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Historias detrás del JM: Jesyerlyn Martínez, del olvido a la realidad

Con tan sólo 6 años de edad, Jesyerlyn Martínez ingresó al hospital JM de Los Ríos, producto de una complicación en su patología, síndrome nefrótico, que no permitía el correcto funcionamiento de sus riñones y justo el 31 de diciembre de 2016, la pequeña veía como sus dolores ya no eran calmados con medicinas y en vista de la escasez que se presenta en Guarenas, zona en la que vive en el estado Miranda, fue llevada por sus padres hasta Caracas, al Hospital de Niños.

Por Aureliano Ramos

Su ingreso por emergencia no salió del patrón común. Estabilizada y con los nervios más calmados, pasó a ser hospitalizada en el servicio de Medicina 2, en el que bajo los cuidados de sus padres, Yerseny Gutiérrez y Jesús Martínez, comenzó a mejorar de manera esperanzadora, en gran parte  gracias a los “plenos y satisfactorios cuidados y atención de la doctora Francios Crespo”, según aseguró la madre de Jesyerlyn acerca de la encargada del servicio.

Pero no todo fue color de rosa. A pesar de las atenciones adecuadas y los medicamentos al momento, Jesyerlyn sufrió como muchos otros pequeños, de la contaminación provocada por la bacteria acinetobacter, que además de fiebre no causó grandes complicaciones al ser enfrentada de manera eficaz con los antibióticos necesarios.

Junto a la bacteria, la niña enfrentó subidas de tensión frecuentes, “algo normal en su patología y controlables en su mayoría. Siempre manteníamos un control escrito de los valores de la tensión”, aseveró su madre.

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Para este momento, entre medicamentos para el colesterol y la ingesta de esteroides para controlar su patología, Jesyerlyn logró salir de alta el 13 de enero de 2017, convencida de no volver. Pero ni fue así.

El 12 de junio del mismo, la pequeña volvió a complicarse y esta vez, el cese completo de sus funciones urinarias alertaban sobre mayor gravedad en su enfermedad y de nuevo ingresa al JM, esta vez, a pesar de ser recibida en Medicina 2, no correría con la misma buena suerte.

Jesyerlyn se complicó en sobremanera y tuvo que ser trasladada al servicio de Nefrología el 26 de junio, para tan sólo un día después, ser llevada a sala  operatoria y recibir un catéter en el lado derecho de su cuello. No quedaba otra opción que la hemodiálisis en la pequeña y ya entraba en el mismo club que sus ahora amigos y vecinos, Rafael, Deivis, Winder.

Seguía la tensión altas, la fiebre, el malestar y cada vez se hinchaba más su cara y sus piernas, hasta que el  11 de julio fue encontrada una infección por pseudomona, tanto en portales del catéter como a nivel periférico. Ahora sí, Jesyerlyn estaba en el mismo unto de partida de la mayoría de los pequeños residentes del lugar.

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Colifin, Meropenem y Vancomicina comenzaban a ser los nuevos integrantes de la dieta de Jesyerlyn en el Hospital de Niños, acompañados de “comida buena, a veces se descuidaban, pero mi hija fue afortunada de contar casi siempre con buena alimentación, algunos fallos claro, pero muy pocos”.

El 5 de agosto, la pequeña sufrió hasta 5 convulsiones silentes, por lo que más allá de valores alterados y muchas horas de sueño, los padres y enfermeras no tuvieron mayor alerta en la pequeña. Lo cierto es que, producto de este episodio, Jesyerlyn perdió por completo la memoria y el 6 de agosto se le diagnosticó con “pérdida de conocimientos previamente adquiridos y habilidades neuronales”.

No recordaba a sus amigos, sus padres, no sabía cómo pedir el baño, no recordaba el dolor de cada inyección, el por qué estaba allí. Sólo sabía que tenía que soportar exámenes y tomar medicinas, tolerar el miedo y enfrentarlo sin más, estaba comenzando de nuevo a pesar del largo caminado transitado.

Luego de varios exámenes e incluso una punción lumbar el 9 de agosto, se le retiró el catéter a Jesyerlyn y se le medicó con antibióticos para combatir la pseudomona, “fue allí, cerca del 30 de agosto, donde mi hija comenzó a recuperar la sonrisa, la memoria y sus actividades cotidianas”.

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Jesyerlyn es una de las pequeñas que recibió ayuda de fundaciones, amigos y voluntarios, a pesar de “algunos conflictos para ingresar estos grupos, incluso tuvimos que realizar un acta las madres de Nefrología, porque ¿Cómo hacemos las que tenemos que estar durante meses? ¿Cómo costeamos exámenes, insumos? El Hospital me trató mejor que a muchos otros pacientes, pero lo cierto es que hoy en día no pueden cubrir todas las necesidades. ¡Un Yelko cuesta 13 mil bs! Y en ocasiones gastamos 5 en una sola muestra”, indicó Yerseny.

Para finalizar, la madre de Jesyerlyn enfatizó que “el Hospital me trató bien en comparación con otras compañeras, pero lamentablemente no todo está al alcance de sus manos por las cosas que se viven ahora, por eso es importante que fundaciones, voluntarios, anónimos y el sistema de salud, trabajen de la mano. Al final, son los niños quienes necesitan la atención, es por ellos, no por un puesto”.

El 1 de Septiembre, con una sonrisa enorme y un peinado tan coqueto como ella, Jesyerlyn, con ya 7 años de edad, salió de alta del hospital, muy feliz, habiendo ganado una batalla más en el sistema de salud inestable que se vive en Venezuela, del mismo sistema en que pequeños como Rafael y Deivis, amigos de Jesyerlyn, no pudieron salir.

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