El turco en la antesala

     Venezuela es un país tutelado por un poder externo al cual paga tributo. La mayoría piensa que el actual presidente es colombiano, posibilidad menos grave que la realidad: es cubano, en cuanto responde a los intereses de Cuba.

     Si, como sueña la mayoría de los venezolanos, Maduro es desplazado,  el próximo presidente sería sirio, producto de la audaz jugada en la cual Maduro nombró sucesor a Tarek El Aissami, ciudadano sirio de alto relieve entre los factores que en América Latina responden a la estrategia del más radical sector islámico. Como Vicepresidente de la República, El Aissami terminaría el período de un Maduro destituido. Ya el Tribunal Supremo le allanó el camino al dictaminar que la binacionalidad no es obstáculo.

    El posicionamiento de El Aissami en la antesala del poder total fue una jugada protectora de Maduro, pues la destitución del Presidente significaría entregar el país al terrorismo árabe, que son palabras mayores. Ayer, el presidente Trump ratificaba su determinación de erradicar la corriente política que éste representa. Los venezolanos quedamos en el centro de un entierro en el cual no tenemos vela, salvo que ese entierro sea el de Venezuela como nación soberana.

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