Elecciones van, elecciones vienen, o no vienen

VENEZUELA, marzo 2017. La llamada “reva-lidación de los partidos” es otro episodio gana-do por Nicolás Maduro a la oposición, después de sus victorias del año pasado cuando llevó  a cabo un continuo cerco económico y judicial a la Asamblea Nacional, anuló el Referendo Revocatorio, destruyó el calendario electoral para gobernadores en 2016, y sobre todo, logró renovar las damas del Consejo Nacional Electoral, después de vencido su período y cuando el mandato constitucional exigía que la AN eligiese dos nuevos rectores.

En cada caso, privó en la oposición la ideología del apego a normas democráticas, frente a un adversario que sólo las utiliza cuando le sirven para ablandar a la oposición. Esa posición ideológica de la Mesa de Unión Democrática, asumida en plena consciencia de las desventajas que implica, quizás se debió al convencimiento de que la contienda no es de posiciones, sino de principios que al final, habrán de prevalecer. Lo cual es discutible y tendríamos que discutirlo. El último episodio a discutir, sería que a la MUD le tembló la mano cuando la gente estaba dispuesta a marchar sobre Miraflores. Allí se evidenció una situación real que nadie quiso plantear en términos directos: que ante la línea adoptada de apegarse a la democracia, a la MUD sólo le queda la búsqueda del apoyo internacional, como consecuencia de la pérdida de sus posiciones nacionales por razones de fuerza moral.  

La oposición, mientras más sacrifica la situación nacional, más estridente se le hace la protesta en los foros internacionales, indignados por los abusos del gobierno de Maduro, cada vez más enrumbados a una dictadura. No parece que esa sea una política decidida por la MUD, sino más bien el resultado de unas circunstancias donde mucho juega la ingenuidad (o ignorancia ante el comunismo y sus métodos) de algunos de sus líderes, que abren un flanco débil al adversario, casos de Lara y Zulia.

Desde ya, tenemos que Zulia forzó, con la ausencia en la Asamblea Nacional de los diputados zulianos claramente planificada para impedir el quorum cuando se trataba de elegir nuevos rectores para el CNE, lo que ahora son las consecuencias de un CNE reconfirmado como un cuerpo abiertamente obediente a Maduro. En otro flanco, esta misma semana, Lara torpedeó el frente unido necesario para obligar al CNE a dejarse de demoras electorales. Esa actitud larense rompió la unidad y forzó  a las demás agrupaciones a presentarse para una “revalidación” que no sólo impide anunciar fecha para cualquier elección, sino que abre el calendario para más pasos de morrocoy, tales como “revisiones” y “aprobaciones”. En Zulia y Lara, el interés personal superó la urgencia nacional.  

El foro internacional

Henry Ramos Allup, quien presidió la  Asamblea Nacional en 2016, describió con concisa precisión la situación a la que fue llevada Venezuela bajo Maduro, en un informe que pronunció ante el  XXV Congreso de la Internacional Socialista reunido en Cartagena, Colombia, la semana pasada (el texto del discurso está en la página 9 de esta revista). No solamente el cuadro que describió es completo, sino que Ramos lo presentó ante un foro internacional. De tal manera que después de un año de inmensos esfuerzos para resistir desde la Asamblea Nacional los continuos impedimentos impuestos por la acción concatenada de los Poderes Ejecutivo, Judicial y Electoral contra el Legislativo, el balance de la situación nacional es presentado no solamente ante una nación severamente impedida del disfrute de medios de comunicación libres, sino en la plataforma de un foro internacional. También ese hecho, visto bajo cualquier observación objetiva, es reflejo tangible de una situación interna inmovilizada y censurada.

