Axel Capriles: La protesta se ha vuelto la única forma de socialización del venezolano

El clima de conflictividad en el que se encuentra el país, no solo desde hace 90 días sino desde hace 18 años, ha dejado a su paso casi un centenar de fallecidos. Prácticamente, uno por día.

Tanto el gobierno como la oposición han señalado su intención de radicalizar sus acciones lo que coloca al país en una situación en la que no pareciera abrirse un terreno para “reconciliaciones posibles”.

Sin embargo, para el psicólogo social, Axel Capriles, los factores en pugna llegarán a un “acuerdo necesario” dejando tras sí, una sociedad que tardará dos generaciones, por lo menos, en recuperarse.

-Desde su óptica, ¿cómo se ve un país que está a las puertas de un proceso Constituyente propuesto por el Presidente de la República y rechazado por la Asamblea Nacional y parte del Poder Ciudadano?

AC: El proceso constituyente es un llamado del gobierno que no encaja en el país. Es totalmente arbitrario y la gente no lo vive, no lo siente. No solo es un proceso rechazado por la Asamblea y la Fiscal. Es un proceso rechazado por la mayoría de la población general.

La gente siente que es una forma de toma del poder absoluto y creo que es un sentimiento generalizado que traspasa las líneas políticas y va mas allá de las diferencias. Se siente que es una excusa para seguir con el control de la sociedad venezolana.

Todo esto ha degenerado en un movimiento de 90 días de protesta con mas de 80 fallecidos. El país atraviesa una situación de violencia generalizada, ¿a qué se atribuye y cuáles son sus consecuencias?

AC: La sociedad venezolana esta destruida. Hay una fractura en todos los sentidos. No hay ya comunidad. Venezuela ha dejado de ser una nación, ha dejado de ser un país y es una especie de población ambulante encima de un pozo petrolero que, mal que bien, vive de alguna donación del Estado pero aquí, no hay un país.

Aquí hay una gran frustración generalizada, a todo nivel, que se vuelca sobre la violencia. Y es una violencia que vemos tanto del lado de la represión del gobierno que ha sido exagera, con ejemplos de maldad que eran impensables en la sociedad venezolana y también hay violencia cotidiana, simplemente conjugada con toda la protesta, en una sociedad desmembrada.

Es una sociedad en estado absoluto de anomia y en esa anomia, por supuesto, aparecen los instintos más perversos del hombre y es la violencia que vemos a todo nivel. Es algo que se esta volviendo incontenible.

-A su juicio, ¿se le escapó de las manos a la oposición las manifestaciones o todavía no?

AC: Se le escapó a todo el mundo. El país entero se le escapó al gobierno, a la dirigencia política de la oposición. La oposición ya no dirige obviamente las marchas. La gente esta protestando y no hay una fuerza, una dirección clara.

Siento que la gente participa porque siente que tiene que estar en la calle, porque es allí donde debe haber una salida. Pero, al mismo tiempo, esta allí, pero sin sentido de dirección. Sin un camino claro hacia dónde ir. Hay una gran confusión, una gran incertidumbre con respecto a lo que va a pasar.

Pero la gente siente que tiene que estar en la calle y que esa es la única solución. La gente siente que no hay vuelta atrás. No hay un país al que volver.

-¿Y qué tan grave es que la gente no tenga una dirección?

AC: Lo grave es que se esta cayendo en un desgaste generalizado. Y lo que vemos es que estamos cayendo en una situación de deterioro de la vida en general, donde la gente esta dividida en: o luchas políticamente o sales corriendo del país. No hay alternativa. No es una vida normal. No hay forma intermedia.

A la vez, la sensación general es que tiene que haber salida. Ya aquí, el gobierno no tiene un agarre de ningún tipo y se sostiene simplemente por poder, por represión y , poco a poco, se le va agotando ese hilo.

-Para usted, ¿ estamos, ahora si, en un punto de quiebre?

