Cuatro hombres

En el pórtico de Zeta dejé establecida, hace más de cuarenta años, una frase de Martí que ilustra la entereza con que algunos hombres asumen responsabilidad y riesgo cuando la patria está en peligro. Hoy la recuerdo a propósito del comportamiento de cuatro venezolanos en la actual etapa trágica. Otros hay que han actuado con semejante decoro, pero justo ahora, cuando personajes y personajillos que no ha disparado un guáimaro se erigen en sumos calificadores, es de justicia reconocer la tarea cumplida por Henry Ramos Allup, Julio Borges, Ramón Guillermo Aveledo y Jesús Torrealba.

Ramos Allup y Borges han construido instituciones políticas sin las cuales la aspiración democrática no tendría sostén. En el caso de Ramos Allup fue una reconstrucción, la de Acción Democrática, eje de la política venezolana que en 1998 colapsó cuando sus dirigentes se desbandaron -los que no ofrecieron las posaderas-, ante la ofensiva de los bárbaros. Julio Borges ha construido, en años de tenacidad y paciencia, una alternativa válida que agrupa a la derecha democrática huérfana por la defección de copeyanos que adhirieron la nueva ola o simplemente se recluyeron en sus casas. Lo de Ramos Allup y Borges no son discursos ni banalidades de twitter. Es obra concreta, esa por la cual las personas serias evaluamos a nuestros semejantes.

Aveledo asumió la conducción de la Unidad Democrática cuando parecía imposible poner de acuerdo tantos intereses. Logró ese objetivo fundacional gracias a su autoridad moral y su persuasiva racionalidad. Cumplida esa tarea, la vocería de la MUD recayó en Chúo Torrealba, quien, como Aveledo en la etapa anterior, ha sido el hombre adecuado a las circunstancias.

A riesgo de provocar la inquina de envidiosos, malagradecidos e intrigantes, especies abundantes en la Historia de este país, dejo escrito y firmo este reconocimiento a hombres de quienes nada quiero ni espero, salvo que sigan honrando el respeto que hoy expreso y reclamo.

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