El traslado del problema venezolano de la calle a los organismos internacionales, tiene sus ventajas y sus debilidades. En primer lugar está la actitud firme en pro de la democracia del Secretario General de la Organización de Estados Americanos, Luis Almagro. No menos importante es la acción del Senado norteamericano, donde una petición firmada por igual número de senadores del partido republicano y partido demócrata piden al Presidente Donald Trump sancionar a los funcionarios venezolanos incursos en narcotráfico y/o violación de derechos humanos. El propio Trump, al recibir a Lilian Tintori en la Casa Blanca y pedir en Venezuela la liberación de Leopoldo López y los presos políticos, agrega el peso del Poder Ejecutivo a la actitud del Legislativo en el Senado. No menos importantes son las declaraciones a favor de la oposición venezolana y exigencias al gobierno de Maduro provenientes de los presidentes de Perú y Argentina, además de las declaraciones de los parlamentos en América del sur, empezando por Chile y Brasil.

La acción se centra actualmente en lo que decida el Secretario General de la OEA, Luis Almagro, quien dispone de instrumentos de control democrático y posiblemente intentará lograr una votación de los países miembros a favor de imponer a Venezuela la Carta Democrática. Cualquiera que fuese la acción que emprenda, son procesos lentos. El estrangulamiento económico, mayor que el actual, sería una de las probables sanciones internacionales.

El comparativo caso de Ecuador

Desde el advenimiento de Chávez y posteriormente de Maduro, las veces en que prevaleció en Venezuela en momentos decisivos el principio de la democracia, se debieron a la Fuerza Armada. Sabemos que así sucedió cuando el generalato exigió de Hugo Chávez que acepte los resultados del Referendo que rechazó cambiar la Constitución por un orden dictatorial al estilo soviético. Fue el Referendo de la Reforma Constitucional de 2007, en el que Chávez exigía modificar 69 artículos de la Constitución de 1999, siendo que los dos principales cambios fueron calcados no tanto en lo cubano, como en la ex Unión Soviética, porque se trataba de nombrar a Venezuela “república socialista”  y entregar el control de la ciudadanía a los Consejos Comunales, copia de los “soviets” rusos.  Los votantes dijeron NO, pero se rumoró que la aceptación del resultado electoral se logró tras una tensa sesión celebrada la noche de los escrutinios entre el Alto Mando Militar y Hugo Chávez, quien presumiblemente hasta se habría lastimado la mano en un gesto de ira.  

La segunda vez en que el generalato impidió un posible desconocimiento de resultados electorales, parece haber ocurrido el 6 de diciembre 2015, cuando un control muy bien organizado por la gente frenó cualquier intento de torcer la votación y la abrumadora mayoría arrojada a favor de la oposición impidió arriesgarse a desconocerla.

En ambos casos, la aceptación de la derrota por parte del gobierno chavista, fue seguida de un lento desacato de la decisión popular. En el caso del referendo de 2007 que rechazó la creación de los Consejos Comunales, estos aparecieron por obra y gracia de una ley, que posteriormente fue reforzada con la creación de un ministerio encargado de ampliar su acción. En los comicios legislativos de 2015, y sabemos cómo el Ejecutivo ha intentado impedir cualquier acción decidida por la mayoría de la Asamblea legalmente electa.

Es interesante observar una repetición del referendo 2007 venezolano con lo que ocurre actualmente en las elecciones del 2017 en Ecuador, país cuyo Alto Mando Militar acaba de declararse custodio de la pulcritud electoral y denunció maniobras sospechosas por parte del CNE ecuatoriano.  Más interesante aún será seguir lo que ocurra ahora en Ecuador, donde el todavía presidente Rafael Correa, acaba de destituir al ministro de la Defensa que hizo la denuncia, pero se topó con un frente aparentemente compacto del Alto Mando.

¿Actúan los militares por respeto a elecciones democráticas o por natural preocupación de tener eventualmente que sofocar una rebelión de la ciudadanía? Vaya Usted a saber, pero esto es lo que está a la vista. ¿Y Padrino, qué piensa de esto? Cuando llegue el momento, ¿represará o acatará? Quizás por eso, es que Maduro maniobra a que no haya elecciones.

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