La postura de Luisa Ortega coincide con el extraordinario ejemplo de rebeldía civil

Luisa Ortega, Fiscal General, ha introducido un recurso de nulidad ante el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) basado en el carácter inconstitucional de la Constituyente que intenta Maduro, con lo cual dispara un torpedo a la línea de flotación de un chavismo ya flaco.

Por Carlos Alberto Montaner

El haber iniciado ese trámite judicial deslegitima el proyecto de liquidar los vestigios republicanos que quedaban en Venezuela para instaurar una dictadura totalitaria calcada del modelo cubano.

La postura de Ortega, súbitamente apegada a Derecho coincide con el extraordinario ejemplo de rebeldía civil de decenas de miles de jóvenes que repiten una consigna tercamente heroica mientras los gasean y balean: “Calle sin retorno hasta que Maduro se vaya”.

¿Es posible? Puede ser. Maduro apesta. En marzo, el 21.1% de los venezolanos pensaba que Maduro debía terminar su mandato en 2018. Era poco, pero al menos una quinta parte lo creía. A principios de mayo, menos de 45 días después, el porcentaje de apoyo se redujo a 8.08. El país no lo quiere.

Estos datos vienen de una reciente encuesta nacional, muy bien hecha, auspiciada por la UCAB. Los números reflejan que el 89.02% piensa que Venezuela va mal o muy mal. No se trata de una percepción remota, pues ocho de cada diez venezolanos estiman que a ellos les va mal o muy mal.

¿Por qué? Por la escasez de alimentos y medicinas que es pavorosa. El 79% de los venezolanos culpa al Gobierno de ello, incluido el 44% de quienes se autocalifican chavistas. El hambre llegó a los cerritos. La indiferente legión de los ni-ni (ni con unos ni con otros) se reduce a la mitad. Ergo, el 77% respalda las protestas frente a un magro 17 que se opone.

La encuesta es larga, porque pregunta a los venezolanos cuál es la salida del laberinto. Naturalmente, los presos políticos, a la calle. Y consultas verdaderamente democráticas. Nadie quiere una guerra civil. Inmediatamente elecciones para gobernadores y alcaldes. Luego, la presidencial. El objetivo es enfriar la bomba potencial en una urna.

Mientras eso sucede, el 88.4% pide un canal humanitario para que los pobres coman y se curen. (Los pobres, gracias a la estupidez congénita del socialismo, son más del 66% del censo y siguen aumentando.

Si Vladimir Padrino, el general a cargo del manicomio, revisa la encuesta, verá que el ejército, la policía y los paramilitares están en la cola de los aborrecimientos, sólo superados en esa poco honorable “shit list” por los chupópteros de los países del ALBA, que son los grandes “chulos” de la riqueza venezolana.

Es el mejor argumento que tiene Padrino para quitarle el apoyo a Maduro. Los están hundiendo ante un pueblo que los admiraba. Los grupos más respetados son los muchachos que luchan y mueren, los empresarios que tratan de crear riquezas, los curas locales y las redes sociales que transmiten información.

Obviamente, Raúl Castro y sus militarotes intrigan para no perder esa fuente de ingresos, pero el chavismo sereno deberá admitir que no se puede ahogar para salvar a una isla parásita empeñada en vivir de la caridad ajena.

La encuesta termina con una frase certera: la libertad está cerca. ¿Cuándo? No dice. Son encuestadores, no magos.

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