Medidas agarradas con alfileres

Las bolsas Clap esconden el hambre, pero no la quitan y baste un tirón – por demás dado en paz –  para que la cortina de engaño se caiga. Por suerte para Maduro, no aparece quien diera el tirón. 

Es de recordar que la gran marcha de la oposición anunciada en noviembre, nunca se dio. La MUD cedió a la presión del Vaticano y demás grandes poderes del globo, todos ellos temerosos de repercusiones que los afectarían si, en su lógica, Venezuela se “desestabilizaba”. Ninguno de esos “poderes” era capaz de comprender que la Venezuela democrática empezó a desestabilizarse hace años, desde el día  en que Hugo Chávez visitó por primera vez a Fidel Castro.

Todavía recuerdo al joven Chávez en posición firme, dando el saludo militar de subordinado a Fidel Castro en la Universidad de La Habana. Fue en diciembre de 1994. Ni siquiera era candidato, pero es a partir de ese día que la desestabilización de Venezuela ha sido cuidadosamente cincelada por los joyeros cubanos. Sólo que lo que empezó como trabajos de filigrana en manos de Fidel, se desvirtuó a golpes de martillo en las de Raúl y termina con hachazos asestados por Maduro. ¿Qué más desestabilización que la de Venezuela desde 1999?

   El argumento de la desestabilización  será bueno para otros, pero para los venezolanos que viven en el país, es el que más daño les ha hecho, porque frena cualquier intento de sanear una economía hambreadora e inflacionaria. Principalmente cuando valiéndose de ese manto, el propio gobierno cree que puede alargar su permanencia adoptando medidas que no tocan los problemas de fondo y se limitan a buscar subterfugios  imposibles de sostener a largo plazo.

  En la actualidad, el subterfugio en el que aparentemente Maduro ha centrado su mayor esperanza, es la distribución de los Clap (siglas por Comités Locales de Abastecimiento y Producción, que pasaron a ser el nombre de una bolsa de comida). Según información oficial cada bolsa “Clap” debería contener harina de maíz, aceite, arroz, pasta, leche en polvo, caraotas, azúcar y café, pero rara vez contiene todos esos rubros, faltando a menudo los más importantes, como el aceite y la harina de maíz. Por ahora, cada bolsa es vendida una vez al mes a la familia “censada recibirla” y las cantidades son mínimas – por ejemplo un solo paquete de harina (1 Kg), uno de leche en polvo 900gr., una botella de medio litro de aceite… cuando los hay. La familia receptora de la bolsa mensual, debe pagarla. Actualmente el precio de “una bolsa Clap” es de Bs.10.000. Recuerden que la Clap es mensual y el sueldo mínimo mensual en este momento es de Bs.40.638, que son para todos los gastos del mes. 

La distribución de las Clap se inició en el segundo trimestre de 2016 a través de los Consejos Comunales y de inmediato se desvirtuó a un jolgorio de corrupción, por la diferencia de precio entre los rubros Clap subsidiados y su valor en el mercado.  Fue necesario quitarles a las Comunas la confección de las bolsas y entregar esa tarea a la Fuerza Armada, súbitamente convertida en pulpero. Olvídense del Esequibo y vigilancia de fronteras – los generales tienen cosas más importantes que atender.

Según testigos, la mayoría de los alimentos incluidos en las Clap en este momento son importados de Estados Unidos y México. Los Centros de Empaquetado de Alimentos para las Clap pasaron a las instalaciones militares (Fuerte Tiuna) y las de la provincia estarían bajo la custodia militar conjuntamente con personal del Ministerio de Alimentación. Un caso a señalar es la situación del estado Bolívar, víctima en diciembre de una ola de saqueos que dejaron a la población sin existencia de alimentos en el comercio. El gobernador de la entidad, Francisco Rangel Gómez, acudió en enero a Fuerte Tiuna, pidiendo establecer un Centro de Empaquetado en su estado.  Otra petición de ese tipo fue aceptada para el estado Zulia.

Quiénes y en qué condiciones importan los alimentos para las Clap es un misterio, salvo que la información oficial es que todo está en manos de la Fuerza Armada y el Ministerio de Alimentación.  En diciembre pasado, el Tribunal Supremo de Justicia dictaminó que de ahora en adelante, la Fuerza Armada no tendrá que rendir cuentas a la Contraloría de la Nación y sólo dependerá de la Contraloría de la Fuerza Armada Bolivariana. (Tengo razones para no desconfiar del ministro de la Defensa Vladimir Padrino y su entorno profesional, pero me pregunto a quién o quiénes iba dirigida la decisión del TSJ).

Pese a que el promotor de las Clap, el PSUVista de línea dura, Freddy Bernal, afirma que pronto se distribuirán 6 millones de Clap mensuales y pese a que Maduro ligue las Clap con la entrega de una Tarjeta de la Patria dotada de información criptográfica, el plan de “captar votos cautivos” por esa vía, no resiste  la comparación entre una bolsa Clap y la inflación anunciada para 2017 de un 1.600% (FMI dixit). Bernal explica que por cada familia que recibe las Clap, el gobierno tendrá como mínimo dos adultos votando, pero la desproporción entra esa dádiva mensual y la inflación diaria, permite dudar del cálculo.

Cuando en el popular mercado de Guaicaipuro al 1º de febrero 2017 los ingredientes básicos de la cesta alimentaria del venezolano cuestan (según listado oficial) 1 kilo de: tomate, Bs.4.500;  cebolla Bs.4.000;  pimentón Bs.4.500; pollo Bs.6.500, carne molida Bs.6.980 y queso blanco Bs.7.890, el ama de casa poco puede hacer con el kilo de harina mensual que recibe en la Clap. Agréguele lo clásico de la mesa del pobre: el cartón de huevos Bs.6.980 y las sardinas en “no hay”.

A medida que el gobierno insiste en imprimir billetes (que ahora los habrá de Bs.20.000 – cosa nunca antes vista en Venezuela), la inflación seguirá su curso no sólo para los alimentos, sino en todo lo relacionado con la vida diaria. De hecho, la dolarización es la que manda y los precios se calculan corrientemente en Bs.3.000 el dólar como mínimo, partiendo del precio internacional de cada rubro. El hambre seguirá campeando y la desesperación también.

La economía global, con sus precios, sus alicientes, sus presiones políticas de alto nivel, estará allí y esta vez no obligará a cancelar marchas. Por el contrario, ahora es cuando tendremos, igual que el mundo entero, Trumpos  y Tillersonos a granel. Y recuerden: ningún sistema comunista se enmendó con un diálogo, todos lo hicieron con la gente en la calle. 

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