AC: Estamos en un punto de quiere pero lento. No es un quiebre en el que puedas salir al día siguiente con un golpe militar y cambien las cosas y eso es lo que ha caracterizado a la revolución bolivariana. Que todo ha sido muy lento, como poco a poco. Se han ido llevando a la gente al matadero poco a poco sin que se den cuenta y la forma de salida también va a ser, y eso es lo terrible, a través del deterioro.

Simplemente es una sociedad que se esta deshaciendo, que se esta desvaneciendo y llega un momento en el que, todo el mundo espera y allí esta la gran sorpresa de lo que va a suceder. Y la verdad es que, algo tiene que suceder porque no hay posibilidad de que alguno de los dos, oposición o gobierno, ceda y se vuelva a la vida normal. Ya no hay vida normal.

-Sin embargo, da la sensación de que el venezolano se acostumbra muy fácil. Pareciera entonces que, con las manifestaciones, la gente estuviese incluyéndolas en su rutina y que esa “no normalidad” estuviese siendo parte de la normalidad.

AC: Sí, y por eso han perdido la fuerza. Porque no tienen una dirección. No hay una protesta donde hay un liderazgo claro, con un mensaje donde se canaliza el descontento general hacia la toma del poder. Se ha convertido en un aspecto normal.

Pero a la vez, hay un hastío profundo. No hay vida, no hay sociedad. No hay nada. La protesta se ha vuelto la única forma de socialización del venezolano. Ya nadie se ve, nadie se encuentra sino que lo hace en las protestas.

Las protestas se han convertido en algo cotidiano y por eso, y es el peligro, se ha perdido fuerza política en ese sentido. Tiene que ser reconvertida y es donde estamos carentes. Tristemente, volvemos a esa necesidad del líder que sea capaz de movilizar las masas, de tocar emociones y que lleve todo ese descontento generalizado del país, porque es todo el país. Aquí se acabó el cuento de la polarización. Aquí no hay polirazación, aquí hay una voluntad de cambio pero no hay nadie que llegue y lo convierta en política.

Dentro de la misma oposición hay como mucha timidez. Un miedo a asumir posiciones. Hay como una idea de querer estar en los estándares políticos y la verdad es que, estamos viviendo una situación muy inusual y que nadie comprende verdaderamente.

-El 30 de julio se ha marcado, por unos y otros, como un día decisivo. Como si no hubiese mañana, ¿cuán grave puede ser para la psique del venezolano ese todo o nada?

AC: Yo creo que no habrá grandes cambios en el sentido real. Recuerda que, todos los cambios legales en Venezuela han sido una excusa, un lenguaje. Sí va a ser un símbolo en cuanto a que va a dramatizar más la lucha política porque es como el último aliento, el último empuje y por el otro lado, hay mucha gente que se esta yendo.

En este momento la deserción, el exilio, es brutal. Estamos en un momento muy confuso porque, por un lado esta el acelerador para contener el proceso totalitario y por otro lado, se esta en el momento en que cada quien dice “bueno, hasta qué punto yo sacrifico mi vida personal por la vida colectiva”.

-Pero, ¿no están interrelacionadas? ¿cómo se da una sin la otra?

AC: En Venezuela ahorita, no hay nada más que la vida política. No hay nadie haciendo otras cosas y, ¿cuál es la vida? Salir a protestar y no hay nada más allá de eso.

Yo veo que Venezuela está en esa disyuntiva de o “lucho por mi país y trato de lograr la independencia de mi país o me voy”.

-Pero no todos tienen acceso a esa posibilidad de irse, ¿Qué pasa con aquellos para los que irse no es una opción?

AC: No es tan reducido el grupo de personas que se esta yendo. Están saliendo millones. Me impresiona la cantidad de gente que se esta yendo a Bolivia, a Perú, a Chile. Hay un éxodo masivo por desgaste.

Hay mucha gente luchando por su sobrevivencia.

El gobernador de Miranda, Henrique Capriles, ha planteado reiteradamente que, de darse la Constituyente, Venezuela caería en una situación de anarquía con dos Constituciones. Serían dos paises, ¿usted coincide con esa lectura?

