. ¿Aprenderemos el mandarín o el ruso?

¿Aprenderemos el mandarín o el ruso?

Temo que en materia de idiomas, en Caracas no se estudiará ni el chino, ni el ruso. Con el tiempo será el spanglish en Miami, el musiú en Venezuela y todos felices como antaño, cuando lo éramos y no lo sabíamos. Lo digo con mis esperanzas puestas en que así sea.

Firmar convenios por 250 mil millones de dóla-res tras una conversación de tres horas, es oficialmente el resultado de la visita de Donald Trump a China y su reunión “de trabajo” con el presidente chino, Xi Jinpin. Los medios internacionales informan que mucho de lo decidido ya estaba preparado de antemano y lo guardaron para realzar la importancia del encuentro. Esto no impide que la mera cifra refleje el poder económico de los dos gigantes que copan el actual mapa político mundial.

Apenas unos días antes, se había celebrado en Beijing el XIX Congreso del Partido Comunista Chino que culminó con la reelección de Xi Jinping, dándole poderes que sólo han sido comparados con los que tuvo Mao. El nuevo Comité Central del partido quedó conformado por seis líderes regionales, absolutamente leales de Xi quien gobierna a los 1.357 millones de ciudadanos chinos bajo una estricta política de control comunista doblado de capitalismo salvaje. Al juzgar por los reportajes que trascienden sus fronteras, con los años, el control se afloja en la misma medida en que mejora el nivel de vida de la población, mientras que lo salvaje del capitalismo empieza a adoptar normas más aceptables al resto del mundo desarrollado. Es precisamente en ese aspecto, que la visita de Trump a China el miércoles pasado, puso énfasis en la normalización de relaciones bajo criterios occidentales.

Lo anterior confirma, que el equilibrio político mundial ha cambiado desde el fin de la Guerra Fría. Los grandes bloques ya no son la difunta URSS y Estados Unidos, sino China y América.  Podríamos decir que ese cambio, que ya existía, ahora fue confirmado y con ese viaje de Trump a China, tomó formalmente forma. Se inicia una rivalidad inevitable entre las dos mayores potencias del globo, pero también ha de ocurrir una división de áreas de influencia. El área natural de Venezuela, es la americana.

El rol de Rusia

El anterior relato viene al caso por la situación de Venezuela, por el hecho de un cada vez menos intenso interés chino en lo que aquí ocurre y el creciente entusiasmo ruso por la quiebra venezolana.

Solo que Rusia ya no es la Unión Soviética que albergaba a 300 millones de habitantes en una superficie que, entre sus territorios en Asia y Europa reunía 22,4 millones de Km2, a los que había que agregar todos los países satélites de Europa oriental, incluyendo la mitad de Alemania y casi todos los países balcánicos. Hoy, sólo queda la Federación Rusa, con una población de 140 millones.

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Mientras las verdaderas dos mayores potencias del globo firmaban sus convenios por centenares de miles de millones de dólares en Beijing, ese mismo día, los chiquitos se ocupaban de sumas chicas. Putin prometía a Maduro una refinanciación de la deuda con Rusia. por la modesta suma de 5 mil millones de dólares. No los estaba regalando, sólo alargando el plazo para pagarlos. Estamos lejos de los tiempos cuando Chávez rescataba a Argentina de los Kirchner con 5,5 mil millones de dólares, financiaba la campaña de Morales en Bolivia, la de Ortega en Nicaragua y compraba voluntades a través de Petrocaribe, con Cuba como principal beneficiario.

Uno trata de recordar aquellas donaciones y se da cuenta del tiempo transcurrido así como del cambio de situaciones.

El actual poder de la Federación Rusa consiste principalmente en su fama anterior y su capacidad de interferir en otros países por la vía electrónica. Rusia es objeto ahora de una severa investigación en el Senado norteamericano por su presunto involucramiento irregular en la última campaña electoral norteamericana. Lo cual implica, que los planes de negocios Washington-Moscú, por ahora están bloqueados. La influencia mundial rusa – también se ha resentido.

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Para qué le sirve Venezuela a Rusia

Dudo que el presidente de la Federación Rusa, Vladimir Putin, quien utiliza su notable inteligencia en un supremo esfuerzo para aparentar que su país sigue siendo una gran potencia mundial, tenga ilusiones en cuanto a tener poder  en América a través de Venezuela. Sabe que el lema de Monroe, “América para los americanos” nunca cambió. Con un matiz electoral diferente, Trump repitió el lema al escoger como logo de su campaña presidencial, la frase “América para los americanos”. Tal como se presentan las cosas, hay clara voluntad americana a no aceptar a los intrusos.

Es imposible, en esa circunstancia, pensar en una relación de Venezuela con Rusia, como la tuvo Cuba con la Unión Soviética cuando además las unía su mutual apego a la ideología comunista. En el caso de Venezuela, ese concepto cuenta actualmente con el firme compromiso americano del llamado grupo de Lima que reúne a todos los países latinoamericanos, con la única excepción de Bolivia, Nicaragua y Ecuador. Ese grupo está decidido a dar una solución propia y local a lo que llaman “el caso Venezuela”.

Lo más que podría lograr Rusia, es aprovechar la ruina de PDVSA para asirse de la forzosa desnacionalización del petróleo venezolano, en lo que también trata de aprovecharse China. La entrega de las principales refinerías venezolanas a los chinos y los rusos, son sin duda una penetración de ambos en América en un campo muy estratégico, como lo es la fabricación de combustible. Precisamente por tratarse de un bien estratégico, es que encontrará fuertes resistencias regionales. Así que todas esas intervenciones rusas, a lo que parecen apuntar es a lo que Putin mejor sabe manejar: la intromisión en los países occidentales buscando debilitar la totalidad del frente occidental que considera adverso a sus planes de renovada expansión geográfica.  Con ese fin, coloca su cuña en todos los países occidentales donde logra influir.

¿Habrá convenios?

El reciente ensayo ruso de penetrar en Venezuela, contrasta con el aparente enfriamiento de la penetración china, que bajo la presidencia de Chávez y los primeros años de la de Maduro era intensa, para luego perder ese impulso. Es cuando uno se pregunta si y cuándo pudo haberse tocado el tema venezolano en la actual relación entre Trump y Xi, porque evidentemente, la presión china en Venezuela ya no tiene el empuje de los años anteriores.

Antes era lo contrario. Los chinos eran omnipresentes, montaban edificios hasta en el Fuerte Tiuna, mientras que los rusos sólo se interesaban en venderle a Venezuela diversos pertrechos bélicos. Actualmente se nota una diferencia y son los rusos que ven a Venezuela como una interesante meta en América.

Por esa misma razón, pareciera que la reacción continental que se conforma para tratar el “caso Venezuela”, será mucho más unánime en la medida en que aparezca el peligro de una intromisión ex soviética. Creo, sinceramente, que se trata de un ensayo de Putin, como los que hizo cuando intentó patrocinar una candidata presidencial francesa, incurrió en la ira de los alemanes con un primer ensayo de “meddling” en sus elecciones  y se le acusa de haber tratado de torcer las elecciones americanas. Pasarán los meses y veremos.

Jurate Rosales

Directora de la Revista Zeta, columnista en El Nuevo País con la sección Ventana al Mundo. Miembro del Grupo Editorial Poleo.

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