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Esquelas: Noche en la ópera

 ¿Ya votaste? Si todavía no lo has hecho arranca para tu centro de votación con cualquier chuchería en el morral y quédate ahí, de plantón, hasta contar el último voto. Por primera vez en mi vida dejaré de votar, pero me sentiré como si lo hubiera hecho a través de ustedes. No pierdas tiempo leyendo esta crónica dominguera en tu casa, pero tampoco dejes de leerla, llévatela contigo para que la disfrutes en la cola y recuerdes cómo era la vida que nos dábamos allá, en Venezuela, cuando vivíamos en democracia.

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Cuando Caracas estaba a la altura de las grandes capitales del mundo, los venezolanos no teníamos que viajar más allá de nuestras fronteras porque mundo iba a Venezuela. Caracas era una ciudad Cosmopolitan, y en ella aprendí a amar la buena música, tanto la popular como la clásica. El Teatro Teresa Carreño, obra indiscutible de la democracia, algo así como nuestro Metropolitan Opera House, era el mejor teatro de Latinoamérica, y allí se representaron las mejores óperas del mundo y los grandes divos cantaron en esa maravillosa sala que atesora entre sus paredes los ecos de voces tan maravillosas como las de Luciano Pavarotti, Plácido Domingo, Montserrat Caballé, Dolora Zajick (uno de los máximos exponentes en el registros mezzo); la soprano dramática Aprile Millo, especializada en las interpretaciones de Giuseppe Verdi; la soprano italiana Katia Ricciarelli, entre otras divas. Por el Teresa Carreño pasaron luminarias como Claudio Abbado, Verónica Dudadota, Zubin Metha, Ricardo Muti, Juan Luis Guerra, Julio Bocca, Miguel Bosé, Joaquín Sabina, Chico Buarque, Facundo Cabral, Vikki Carr, Nathalie Cole, Isabel Pantoja, Celia Cruz, Paco de Lucía, Sara Baras, Ángel Corella, Raphael, Julie Kent, Maya Plisetskaya, Antonio Canales, Antonio Gades, El Cigala, Joaquín Cortés, Cristina Hoyos, Rocío Dúrcal, Raúl Di Blasio, Les Lutier, Armando Manzanero, Pablo Milanés, Martirio, Ricardo Arjona, Fito Páez, entre otras estrellas internacionales. Éramos felices y no lo sabíamos.

Todos esos recuerdos vienen a mi memoria al leer la nota de prensa de la Metropolitan Opera House sobre la recién inaugurada temporada de ópera 2017-2018 que tendrá 220 representaciones en 26 obras y 5 nuevas producciones, incluidos dos estrenos. Obras de 14 compositores protagonizados por los principales cantantes y directores de ópera del mundo.

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La temporada comenzó el 25 de septiembre con la puesta en escena de la obra maestra del bel canto Norma, de Bellini, dirigida por Sir Davis Mevicar, con Sondra Radvanovsky en el papel principal. Para la Noche Vieja, una nueva producción de Tosca, de Puccini, dirigida por Sir David Mevicar, con el director musical emérito James Levin (también ejecutará cuatro conciertos con el Réquiem de Verdi a partir del 24 de noviembre) dirigiendo a Sonya Yoncheva, Vittorio Grigolo y Bryn Terfel.

El espacio se hace corto para mencionar todas las representaciones, de manera que me centraré en el programa educativo de la Metropolitan Opera House para las nuevas generaciones.

El llamado HD en vivo en las Escuelas, es un programa que asocia 45 distritos escolares en los Estados Unidos, esto es, llevar las transmisiones de alta definición en vivo a los estudiantes y profesores. Las actividades académicas incluyen visitas entre bastidores para que los estudiantes aprendan cómo se hacen los disfraces y cómo se construye la magia en los escenarios. También realizan talleres de formación en las escuelas para alumnos y profesores. Incluye el aprendizaje en rondas de encuentros con los artistas para que los jóvenes interactúen con preguntas y respuestas sobre el bel canto y también tienen acceso a los ensayos finales –que para muchos entendidos estos ensayos resultan hasta más interesantes que la representación final. Esta temporada los jóvenes estadounidenses disfrutarán en vivo de La Flauta Mágica, Tosca, Elixir de amor, Cosí fan tutte. Este programa es generosamente apoyado por el Bank of América y la asociación del Departamento de Educación de la Ciudad de Nueva York.

Para que este costoso espectáculo pueda ser accesible a todo público, por tercera vez consecutiva la temporada no aumentará los precios de los boletos que oscilan entre los $25 a $480 para los 3.800 puestos del teatro del Lincoln Center.

Es una temporada de favoritos, de repertorio y de rarezas estimulantes, con algo para neófitos y aficionados por igual.

Entre los aficionados estaré en noviembre para disfrutar la puesta en escena de Thais, del francés Jules Massenet, cantada en el rol principal por una de mis cantantes favoritas, la soprano norteamericana Ailyn Pérez como Thais, una ópera basada en la novela de Anatole France del mismo nombre que narra la vida de una hedonista cortesana de Alejandría seguidora de Venus que se convirtió al cristianismo, Santa Thais. Una obra que, no obstante, su belleza de alto contenido espiritual se encuentra en el ranking de las obras menos representadas. Thais se estrenó en París en 1894. La Meditación de Thais es el momento más conocido de la ópera. Un clásico del repertorio violinístico, un bellísimo y emotivo solo de violín, una meditación religiosa, un momento de reflexión de Thais. Creo que osaré en escribir la crónica.

Bueno, así es la cultura en el Imperio.

 

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