctrina. Tocamos el espinoso asunto a Ortega. “Lo que te puedo decir es que demostró una gran incapacidad. Demostró no ser un hombre de Estado, por el contrario, violador de Derechos Humanos. Ha sometido a los venezolanos a la miseria, al hambre, a la inseguridad, quiere doblegar la voluntad del venezolano para sus intereses personales. Eso es lo que ha hecho. Tarde o temprano tiene que haber justicia por estos delitos, estas actuaciones al margen de la ley, violatorias de los Derechos Humanos. Se han apropiado los recursos del Estado y por eso es que el país está sumergido en esta miseria”, asegura, otra vez visiblemente indignada. “Destruyó el aparato productivo porque le interesaba una economía de puertos para tener todos los dólares. ¿Qué interés puede tener un pequeño productor si lo fueron cercando? En Venezuela no hay seguridad jurídica, no hay estabilidad. Cualquier persona que invierte en Venezuela corre el riesgo de que le expropien el negocio o se lo cierren”.

En esas condiciones, hablar de un gobierno democrático en Venezuela es complicado, si no imposible. La Fiscal General concuerda con esta posición. “Esto es una dictadura. Claro, todas las dictaduras tienen distintos matices. En Venezuela llama a elecciones el gobierno, no el órgano rector, y en condiciones de desventaja para los opositores. Los únicos que tienen privilegios son los del partido de gobierno, sus favoritos. No hay libertades. Son esos matices con los cuales se disfraza la dictadura. Convocan a elecciones, pero no libres. Ser demócrata no es solo convocar a elecciones. Ser demócrata es una palabra muy profunda”.

La profundización de esos matices, el haberse quitado la careta democrática y la disidencia en el proceso son factores que nos han llevado a diferenciar entre chavismo y madurismo. Le preguntamos a nuestra entrevistada si, en su criterio, eran dos corrientes distintas. “Bueno, no los evalúo desde el punto de vista de derecha, izquierda, chavista, madurista, etc. Los evalúo por el resultado. Como decía el Libertador, la mayor suma de felicidad que tenga el pueblo. No hay felicidad, no hay alimentos, no hay medicinas, no hay seguridad personal ni jurídica. Es un gobierno inservible y violador de los Derechos Humanos. Están atropellando y matando a los venezolanos, asesinándolos, desapareciéndolos. Hay un caso que consignaré ante la Corte Penal Internacional que es el de la desaparición forzada. Tenemos el caso de Alfredo Mora, una persona que vivía en el estado Mérida y presuntamente por algunas denuncias de corrupción que hizo fue desaparecido. Nosotros trabajamos en esa investigación. Seguramente (en Caracas) la desaparecerá el nuevo Fiscal General, el usurpador, pero trabajamos en esos casos. En Venezuela hay desapariciones forzadas, hay persecución ideológica, política, hay detenciones arbitrarias, asesinatos y torturas”.

Pero las denuncias de violaciones a los Derechos Humanos y crímenes de lesa humanidad no son nuevas. Tampoco las persecuciones políticas, las detenciones arbitrarias y las torturas. Aunque se han profundizado en el madurismo, existían también denuncias al respecto en tiempos del chavismo. ¿Cómo convivía la Fiscal General con eso? Prefiere referirse a casos más recientes, aunque en una de las entregas anteriores a estas quedó demostrada su posición en torno a diversas arbitrariedades, entre ellas las detenciones de los dirigentes políticos Antonio Ledezma y Leopoldo López. “Esto vino creciendo en los últimos años. He sido muy crítica en los últimos años con las acciones del gobierno pero en la materia que es de mi competencia. Yo soy la Fiscal General, por lo que mi propuesta es en torno a la justicia y los Derechos Humanos. Uno de los puntos que más critiqué fue el policial, violatorio de los DDHH. Sin embargo, con su designación al frente del Sebin, Gustavo González López se convirtió en el máximo exponente o el máximo ejecutor en materia de violaciones a los DDHH, así como la Guardia Nacional. Desprestigiaron a esos componentes. Antes, la Fuerza Armada tenía prestigio en Venezuela, inspiraba respeto, pero desprestigiaron a toda la Fuerza Armada”.

Sin embargo, el pueblo opositor no deja de ver con suspicacia a la Fiscal General que, irremediablemente, fue figura de la justicia chavista. Algunos, no entienden cómo Luisa Ortega, a quien ahora conocen mejor por su mayor exposición mediática, pudo guardar silencio durante tanto tiempo. Ella misma ha reconocido en este medio que no haber alzado su voz antes es uno de los errores que más lamenta en su gestión, aunque la prensa nacional se hizo eco durante varios años de sus desavanencias internas no solo con el régimen sino con la pareja presidencial en específico. Quizás por eso, por estar entre el chavismo disidente y la oposición tradicional, es que la Fiscal General llama a la unión. ¿Puede ser un puente entre ambas aguas?

“Mi mensaje es para todos los venezolanos. Un mensaje de unión siempre, de pensar en el país, todos los liderazgos políticos tienen que pensar en función del país y no en función de sus intereses personales. Tienen que trabajar, concientizar e internalizar que todo debe ser en función del país. Tienen que hacer esfuerzos por el bienestar de todos. Presentar propuestas serias, cuestionar y evitar la corrupción, denunciarla, no prestarse a la misma, no ser cómplices de delitos. Es en eso que debemos trabajar. Quienes tengan responsabilidad de Estado tienen que predicar con el ejemplo de la ética, la moral, las actitudes ciudadanas, las actitudes respetuosas. Yo lo que aspiro es a la felicidad de los venezolanos, que se logra por el camino de la libertad y de la democracia. No aspiro a caer bien o a que me ensalcen, lo que quiero es lo mejor para los venezolanos. Que podamos ir al supermercado y que en el camino no nos maten. Que el sueldo alcance para los alimentos, para tener acceso a la salud, como se lo merece la persona humana. Que puedan mantener a sus hijos y educarlos en buenos colegios”.

“No los veo como oposición o como de otro partido, los veo como venezolanos. Soy la Fiscal General de todos los venezolanos. Cuando atendía a alguien en el MP no veía de qué partido eran. Mi deber era prestarle un servicio público a todos por igual. Lamentablemente, hay otros que no ven al país de esa manera y es lo que nos ha llevado a estar divididos. Venezuela requiere la unidad de todos para salir de esta tragedia”, expone.

Para finalizar, el Personaje del Año 2017 vuelve al tema de la unidad, que hará resonancia no solo en el mediático pleito opositor sino en las distintas corrientes del chavismo disidente y hasta en el propio madurismo que ya no oculta las divergencias en torno a la candidatura presidencial. “Todos deben dejar atrás sus proyectos personales. Hay que tener proyectos de país. Si cada dirigente tiene su propio proyecto, no vamos a lograr resolver la crisis que hay en Venezuela. La unión, proyectos colectivos. No importa qué aspiración tiene el otro, solo que las acciones que se estén ejecutando vayan en pro de solucionar los problemas de Venezuela. El llamado que siempre hago es a la unidad. Tenemos que trabajar unidos, construyendo proyectos para el país”, zanja la legítima Fiscal General de Venezuela.

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Francisco Poleo

Vicepresidente Ejecutivo de la revista Zeta, el diario El Nuevo País y el portal de noticias http://www.enpaiszeta.com . Instagram: @franciscopoleor.

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