AC: Sí. Yo creo que la situación de anarquía esta dada ya. La anomia social no es una abstracción o un concepto teórico. La Constituyente va a ser un factor donde, gran parte de la población no la va a reconocer.

Estamos ante un Estado que se impone por la fuerza, a través de la represión y trata de contener a quienes no lo reconocen.

-Usted ve la posibilidad de un Acuerdo entre factores políticos para un gobierno de transición? Es decir, un gobierno con factores de oposición y oficialistas tomando decisiones

AC: Sí. Yo lo creo posible porque hay una desesperación. Ya nadie vive bien en Venezuela.

A pesar del rechazo a una justicia transicional, que es necesaria, hay una racionalidad sobre la necesidad de llegar a un acuerdo porque de esto hay que salir. Ahora, ¿se está gestando en este momento? No te puedo decir. Pareciera que hay cierto intento de conversaciones pero son muy difíciles porque también hay un rechazo de parte y parte.

Pero sí creo que tiene que llegar. Venezuela no es Cuba. No es una isla que puede ser controlada. Hay una efervescencia, una protesta en todos lados.

-Pero, ¿no han logrado tener un control por 17 años?

AC: La han logrado controlar, por supuesto. Pero cambio por muchos factores. El venezolano nunca había pasado hambre. La psicología del venezolano siempre ha sido de abundancia y ahora, el venezolano esta deseperado. El venezolano esta alzado.

El gobierno es hábil en el manejo de la anarquía pero una sociedad no puede vivir en una anarquía permanente.

-¿Cómo se logra un acuerdo si no hay un reconocimiento del otro?

AC: Por la necesidad. Creo que si no, el próximo paso serán grupos violentos y anarquizados de lado y lado. Hasta ahora, la oposición ha logrado, más o menos, tener a las personas en paz porque ha pregonado la importancia de la protesta pacífica pero está llegando a su limite.

Ante estos hechos violentos donde se lincha y quema a personas, se agrede a medios de comunicación o a personas por “parecerse” a otras, ¿se esta ante una histeria colectiva?

AC: Sin duda, la situación es de crispación. De que, cada día vamos encaminándonos a la violencia y que la forma pacífica esta agotándose. Porque estos métodos están enfocados hacia gobiernos que puedan tener algún tipo de sensibilidad con la población. Pero esa no es la situación venezolana. Al gobierno no le importa lo que piense ni sienta la población.

-¿Cuán grave es que el Presidente de un país diga que lo que no se logra por los votos, se logrará por las balas?

AC: Gravísimo por cuanto dice que todo lo que se había sostenido durante 18 años era mentira y que toda la prédica revolucionaria fue un simple argumento para mantenerse en el poder.

Y por otro lado, era algo que se sabía. Ellos lo han dicho.

-¿Abre el tablero de la violencia para todo el mundo?

Sí. Es una licencia para la violencia, sin duda.

-¿Cómo se recompone una sociedad luego de lo que ha vivido la venezolana?

AC: Eso es un punto complejísimo. Es un asunto de tiempos y que se va a dar en dos momentos: uno, el momento en que haya un cambio de gobierno, vendrá una recuperación económica muy rápida. Venezuela es como el país que espera el mundo entero para que tenga una recuperación económica porque hay que rehacer todo. Por lo que hay muchas posibilidades y con ello, un flujo de dinero grandísimo.

Sin embargo, el clima de anarquía que vivimos y la forma en la que nos hemos acostumbrado a comportarnos, va a tomar muchísimo tiempo. Recoger será muy difícil. Va a depender de un gobierno que tenga inteligencia para abordar el tema social. Que sepa cómo disminuir la presencia del Estado pero, a la vez, atender a una gran cantidad de personas que están desesperadas y que necesitan asistencia social.

Podría haber un conflicto de paradigmas. A los venezolanos se nos van dos generaciones en tratar de recomponer el país.

-¿Estaría la oposición preparada para ese reto?

AC: Yo creo que sí. Creo que hay potencial.

Foto Blas Santander / ENPaísZeta

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