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Esquelas: Pavarotti eterno

Un amigo lector me recuerda que el 6 de septiembre se cumplieron diez años de la desaparición física de Luciano Pavarotti Venturi, que le extrañó que yo, que amo a Pavarotti, dejara pasar por debajo de la mesa la redonda fecha. Me contó sobre las fotos posteadas en Instagram por Plácido Domingo a propósito del homenaje que el Arena di Verona rendiría a todo dar para conmemorar la primera década del adiós de Luciano. Cómo olvidar aquella voluminosa figura que llenaba los grandes escenarios con su imponente presencia e irrepetible voz de tenor lírico, único. Hablamos de Luciano Pavarotti, para mi modesto entender, el mejor tenor de todos los tiempos. Una voz como la suya solo se da cada cien años, según cuentan los entendidos. Cuesta hablar de Pavarotti muerto cuando yo lo escucho todos los días, porque no puedo vivir sin escucharlo a diario. Pavarotti vive.

Aprovechándose, pues, del luctuoso aniversario, la Arena di Verona montó tremenda gala lírica “Cien Aniversario” (¿otra vez, me dije?) en honor del fallecido tenor en el cual lo menos que se recordó fue al ilustre hijo de Módena, sino a los “Pavarotti and Friends”, esto es, Plácido Domingo (caballito de batalla de las casas de ópera) en el doble rol de cantante y director de orquesta, José Carreras, y Andrea Bocelli, entre otras estrellas fugaces del bel canto contemporáneo. Por supuesto, la crítica, la cual comparto, no se hizo esperar. Seamos francos, el leitmotiv fue un intento de la Arena de aliviar las menguadas arcas del famoso festival de la ciudad de los eternos amantes, Romeo y Julieta. Adela Veroni, primera esposa de Pavarotti, quien tanto ayudó al tenor en sus inicios en el bel canto, y que éste cambió por una más joven, comentó con tristeza que a su amor eterno le habría gustado ser recordado sólo como cantante de ópera.

Bueno, lo de los 100 Años de la Arena di Verona no es cierto. La Arena conmemoró por todo lo alto su primer siglo en 2013. El anfiteatro, acondicionado con una de las mejores acústicas del mundo, tiene capacidad para recibir en sus gradas de piedra caliza de Valpolicella a más de treinta mil personas, y ofreció su primer concierto en 1913, con la primera edición del Festival de Verona. De tal manera que fue en el 2013 su primer siglo como sala lírica, fecha que coincidió con los dos siglos del nacimiento del más grande compositor italiano, Giuseppe Verdi (Roncole, Busetto, 10-10-1813- 27-01-1901). La Arena celebró por todo lo alto, a casa llena, su primer centenario. Y allí estuvimos. Dos noches inolvidables, con la puesta en escena de Aída, montaje, por cierto, horrible, que Verdi, quien presenciaba los montajes de sus óperas porque exigía que se ajustaran rigurosamente a los libretos, jamás habría aceptado aquel bodrio de Aída, con grúas y caimanes mecánicos cual producción barata a lo Disney World. No así Nabucco, sencillamente espectacular, tanto en montaje como en interpretación y actuación de los cantantes; la belleza de escuchar Va Pensiero, el coro de los esclavos, en aquel escenario milenario, rodeado de antorchas sostenidas por los actores y el público. Inolvidable. Apenas cuatro años después, la Arena vuelve a celebrar otro siglo de su fundación como teatro lírico. Como edificio, el hoy Arena fue construido en el año 30 de la era de Jesús de Nazareth. Cierto, sí, es una de las estructuras romanas mejor conservadas, construido originalmente con piedra caliza blanca y rosada. En ese viaje inolvidable a Verona pude visitar el Museo Pavarotti. Quedé fascinada mirando sus objetos personales, sus estrafalarias bufandas, sus camisas floreadas, sus lentes, sus sombreros, sus cuadernos de notas, especialmente uno, el libro de apuntes que perteneció a Giuseppe Verdi que le regaló Nicoletta Mantovani, el amor del ocaso que le doblaba la edad. Pavarotti no le aguantó el trote a la bella muchacha. Murió de cáncer de páncreas en Módena, a los 71 años. A su funeral asistieron unas cincuenta mil personas. Su ataúd recibió una avalancha de aplausos a la salida de la Catedral de Módena. Andrea Bocelli, por cierto, cantó el Ave María de Verum, de Mozart. Y en este megaconcierto lírico de los “nuevos” 100 años de la Arena, Bocelli interpretó el Nesssum Dorma, de Turandot, que tantas veces cantó el tenor de todos los tiempos. ¡Pavarotti eterno!

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