No podemos dejarlos solos

La reciente Exhortación Pastoral emitida por la Asamblea de la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV) no es un documento ordinario o protocolar, sino un llamado dramático y verdadero sobre la tragedia que padece Venezuela. La CEV la denomina “oscuro panorama”, “realidad extremadamente negativa”. Denuncia sus aspectos más peligrosos y expresa que “nunca antes habíamos visto tantos hermanos nuestros hurgar en la basura en busca de comida”… Tal cual la crisis humanitaria.

La Exhortación se refiere a “la cultura de la muerte en la que estamos sumidos”, y por la calle del medio señala que la causa fundamental de todo esto es “el empeño de imponer un sistema totalitario”. Plantea con acierto que la alternativa es entre el (llamado) socialismo de siglo XXI, ausente en la Constitución, o el sistema democrático establecido en la Constitución”. Se hace obvia la opción que favorece la CEV, y de paso la mayoría abrumadora del país.

En el documento se asocia al poder en funciones con la intolerancia, la autosuficiencia, la corrupción masiva y la descalificación ética. Pero la CEV no se limita a inventariar los males que agobian a Venezuela, sino que propone un camino de superación: “El pueblo clama por un cambio profundo de la orientación política del país que sea producto de la decisión del pueblo soberano”.

En este exacto sentido, los obispos se fundamentan en la carta decembrina del cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado del Vaticano, que identifica cuatro necesidades básicas para abrir caminos de superación: enfrentar con urgencia la crisis humanitaria, definir un calendario electoral, restablecer la autonomía de la Asamblea Nacional, liberar a los presos políticos. Nada de lo cual, por cierto, se ha llevado a cabo por la negativa reiterada de la hegemonía.

Al contrario, la situación se ha agravado desde el diálogo fallido, y tanto la retórica como las ejecutorias del poder van en el sentido de seguir cerrando cualquier posibilidad de salida democrática. El propio Papa Francisco se está haciendo eco del “oscuro panorama”, con sus constantes alusiones a la crisis de Venezuela.

La Conferencia Episcopal Venezolana ha puesto el dedo en la llaga con su Exhortación Pastoral. Y una exhortación no es sólo una advertencia o un aviso sino un llamado a la participación, a la lucha, al esfuerzo comprometido. Los obispos están haciendo lo que les corresponde en verdad y justicia. No podemos dejarlos solos.

flegana@gmail.com

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